Fue la primera reportera peruana que utilizó bases de datos para aproximarse a la mejor versión de la verdad en una investigación periodística. Ganó un premio internacional por este trabajo y hoy dirige Convoca, un medio digital enfocado en temas de interés público. Docente universitaria, freelance, consultora en temas de comunicación, emprendedora y artista, la mujer retratada en estas páginas es una fuente inagotable de tenacidad y optimismo.

Cuando Milagros empieza a hablar de su trabajo como reportera de investigación, lo primero que trasmite es seguridad, pero cuando la entrevista avanza el ritmo de su voz se acelera y la invade una ráfaga incontenible de entusiasmo. Entonces mueve las manos, balancea los hombros, levanta la mirada y no hay quien la pare porque esta mujer está hablando de su pasión. Escucharla en esas circunstancias puede ser una experiencia motivadora para quienes han elegido estudiar periodismo y están a punto de caer en el pozo del arrepentimiento.

Hace siete años Milagros dejó su puesto como reportera política en el diario La República para iniciar una solitaria pero fructífera carrera como freelance. No fue una decisión fácil. Confiesa que le debe mucho de su formación al diario del jirón Camaná. Allí se fogueó al lado de experimentados reporteros como Edmundo Cruz y Ángel Páez, allí conoció también a Gustavo Gorriti. Se fue, sin embargo, porque debía cerrar un ciclo marcado por la información coyuntural y empezar una nueva etapa de investigaciones prolongadas. Tras su partida, colaboró con medios alternativos, como la agencia de noticias Inter Press Service. También hizo consultorías sobre temas ambientales y más tarde, se unió al equipo de IDL-Reporteros, dirigido por Gorriti, a quien con gratitud llama “maestro”.

La docencia aparecería en su camino como un espacio para sistematizar su vasta experiencia profesional y compartirla con estudiantes de periodismo. Hoy dicta cursos sobre métodos de investigación en dos universidades y dirige talleres sobre minería de datos en alianza con oenegés e instituciones estatales.

Si se tuviera que poner un título a su vida, este sería: historia de una freelancer que se convirtió en emprendedora. Prueba de este tránsito es Convoca, la agencia de periodismo de datos que acaba de fundar y con la cual espera renovar los métodos de investigación que se practican en el medio. Milagros tiene muy claro que la sostenibilidad de emprendimientos como el suyo demandan una sobredosis de tenacidad; se conoce bien y quizás por eso ninguna incertidumbre la desvela.

 

«Convoca es una apuesta que responde a las necesidades del periodismo actual; siento que se mezclan el miedo, el coraje y también la alegría que implica atreverse».

 

Riesgo e incertidumbre es lo que hoy rodea los proyectos de emprendimiento periodístico. Creados por grupos de reporteros que se formaron en la industria de los medios, hoy los une más la convicción de hacer lo que les gusta que un futuro promisorio en el plano económico. Han emprendido un camino en el cual nada está asegurado. A muchos periodistas, este escenario incierto los atemoriza. A Milagros Salazar, en cambio, la entusiasma. “La apuesta por la independencia y la verdad siempre encontrarán su camino”, asegura. Para ella es un reto. Donde otros ven crisis, ella ve oportunidad.

“Estamos ante una gran ola de experimentación y el desafío ahora es buscar, enseñar y aprender. Todo suma”, resume, “uno va encontrando su camino y todo lo que surge es consecuencia de cómo has ido llevando las cosas”. Y es cierto, Convoca no hubiera sido posible sin su experiencia anterior. Hoy le toca emprender, dar la cara junto a su equipo, experimentar. Milagros considera que esta es una apuesta que responde a las necesidades del periodismo actual. “Siento que se mezclan el miedo, el coraje y también la alegría que implica atreverse”, afirma. Convoca busca ser sostenible y a la vez independiente, y va a combinar la investigación con la enseñanza por medio de talleres y seminarios.

Es un lugar común decir que el periodismo peruano vive tiempos aciagos. La mayoría de los grandes medios de la capital ha cerrado sus unidades de investigación. Mucho de lo que hoy se publica como indagación rigurosa es fruto de filtraciones de fuentes vinculadas a los poderes económicos y políticos. Solo la persistencia de un grupo de veteranos reporteros está marcando la diferencia. Es cierto, dice Milagros, pero ese diagnóstico es incompleto: no hay esfuerzos para seguir haciendo periodismo de calidad.

Como buena emprendedora, Milagros cree que el descubrimiento consiste en mirar lo que otros han mirado, pero pensar distinto. En otras palabras, ir contra la corriente. Convoca es una muestra de esa experimentación incesante. Busca unir los métodos clásicos de la mejor reportería con las herramientas que la tecnología ofrece ahora para escarbar en aquello que el poder oculta. Lo integra un grupo diverso: reporteros, analistas de datos, desarrolladores web y diseñadores. Cuenta, además, con la asesoría de Giannina Segnini, periodista costarricense, pionera en el uso de bases de datos para acceder a información de relevancia pública. “Somos un grupo diverso y especializado, dando todo de nosotros para hacer bien el mejor oficio del mundo: el periodismo”, afirma.

Milagros Salazar

En sus años como reportera política. Foto: La República.

Milagros Salazar

Sus credenciales de prensa de una carrera que empezó hace 17 años.

 

Una mujer multifacética

Más allá de la fascinación que trasmite por el periodismo, Milagros es una mujer inquieta que busca volcar en otras actividades ese deseo de aprender y experimentar que es el motor de su vida. Ha estudiado teatro, danza y ahora estudia para ser coach; es una motivadora innata. Hay, sin embargo, una faceta artística que quizás pocos conocen: su afición por el cajón peruano. Milagros ha integrado Manomadera, el grupo de percusionistas formado por María del Carmen Dongo. Ha tocado a su lado en muchos eventos artísticos tanto aquí como en el exterior.

Una mirada introspectiva sobre su adolescencia puede encender algunas luces para entender porqué se dedica al periodismo. Lo primero que hizo cuando acabó el colegio fue prepararse para estudiar industrias alimentarias en La Molina. Un viaje en bus cambió la ruta de su vida. Milagros recuerda que se iba de compras y en el camino vio una larga fila de jóvenes alrededor de un colegio nacional. Bajó repentinamente del bus y les preguntó qué hacían allí. Era la cola para postular a San Marcos. Fue suficiente. Con el dinero que le habían dado para comprarse ropa decidió inscribirse allí mismo, escogió periodismo. Y por supuesto, ingresó.

Hasta entonces no había pensado en el periodismo como opción profesional. Quería descubrir en qué era realmente buena. Quería salir de la indecisión propia de una adolescente que acaba de terminar el colegio. Quería retar sus capacidades. “Yo decidí comprobar si podía tener un futuro como periodista, averigüé con los alumnos de otros ciclos sobre quién era el mejor periodista que enseñaba en San Marcos y me dijeron Manuel Jesús Orbegoso”. Poco después lo buscó y le pidió permiso para asistir a sus clases como alumna libre.

 

“Hay algunos que le tienen fobia a las arañas, a viajar en avión, a los lugares cerrados, a los espacios abiertos; yo le tenía fobia al Excel”.

 

Orbegoso era un veterano reportero que había recorrido el mundo retratando a dignatarios y celebridades de la talla de Ernest Hemingway, Yuri Gagarin, Pelé, Pol-Pot, Gabriel García Márquez, Oswaldo Guayasamín, Peter O’Toole, Pablo Neruda, Gari Kasparov y Mao Tse Tung. Durante más de treinta años sus crónicas se publicaron en El Dominical de El Comercio. Esas lecciones, de un hombre que solía repetir: “sin pasión el periodismo es una labor de medio pelo”, fueron sin duda inspiradoras para aquella muchacha que andaba por las calles de Lima buscando personajes e historias que contar.

Esa ansiedad la llevó a practicar y trabajar en medios desde los primeros ciclos de su carrera. A mediados de los noventa, ingresó a La República. Ella soñaba con trabajar en la unidad de investigación, pero lo que le ofrecieron fue un puesto como reportera en la sección Espectáculos. Allí, con tan solo 17 años, hizo sus pinitos entrevistando a actrices, músicos, directores de teatro y cine. Más tarde llegaría a Expreso para escribir y finalmente editar el suplemento dominical. “Sin embargo, he sido más reportera que editora”, afirma Milagros, dejando en claro que lo suyo es el trabajo de calle, que le gusta reportear, llegar hasta el lugar donde ocurren los hechos.

 

La pesca negra

“En 2004 regresé a La República a raíz de su relanzamiento; pedí que me dejaran ser reportera y no editora. Al final terminé siendo editora y reportera a la vez”, recuerda Milagros, quien en esos años escribía sobre política, economía y conflictos sociales. “Tuve la suerte de recorrer el Perú haciendo reportería en profundidad sobre temas de coyuntura”. De esta manera, fue vinculándose al periodismo de investigación.

Lo que vino luego fue su incorporación a IDL-Reporteros como colaboradora. Fue allí, trabajando al lado de Gustavo Gorriti, donde Milagros desarrolló una de las investigaciones más importantes de su carrera: “La pesca negra”, un conjunto de reportajes en los que combinó la utilización masiva de bases de datos, la reportería de calle y la consulta de documentos. Este trabajo, que la hizo merecedora, en 2012, de uno de los tres premios que cada año otorga la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, reveló un sistema fallido de auditoría que beneficia a la poderosa industria pesquera, dado que esta no reporta al Estado millones de toneladas de recurso marino extraído del mar peruano.

 

“Hay algunos que le tienen fobia a las arañas, a viajar en avión, a los lugares cerrados, a los espacios abiertos; yo le tenía fobia al Excel”, así recuerda Milagros el inicio de su vínculo con el periodismo de datos. Con la serie de reportajes sobre la pesca demostró que las empresas pesqueras solo declaraban la mitad de su carga aprovechando la deficiente labor de fiscalización del Ministerio de la Producción. Su investigación logró que el tema genere impacto público y fuera finalmente abordado por otros medios que con frecuencia soslayan la cobertura de todo aquello que afecte intereses económicos privados.

Quien la orientó e invitó a descubrir este nuevo horizonte que la tecnología ha abierto al periodismo de investigación fue Gianina Segnini, la periodista costarricense cuyas indagaciones lograron procesar y llevar a la cárcel a dos ex presidentes de su país por casos de enriquecimiento ilícito.  Semanas atrás, en Nueva York, cuando recibió el premio María Moors Cabot a la trayectoria periodística, de Universidad de Columbia, Segnini mencionó a Milagros en su discurso de agradecimiento: “Vienen a mi mente todos los colegas con los que he trabajado en los últimos veinte años y que no temen desafiar al poder, aunque muchas veces carecen de apoyo o recursos necesarios. Valoro la pasión de Milagros Salazar, en Perú, al investigar sobre la corrupción en el negocio de la pesca”.

 

Luchar contra la corriente

Desde hace cinco años Milagros combina su labor de reportera con la enseñanza universitaria. Es profesora en las escuelas de periodismo de la Universidad de Lima y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. No asume la docencia como la mera trasmisión de conceptos y procedimientos, sino como un intercambio de experiencias. Es hincha de sus alumnos, algunos han trabajado con ella y ahora siguen sus pasos. Desde las aulas también lucha contra la prédica de quienes sostienen que las audiencias solo esperan entretenimiento y que el periodismo blando, pensado únicamente para agradar a los anunciantes, es la única vía para el sostenimiento de los medios de comunicación.

“Yo no me creo eso de que la gente ya no lee historias largas o que no les interesa la investigación. Eso es un cuento utilizado para sustentar la idea de quienes solo quieren hacer negocio con los medios de comunicación y no les importa el periodismo como tal”, afirma. Ella está segura que de la crisis actual de los medios emergerá una nueva forma de hacer periodismo. Se asumirá como un servicio público y estará respaldado por un modelo de negocio que lo haga rentable y sostenible en el tiempo. Hacia esa meta se dirigen ahora todos sus esfuerzos.