Tratamientos alternativos surgen para tratar enfermedades neurológicas y mentales cuando no existen otras opciones.

Por Alonso Balbuena, Anapaula Michilot y Nancy Vargas.

 

Apenas se sienta, Paola comienza a hablar de su hijo. Quiere terminar la entrevista lo antes posible porque alguien la espera en casa. Es una mujer de 26 años y prefiere no revelar su nombre completo. Cuando quedó embarazada se llenó de ilusión, cuenta que soñaba con tener a su hijo en brazos y verlo crecer. Cada vez que lo menciona sus ojos se humedecen, pero ella contiene el llanto.

Hasta que cumplió un año y ocho meses, Miguel Ángel era un niño “normal”, como dice Paola: “Caminaba, comía, empezaba a balbucear e incluso llegó a decirme ‘mamá”.

Pero luego las cosas dieron un giro completo, Paola notó que su hijo comenzaba a tener sobresaltos, ella pensaba que eran sustos hasta que lo vio convulsionar por primera vez, ese día su vida cambió.

“Verlo convulsionar todos los días es horrible. Pasaban los días y mi hijo empezaba a retroceder, tenía prácticamente cuatro meses otra vez”.

A Miguel Ángel le detectaron Síndrome de West, le recetaron medicamentos anticonvulsivos, lamentablemente ninguno funcionó. Pasaba el tiempo y las crisis epilépticas aumentaban. A medida que estas se hacían más fuertes, también lo hacía la angustia de Paola al ver sufrir a su hijo y no poder hacer nada para ayudarlo.

“Al inicio empezó con Valtrax, lo único que hacía era dormir, igual dormido, convulsionaba”, recuerda Paola.

Así como Miguel Ángel son muchos los peruanos, que presentan epilepsias farmacorresistentes, que sufren día a día debido a las convulsiones y cuya salud se deteriora con el tiempo. Buscando darles una mejor calidad de vida, sus familiares han llegado a encontrar métodos alternativos para tratar estas afecciones.

Aceite de cannabis. Foto: Nancy Vargas.

“Si mi hijo tuviera una epilepsia refractaria y no encuentra una solución acá, tengo el derecho de pedirle a mi seguro que lo lleven a un país donde le traten la enfermedad”, enfatiza Yuri Cutipé, director ejecutivo de Salud Mental del Ministerio de Salud. “La gente debe conocer sus derechos”, asegura el funcionario, pero no precisa la duración de un trámite como este pues es un hecho sin precedentes.

Un estudio realizado por la Sociedad Americana de Epilepsia reportó que el 100% de los casos mostraron una reducción de los ataques epilépticos después de usar extractos de alta concentración de CDB (cannabidiol), es decir marihuana. Incluso algunos pacientes redujeron en un 100% sus ataques epilépticos durante los 3 meses que duró la prueba. Así se llegó a la conclusión que era el tratamiento efectivo.

Los efectos secundarios

Distintos estudios han demostrado los negativos efectos secundarios que provocan los medicamentos utilizados para tratar la epilepsia.

Según un documento del National Institute of Neurogical Disorders and Stroke (NINDS), los efectos adversos causados por los medicamentos anticonvulsivos al inicio pueden ser cansancio, mareo o aumento de peso. También tienen efectos sobre el estado anímico del paciente. Es por eso que el mismo medicamento puede mejorar la condición  o empeorarla, dependiendo del paciente que lo consuma. Luego de años de consumo es habitual que los medicamentos para las convulsiones desencadenen mayores efectos secundarios. Pueden provocar, por ejemplo, que el hígado acelere el metabolismo y, en consecuencia, que otros medicamentos sean menos eficaces.

Otros especialistas del Comprehensive Pain Centers (Pennsylvania) han alertado sobre el aumento de peso, acidosis metabólica, glaucoma de cierre angular, erupción cutánea, hepatotoxicidad, colitis y trastornos del movimiento y del comportamiento.

Por otro lado, entre los efectos secundarios del uso de aceites cannábicos, advertidos por Paola, están la somnolencia y el aumento del apetito.

Catherine Jacobson y Brenda Porter del departamento de neurología de la Universidad de Stanford realizaron una encuesta a familias con hijos pequeños que sufren de epilepsias refractarias. Ellas encontraron que la mayoría de los efectos secundarios presentes en los antiepilépticos tradicionales no estuvieron presentes en los tratamientos con CDB.

En primer plano: Paola, de 26 años, madre de Miguel Ángel. Foto: Nancy Vargas.

El uso de aceites de cannabis ha crecido alrededor del mundo, debido a los efectos secundarios de los fármacos. Lamentablemente, en el Perú, las personas que utilizan los aceites de CDB solo pueden hacerlo como último recurso.

Cuando a Miguel Ángel se le diagnosticó el Síndrome de West y posteriormente el de Lennox, su cuerpo dejó de responder. Perdió habilidades psicomotrices, el apetito y el habla. Su madre lo notaba “ido” y a pesar de todas las medicinas que le daba él no mejoraba. Eso llevó a Paola a importar un producto que es ilegal en el país, el aceite de cannabis.

“Cuando yo le empecé a dar el cannabis mi hijo se empezó a sentar. Hace un tiempo me sorprendió bajando de la cama y ahora ya da pasos. Para  mí esa es la alegría más grande del mundo”.

Paola se asoció con otras madres con el fin de importar estos aceites, que prometían la mejoría de sus hijos pero que las hacen estar fuera de la ley por el delito de posesión marihuana. La angustia de ver a sus hijos convulsionar las llevó a recurrir a esta medicina.

La ilegalidad de la marihuana

Son muchos países, incluidos Estados Unidos, Argentina y Chile, los que han abierto sus puertas a la marihuana. Las leyes se han adecuado para  permitir que las personas tengan acceso al cannabis con fines medicinales. Sin embargo, el Código Penal peruano vigente establece la ilegalidad del cultivo, venta y posesión mayor a 8 gramos de cannabis o 2 gramos de derivados. Incluso establece penas para los médicos que receten su uso y para los que se la administran a otras personas.

Por otro lado, en la Convención de Ginebra de 1925, de la que Perú fue parte, se estableció lo siguiente: El uso de cannabis indio y la preparación de productos derivados de él, será autorizada únicamente con fines medicinales y científicos”.

Pero en nuestro país no se ha establecido ningún reglamento respecto a su uso medicinal ni científico. “Me uní, acá, en Lima, con muchas mamás y nos arriesgamos a darle este aceite a nuestros hijos y la verdad es que estoy conforme y satisfecha con eso”, dice Paola.

Pero, ¿qué es medicina alternativa?

Según el Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa Estadounidense, es el grupo de sistemas, prácticas  y productos médicos que no forman parte de la medicina convencional. Esta definición cambia dependiendo de la cultura y el contexto, ya que “lo que es natural o convencional en un lugar no lo es necesariamente en otro”.

Para el psicólogo y psiquiatra Eduardo Gastelumendi, la medicina alternativa sí es un camino posible para tratar ciertas enfermedades mentales, pero es consciente que las corrientes más tradicionales de la medicina rechazan totalmente esta opción. Para él los tratamientos alternativos, opuestos a la corriente central y a las ciencias tradicionales, ayudan, alivian y hasta curan a las personas.

Eduardo Gastelumendi, psiquiatra. Foto: Asociación Transpersonal Iberoamericana.

Martín Nizama, psiquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado – Hideyo Noguchi, considera que la efectividad del cannabis no ha sido probada científicamente, y que los testimonios se basan en la sugestión de las personas. “En los tratamientos alternativos no hay evidencia científica, ellos dicen que tiene poder terapéutico, las plantas, las pócimas o las intervenciones por [otras] personas que no tienen una formación profesional”, afirma Nizama.

“No solo hay evidencia científica, sino también histórica de las propiedades medicinales de la marihuana”, le responde David Chaupis-Meza, químico biomolecular, quien sostiene que de ninguna manera la marihuana es tóxica para el cerebro, ya que su función como endocannabinoide es, por ejemplo, la de regular la sinapsis, la comunicación neuronal.

El psicólogo Baldomero Cáceres, por su parte, advierte que ha ido cediendo la estigmatización sobre la marihuana como un peligro de adicción. “Ahora se están reconociendo sus virtudes, ya que esta planta es de gran ayuda para la humanidad”. Un proceso similar ocurre con otro tratamiento, veamos.

Ayahuasca: legal en Perú, ilegal afuera

Selene Silva asegura que ha superado la depresión y su problema de drogadicción gracias a la ayahuasca. Fueron tres las sesiones (similares a un retiro espiritual) que necesitó para curarse.

Su acercamiento a esta planta milenaria sucedió de manera accidental. Luego de una visita a la selva y de una conversación con un Tayta conibo (chamán, padre de la comunidad shipibo), Selene encontró algo que había buscado por mucho tiempo y que no había conseguido: sanar la relación con su mamá y dejar atrás una vida de depresión y adicción.

La oficina del psicoanalista y psiquiatra Eduardo Gastelumendi está ubicada en el cuarto piso de un edificio en el límite entre Barranco y Miraflores. Al centro de su oficina se encuentra un sofá largo donde los pacientes se pueden recostar, justo encima hay un cuadro que parece representar la complejidad de la mente humana.

Gastelumendi ha tratado a varios pacientes que sufren de trastornos de depresión y ansiedad, con sesiones de ayahuasca. La ayahuasca es una sustancia psicotrópica de origen milenario, está compuesta por dos plantas distintas: una liana, ayahuasca, y unas hojas, chakruna. Esta es la que tiene el poder visionario y cuando es mezclada con la ayahuasca permite que la chakruna ingrese a la sangre y se altere el estado de conciencia. El psiquiatra advierte que existen ciertos trastornos mentales que pueden empeorar con tratamientos de ayahuasca, tales como la esquizofrenia, la psicosis y el trastorno de bipolaridad.

A pesar de ser considerada una sustancia psicotrópica, la ayahuasca es legal en el Perú y el resto de países que se rigen por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). En 2011 el Perú declaró como Patrimonio Cultural de la Nación a este ritual y destacó sus propiedades medicinales.

Visiones que curan

Rita y Máximo Fernández son una pareja de curanderos o chamanes que han viajado alrededor del mundo para promover decenas de sesiones de ayahuasca. Ellos aclaran que la ayahuasca proporciona una visión real, y que “no es que estés alucinando, sino que va a tu inconsciente y revela un patrón que te está haciendo daño, pero que has olvidado para protegerte”. Para ellos el tratamiento con cada persona es diferente, no hay una única fórmula para curar a través de la ayahuasca.

Ceremonia de Ayahuasca. Foto: Iletours Perú.

Algo esencial antes de cualquier sesión es la limpieza total del cuerpo. No solo es importante haber realizado una dieta previa, sino que si la persona se encuentra tomando pastillas antidepresivas debe dejarlas dos semanas antes, debido a que estas pueden chocar con algunos de los químicos presentes en la ayahuasca y la chakruna.

De acuerdo con Gastelumendi, durante una sesión de ayahuasca uno puede ver dentro de sí mismo de una manera diferente. La persona bajo la influencia de esta bebida, se encuentra más sensible a diferentes sustancias del cuerpo y vivencias personales; más vulnerable a su propia historia, recuerdos infantiles y episodios olvidados. La ayahuasca causa un estado similar al de la ebriedad, pero le brinda a la persona, durante la sesión, una lucidez única que le permite resolver ciertas aflicciones consigo mismo a largo plazo. Él considera que siempre es beneficioso acompañar las sesiones de ayahuasca con la supervisión de un psicólogo, de esa manera los pacientes tienen cómo prepararse para la sesión y discutir luego lo que han vivido en la ceremonia.

Gastelumendi considera que al igual que las medicinas tradicionales, la ayahuasca no cura totalmente una depresión o un trastorno de ansiedad, sino que te saca de ese momento específico de crisis. Esto se debe a que las enfermedades mentales son difícilmente curadas de forma permanente.

La diferencia entre las alucinaciones y las visiones que te da la ayahuasca es que las primeras son muy desordenadas y no tienen lógica, en cambio la ayahuasca te da una visión que se relaciona con la realidad. Esto se conecta con el inconsciente y revela un patrón sobre la situación que está causando daño en la mente, y que puede haber sido olvidada por ser muy traumática. Rita y Máximo Fernández consideran que es mejor conocer a las personas antes del ritual y prepararlos para que este sea lo más efectivo y ameno posible.

El último recurso

La pareja de chamanes considera que sí se puede sanar a una persona con una sola sesión, pero no es lo común debido a que las enfermedades mentales son muy complejas y requieren tiempo para que las personas puedan llegar al núcleo central de estos males.

Para ellos el trabajo de la sesión de ayahuasca no consiste en entregar medicamentos, como se hace en las farmacias. Explican que el curador toma parte en el ritual y bebe como lo hacen los pacientes. “Así yo puedo ver su enfermedad y nos curamos todos juntos”. Los Fernández lamentan que la mayoría de personas que han recurrido a ellos para tratarse con esta planta milenaria, lo han hecho como último recurso, cuando todas las otras opciones les han fallado. Ellos creen que si lo hicieran con mayor anticipación, su proceso de sanación podría ser más rápido y efectivo. Eduardo Gastelumendi concuerda con Rita y Máximo Fernández. El psicoanalista precisa que la mayoría de información que existe sobre los efectos de la ayahuasca es testimonial, pero poco a poco se está empezando a estudiar más sobre el tema.

Martín Nizama, psiquiatra del Noguchi, subraya que no hay pruebas científicas de su efectividad. En su opinión, para que esta medicina tenga validez los estudios deben estar debidamente documentados y más aun cuando se trata de productos que son alucinógenos. Sostiene que creer en los poderes curativos de esta planta sería caer en el empirismo e ignorar el rigor científico de la medicina.

Desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo se está intentando resarcir la ausencia de respaldo académico-científico. En uno de sus estudios se llegó a conocer el potencial antidepresivo que posee la harmina, un alcaloide perteneciente al grupo de β-carbolinas y presente en la ayahuasca. En esta investigación participaron tres mujeres con diagnóstico clínico de trastorno depresivo recurrente y cuyos síntomas disminuyeron luego de tomar ayahuasca. Eso sí, los autores indican que los resultados deben ser tomados con cautela pues involucran una muestra pequeña.

Hojas de ayahuasca y chakruna. Foto: Pawel Bienkowski / Alamy Archive.

En su primera sesión de ayahuasca, Selene Silva se pudo ver a sí misma de pequeña y a través de estas visiones pudo visualizar la raíz de su depresión, los problemas que tenía con su madre.

Para ella una parte crucial de los tratamientos con ayahuasca es la presencia de los chamanes adecuados; sostiene que sin ellos sería imposible llegar a la sanación. Cuenta que en las sesiones ha conocido personas que llegaron desesperadas, luego de haber pasado por decenas de tratamientos y que, con la ayahuasca, encontraron por fin lucidez y tranquilidad.

Las enfermedades mentales o neurológicas no siempre tienen solución. Para gran parte de los enfermos no existe cura definitiva y las recaídas son constantes. Su enfermedades son estados que pueden acompañarlos hasta la muerte. Muchos tratamientos solo intentan mejorar la calidad de vida de los pacientes. Los medicamentos convencionales no siempre logran este cometido y muchas personas se quedan sin tratamiento.

En Brasil ya comenzó a investigarse las propiedades que posee la ayahuasca para tratar afecciones mentales. En el Perú mientras no suceda esto, la medicina alternativa, siempre será eso, alternativa solamente.

Sobre El Autor

Somos Periodismo

Artículos Relacionados