Autor de Día de visita, un conjunto de historias que retratan la vida de un puñado de mujeres recluidas en una cárcel de Lima, Marco Avilés es uno de los principales exponentes del periodismo narrativo hecho en el Perú. Sus perfiles y columnas han aparecido publicadas en los últimos quince años en El Comercio, Caretas, Etiqueta Negra y La República. Pero no solo aquí, también figura en antologías de crónica latinoamericana editadas en España y Argentina.

Leer a Marco Avilés es conocerlo de a pocos. Sus columnas dominicales en La República eran infidencias sobre temas que solo una mirada despistada puede tomar por comunes, mundanos o rutinarios, pero que él rescata desde una perspectiva distinta, la de aquel que transita constantemente entre realidades diversas y pero que también busca un lugar en donde asentarse. “Creo que de eso se trata escribir, inclusive el ser periodista: hay que dejar la zona de confort, viajar constantemente. Con mi esposa hemos estado yendo y viniendo entre el Perú y Estados Unidos, pero ya buscamos un lugar estable solo en vista a formar una familia”.

-¿Cómo cambia tu mirada del Perú el hecho de vivir fuera?

-Estoy conociendo Estados Unidos, este país alucinante e inmenso. Vivimos en una zona rural, de gente sencilla; aquí ves que la gente sí cumple las normas. Los carros te dejan pasar, nadie te toca el claxon. Vivimos cerca de un pueblo pequeño, de dos mil personas, que tiene una biblioteca pública increíble. Tú ves a niños y ancianos sacando libros como si fueran películas. Para mí esa transición es alucinante porque puedo juzgar a mi país a partir de otras realidades. Por ejemplo, me pregunto por qué la tercera parte del Perú está en Lima y el daño que eso le hace al país. Cuando Mariátegui decía hay que gobernar y poblar se refería a hacer que la población se esparza por todo el país, pero hoy todos quieren vivir en Lima. Otro asunto es que en el Perú te matas porque no hay carreteras, y acá puedes llegar a cualquier lugar sin morirte: eso es algo que me tiene maravillado. Maine es uno de los estados más rurales, amables y tranquilos, mezcla de pueblo y primer mundo. Estando acá te das cuenta de cuán salvaje es nuestro país. En el Perú ves la violencia y no sabes cuál es el sentido. Ves a Castañeda ejerciendo la violencia y no sabes bien por qué o para qué otro propósito, además de robar.

-¿Piensas radicar en el Perú?

-Es lo que mi esposa y yo queremos, pero no pienso en Lima. Mi idea de Perú es mucho más grande, tengo un terreno en Chachapoyas, me gustaría una cabaña. Me agrada la Amazonía, Pucallpa y alrededores. Tal vez mi esposa pueda tener problemas si nos vamos a la selva, pero la sierra nos encanta. Cuando digo que somos un país ahuevado me refiero a Lima: si un país que tiene a la tercera parte de la gente viviendo en un solo lugar algo no está bien; el nuestro es un país raro, donde la gente se muere por nada. Pero, ¿cómo darnos cuenta de eso? Es difícil convencer a la gente de que algo anda mal, para eso hay que hacer más autocrítica, revisar la historia.

-¿Qué es lo que más te sorprende cuando observas el lugar en que te encuentras ahora y reflexionas sobre el lugar del que provienes?

-Aquí el clima es extremo, las estaciones son muy marcadas, y eso es bueno. Me encanta Lima, sus paisajes desiertos, pero no su sociedad, la manera como nos relacionamos, nos matamos unos a otros y nadie sanciona. No tienes que salir del Perú: vas a provincias, regresas a Lima y te das cuenta de ello. La gente habla de que podemos ser un país de primer mundo con dinero de minería o gas, pero no tienen idea de qué es primer mundo; no tiene que ver tanto con el dinero, sino con tener normas, educación. En el Perú las universidades buenas son pocas, la mayoría son negocios turbios. Por eso creo que algo importante para ser un buen periodista, además de leer y escribir todo el tiempo, es viajar, porque cuando te mueves y abandonas tu zona de confort puedes regresar a ella y cuestionarla.

Marco retorna al Perú cada cierto tiempo. Entre talleres, charlas y entrevistas, se da espacio para comentar sobre lo que encuentra en su país y lo entusiasma o decepciona. Unos de los medios más frecuentes por el que se expresa son las redes sociales, acaso una forma de ampliar el espectro de temas sobre los que escribe usualmente.

-En tus comentarios sobre la realidad peruana se desliza una crítica mordaz al desempeño de los políticos. ¿De qué manera está presente la política en tu obra?

-Yo toco política de una manera no convencional, porque siento que lo político es algo más amplio. Mi manera de aproximarme a ella es a través de temas como el medio ambiente, la salud pública o, por ejemplo, la campaña de ligadura de trompas que ordenó Fujimori en su gobierno. La crónica te permite entrar a estos temas densos de la política desde otros ámbitos, desde el punto de vista de personas comunes y corrientes.

 

“Hay que borrar la idea de que la crisis de los grandes medios es la crisis del periodismo en general”.

 

-¿Por eso elegiste la crónica?

-Y por una cuestión de hábitos de lectura, a mí desde pequeño me ha gustado leer a gente como Toño Angulo Daneri y Jaime Bedoya. La crónica es esa parte del periodismo que puede brillar tanto como el cuento o la novela. Cuando empecé a trabajar escribiendo quise ser un escritor de ficción, pero ya en el periódico, cuando comencé a hacer crónicas, sentí que de esta manera también podía llegar a hacer textos memorables, utilizar metáforas, usar diálogos, dar rienda suelta a esta voluntad que tienes cuando eres más chibolo y quieres contar todo el mundo casi desde cero, a diferencia de lo que te permiten otros géneros literarios.

-El próximo año son las elecciones y en el horizonte político muchos ven solo a Alan García y Keiko Fujimori.

-El Perú en general es una fuente inagotable de pesimismo. Una de las cosas que más me sorprende es que el periodista se plantea las cosas en términos dicotómicos, por ejemplo: Alan versus Keiko, cuando aún falta un año para las elecciones. Es triste que la política se plantee de esa manera. Decidir entre dos personajes nefastos, renunciar a la capacidad que tenemos de soñar con algo mejor. Me da vergüenza que entrevisten a Alan García y lo presenten como un político importante, soslayando que sea un ladrón.

-¿Algún político en el que creas actualmente?

-No conozco a ninguno personalmente, pero uno se entusiasma al oír hablar a gente como Marisa Glave o Verónika Mendoza. En realidad, el Perú se debe una gran revolución, somos un país ahuevado. Todos somos ignorantes, la ignorancia atraviesa al Perú de arriba abajo, desde el Presidente hasta la gente más pobre, que es víctima de una educación muy mala. Las personas no conocen la historia del país, tengan dinero o no. Y muchas veces los políticos saben cultivar esta ignorancia, como Alan García o Pedro Pablo Kuczynski, dos personajes nefastos. El Perú es un país muy complejo, como todos los países antiguos.

-¿Por dónde podría llegar esa revolución que nos debemos? ¿De algún grupo político nuevo, de una clase intelectual si aún existiese alguna?

-Lo que falta es una revolución ética, hay que fumigar, sacar gente de la política y llegar con gente nueva, preparada y sin prontuarios policiales.

-¿Crees en derechas o izquierdas?

-Creo que es una forma de ver las cosas propias del siglo pasado. Decir que eres izquierda o derecha hoy en día no significa nada. Trato de mantener una posición más independiente y personal que la común. González Prada decía hace más de un siglo que en el Perú no había liberales ni conservadores, había gobiernistas y conspiradores. Hoy seguimos así, es clarísimo.

-Eres activo en las redes. ¿Qué te parece este “boom” de opinión que se da a través de ellas?

-Las redes son un lugar libre en extremo, democrático, donde tu opinión pesa igual que la de cualquier otra persona. Sin embargo, uno debe crearse una rutina de consumo, no puedes leerlo todo. Siempre la información de mayor calidad es más difícil de encontrar. Por ejemplo, en Twitter abundan opiniones de falsos especialistas, como Miguel Santillana, una persona pagada por las mineras, cuyo trabajo precisamente consiste en opinar a favor de estas. Estas “voces autorizadas” tienen una gran vitrina en las redes sociales, y por eso hay que tener mucho cuidado con lo que estas te ofrecen.

 

“Si yo tuviera 21 años, la edad a la que egresé de la universidad, no soñaría con trabajar en El Comercio o La República, me gustaría experimentar, crear mi propio medio”.

 

-¿Sigues las discusiones entre escritores y periodistas?

-Sí, y debo decir que yo mismo he tenido controversias con otra gente en redes, pero trato de no pelearme verdaderamente con nadie. Cuando dos personas se insultan en la red normalmente ninguna tiene razón; las redes son lugares propicios para ese tipo de polémicas que muchas veces llegan a insultos.

Regresamos a los temas más comunes en su escritura. Cuenta que aprendió a escribir a partir del ensayo y error, con referencia constante en el trabajo de cronistas como Julio Villanueva o Jimena Pinilla. Hacia el 2000, cuando ingresó a trabajar a El Comercio, aún se estudiaba el Nuevo Periodismo de Truman Capote y Norman Mailer, la crónica no era un género en auge. Recuerda con satisfacción verse rodeado de personas mayores que lo leían, corregían y editaban. Fue terminando la universidad, y no antes, que se fortificó su relación con el oficio de escribir. “El Comercio fue una buena escuela en ese momento”.

-¿Sigues arrepentido de haber estudiado periodismo?

-Al menos cuando yo estudié, la carrera era bastante dispersa, no te permitía enfocarte en cosas más útiles, como para mí hubiera sido la escritura. Sentí que gran parte del tiempo en la universidad fue un desperdicio, el primer año me la pasé fumando hierba, todo me parecía aburrido. Me hubiera gustado estudiar antropología y luego hacer una maestría en escritura, algo así.

-Hay la idea de que estudiar periodismo te puede facilitar el acceso a los medios.

Cuando comencé a trabajar en El Comercio no conocía a nadie, postulé y entré como cualquiera; ya adentro me saqué la mugre para quedarme y empezar mi carrera, así que aquella creencia es más un mito. Puedes tener contactos dentro de un medio, pero si eres malo, te van a botar. Yo he trabajado con editores que decían: si vuelves a cometer una falta ortográfica te voy a botar. Y lo hacían. Debes imaginarte que una sala de redacción es como la cocina de un restaurante, el ritmo es vertiginoso, y si alguien falla, malogra el trabajo de todo el equipo. Si yo tuviera 21 años, la edad en que egresé, no soñaría con trabajar en El Comercio o La República, me gustaría experimentar, crear mi propio medio. El Útero de Marita es un ejemplo rescatable, es un periodismo que confronta, divertido, que ha sabido explotar las redes sociales; no sé cuál será actualmente su modelo de negocio, pero tiene muchos seguidores.

 

“Mientras los periódicos parecen irse al desagüe, se han creado medios como Ojo Público, Clases de Periodismo, Buensalvaje y Sin etiquetas, medios independientes que me llenan de optimismo”

 

 

-¿Estás pendiente del tipo de periodismo que se está haciendo en el Perú?

-Ahora leo todo por internet, casi no compro periódicos. Para mí leer periódicos es como comprar en el supermercado; sabes que casi todo lo empaquetado es de mala calidad, aunque de vez en cuando encuentras cosas interesantes por ahí. Antes me daba pena porque pensaba que la crisis de los grandes medios era la crisis del periodismo en sí, pero en verdad ahora creo que hay mucho por leer, que el periodismo escrito está en muchos más lugares, en revistas o libros que tratan temas de actualidad que ignoran los periódicos. Puedes leer con normalidad textos sobre salud y alimentación en la prensa norteamericana, pero casi que no encuentras nada en los medios peruanos. Estos se concentran más en gastronomía, restaurantes, y dejan de lado asuntos esenciales, como la calidad del agua, de la carne, o la agricultura. Le falta visión a los editores.

-¿Se puede remediar este vacío informativo?

-El dinero es la respuesta a todo. Muchos de los medios tradicionales están hechos con muy poco dinero. Y por eso no pagan bien a los colaboradores y mendigan los temas, piden que uno colabore pero advierten que te no podrán pagar. Por otro lado, abusan de los practicantes, que a veces no cobran o cobran muy poco. Al final de todo, los medios de comunicación terminan haciéndose con insumos de muy mala calidad. Es una crisis de dinero, lo que es contradictorio cuando aparentemente hay más dinero que antes. Pero repito: hay que borrar la idea de que la crisis de los grandes medios es la crisis del periodismo en general. Paralelamente, mientras los periódicos parecen irse al desagüe, se han creado medios como Ojo Público, Clases de Periodismo, Buensalvaje, Sin etiquetas, medios independientes en general, que me llenan de optimismo. Eso es muy importante: el periódico de papel es un artefacto que está en extinción, lo pujante son los proyectos nuevos que utilizan internet, nuevas tecnologías, para contar historias.

-¿Qué es lo primero que debe tener en cuenta un freelance del periodismo?

-Que se va a morir de hambre (risas). Los medios de comunicación pagan muy poco. Se ha vuelto parte de la tradición laboral que te pidan colaboraciones y no te paguen. Hay una tarea pendiente de parte de editores y empresarios: construir medios saludables para el freelance. En estos tiempos dedicarte al freelance es a veces dañino y arriesgado.

-Más que un freelance tú eres un emprendedor.

-En un momento me di cuenta de que los grandes medios de alguna manera ninguneaban nuestro trabajo ofreciéndonos muy poco dinero, y en Cometa una de las premisas que tuvimos Daniel Silva y yo fue que siempre íbamos a pagar a la gente sueldos justos, y en todos los proyectos que hicimos tratamos de cumplir esa premisa. Algo que siempre quisimos hacer y finalmente no hicimos fue llamar autores y pedirle ayuda sin paga. Y no lo hicimos porque, repito, es algo que a mí me parece dañino. Siempre me escriben personas pidiendo colaboraciones gratis para proyectos culturales, y por lo general, no me interesa mucho comprometerme en estos. Con Cometa le pusimos énfasis tanto a la parte empresarial como a la artística, y fue difícil. Yo soy editor, me encanta editar y hacer historias, pero también me preocupo de ver números, de la parte empresarial, la cual es toda una chamba. Por eso cuando la gente me pide colaboraciones gratis siento que no están haciendo el trabajo completo, que es tener un modelo de negocio que permita pagarle bien a la gente.

 

“Para mí leer periódicos es como comprar en el supermercado; sabes que casi todo lo empaquetado es de mala calidad, aunque de vez en cuando encuentras cosas interesantes por ahí”.

 

-Una vez mencionaste que es escritor quien escribe constantemente, no quien solo lo hace en momentos de inspiración. ¿Fue difícil forjarte una disciplina para trabajar?

-Recuerdo cuando trabajaba en Lima, en una oficina, y la disciplina fue siempre un problema, algo que uno debía construir. Es una de las cosas más importantes, pero paradójicamente es lo menos importante para mucha gente. Recuerdo que tenía amigos que pensaban que escribir era tener una libreta a mano y escribir cuando les llegara la inspiración, pero no es así, uno debe leer y escribir en todo momento.

En un intervalo, Marco cuenta sus proyectos futuros. Se encuentra a punto de terminar un libro sobre crónicas del Perú -que será publicado el próximo año- y otro sobre sus columnas en La República. Le es inevitable pensar en las cosas que tiene pendientes: “Pronto voy a comenzar a escribir más sobre temas familiares… Sí, voy a escribir una memoria sobre mi familia”.

-¿Qué deben tener en cuenta los futuros periodistas?

-Que tienen que leer mucho y escribir todo el tiempo; leer historia del Perú, que es imprescindible para poder entender el país. Que no piensen que la crisis de los grandes medios es la crisis del periodismo: este oficio es algo más grande e interesante que lo que ocurre en un canal de televisión, hay grandes cosas que se hacen en internet u otros medios, como Radio Ambulante o revista Anfibia. Muchas oportunidades se abren cuando se lleva el periodismo a otros formatos: a la calle, la radio, el teatro. Si los jóvenes pueden irse de Lima, que se vayan en estos momentos, que vayan a poblar el Perú, que se instalen en otros lugares. El miedo se justifica cuando te vas a morir, cuando eres joven no debes tener miedo. Cusco, Huancayo, Trujillo, Tarapoto, Puno, ahí está el futuro, ya no en Lima.

Sobre El Autor

Miguel Loayza
Colaborador

Estudiante de octavo ciclo. Le interesan el periodismo narrativo y el de investigación. Lleva al extremo la manía de escribir a contrarreloj y sus editores lo sufren. No menos de un par de veces intentó escapar del periodismo y fracasó miserablemente.

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