El 25 de septiembre de 1982, Perú disputó una infartante final contra China en el primer mundial de vóley realizado en nuestro país. En medio de un contexto político y social violento, la obtención de la medalla de plata trajo alegría y consuelo a todo el país. Además, adiestró a las matadoras que seis años después volverían a conseguir el subcampeonato en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 y formaron parte de la época dorada de este deporte..

Por Jessie Alvarado

 

El entrenamiento había sido agotador en el Coliseo Amauta. El seleccionado de vóley se dirigió al cuarto para descansar. Era de tarde y no había nada más por hacer. Sacaron una baraja de cartas de una de las mochilas y se dispusieron a jugar. La capitana Ana Cecilia Carrillo dirigió la mirada a un rincón de la habitación y observó que un grupo de sus compañeras tramaba algo.

– Ven, Anacé. Vamos a jugar – dijo una de ellas.

– ¿Qué es esa cochinada que tienen ahí?- respondió Anacé.

– Ven. Es algo bonito – insistieron.

De manera cautelosa y sin saber lo que ocurría, Ana Cecilia se acercó y acto seguido se sentó. Denisse Fajardo, Natalia Málaga, Gina Torrealva y Patricia De Las Casas soltaron risas de niñas traviesas. Un tablero de ouija y un puntero de forma triangular yacía sobre el piso. El entrenador japonés Akira Kato había estado al mando de la selección de vóley hasta hacía un año y logró campeonar hasta cuatro veces en un Sudamericano. Su reciente muerte en marzo de 1982 aún consternaba al cuadro nacional. El Campeonato Mundial de Vóley estaba cerca y no tuvieron mejor idea que invocarlo para saber qué lugar ocuparían. El puntero se comenzó a mover y la capitana, siempre de actitud desafiante y recta, se contuvo para no gritar.

– Akira, ¿en qué puesto vamos a quedar en el Mundial?, preguntaron.

El puntero se siguió moviendo y conducido por las manos de las jugadoras, aterrizó en la parte inferior, donde se encontraban los números, recuerda Anacé. “Se iba al primero, al último, regresaba al primero, al segundo y luego al tercero”. Incrédula, pidió que saquen las manos. Pensó que sus compañeras le estaban jugando una broma pesada. Ellas accedieron.

– Ya pues, Akira. ¿En qué puesto vamos a quedar?, repreguntaron.

El puntero, ahora solo encima del tablero, volvió a moverse. Primero al número dos, luego al tres y regresaba al dos. Fiel a su forma particular de hablar, el puntero se posó sobre las letras del tablero. Se formó una oración que decía: “Chicas, yo muy cansado”. Las curiosas voleibolistas entendieron que era momento de parar. Pero Akira estaba en lo cierto y se demostró semanas después, cuando Perú clasificó a la infartante final con el cuadro chino.

De izquierda a derecha: Anacé Carrillo, Cecilia Tait, Gina Torrealva, Raquel Chumpitaz, Cecilia del Risco y Denisse Fajardo. Foto: El Comercio

En 1982, Perú se encargó de la organización del IX Campeonato Mundial de Voleibol, llevado a cabo entre el 12 y 26 de septiembre. Era el segundo evento de este tipo realizado en todo Sudamérica y el primero en desarrollarse en territorio peruano. Esto no solo marcaría el inicio de nuestra época de oro, debido a la destacada participación de la selección que nos llevó a luchar por la medalla de oro frente a la potencia china, sino que traería consigo momentos de regocijo a una población inmersa en un duro contexto político y social marcado por la violencia, el miedo y los virus mortales.

Sucesos importantes como el fin de la dictadura militar después de doce años y también aterradores como explosiones de torres de alta tensión en medio de la noche que causaban apagones, incendios a locales comerciales, policías heridos y asesinados por emboscadas terroristas, senderistas planificando una nueva fuga de los penales o más ataques con petardos de dinamita, sumados a la proliferación de casos de rabia por mordeduras de animales que abarrotaban los centros antirrábicos, eran olvidados cada vez que las matadoras jugaban un nuevo encuentro.

Las dos finales anticipadas

El Comité Organizador, dirigido por la Federación Internacional de Vóley, buscó los seis coliseos más grandes del Perú para que se conviertan en las sedes del Mundial. El Gran Chimú de Trujillo, los Coliseos Cerrados de Chiclayo, Ica, Tacna y Arequipa, y el Coliseo Amauta de Lima fueron los escogidos. Los dos primeros con capacidad para 8 mil personas, las sedes del sur con espacio para 10 mil almas y el más grande: el Amauta, con sitio para hasta 20 mil espectadores. Todos fueron implementados con canchas de calentamiento, teléfonos públicos para el uso de los asistentes y teletipos para los periodistas, así como tribunas remodeladas y pintadas con colores alegres y llamativos.

El Perú albergaría por más de dos semanas a 22 delegaciones de países extranjeros que serían resguardados por 20 mil efectivos, entre policías y agentes de Seguridad del Estado, quienes fueron desplegados para garantizar el orden durante todo el evento en las seis ciudades peruanas. De cada una de ellas, clasificarían dos equipos que disputarían las semifinales: seis partidos en el Amauta y seis en el Gran Chimú; y la ronda final con cuatro equipos en Lima.

Haciendo gala a su corona recién obtenida en noviembre del año anterior, en el Mundial de Tokio, el primer plantel en llegar fue China. Arribó el sábado 4 de septiembre a las 10 de la noche en un vuelo de la aerolínea Avianca, ocho días antes de la inauguración.

Este equipo, con una altura promedio de 1.77 m y 23 años, era considerado uno de los favoritos para obtener la medalla de oro, incluso antes de pisar suelo peruano, debido a que había sido doble campeón mundial y continental y fue el único capaz de vencer a potencias mundiales como la Unión Soviética, Corea y Japón.

Primer partido amistoso. Chinas intentan bloquear un mate de la capitana Anacé Carrillo. Foto: El Comercio

Una vez en Lima, la selección china aceptó realizar dos confrontaciones en privado con el cuadro rojiblanco, como parte de la preparación de ambos equipos, sin saber que dos semanas después se volverían a enfrentar en la anhelada final.

El país asiático trajo consigo una nueva estrategia para este deporte: contar con dos entrenadores. Al mando de Yuan Weimin y Deng Ruozeng, venían jugando partidos amistosos desde inicios de septiembre, cuando viajaron hasta San Francisco, Estados Unidos, para realizar sus primeros entrenamientos y luego embarcarse con rumbo a la capital limeña. En cambio el equipo peruano, ahora era dirigido por el coreano Man Bok Park. Perú siempre buscó tener entrenadores provenientes del Oriente, pues estos no solo eran bien vistos por su disciplina y experiencia sino porque sus países eran potencias mundiales en vóley.

El primer encuentro con el cuadro peruano se concretó el lunes 6 en el coliseo Amauta. Se jugaron cuatro sets de 20 minutos cada uno. A punta de un juego habilidoso, con remates contundentes, verticales, cortitos y sorpresivos de la experimentada Ana Cecilia Carrillo y las jóvenes Denisse Fajardo (18 años), Cecilia Tait (20 años) y Gina Torrealva (21 años), el equipo peruano ganó el primer set 14 a 6.

La ventaja local hizo reaccionar a las chinas y en el segundo set pudieron mostrar las jugadas escondidas que tenían para Perú. Una de las curiosidades, que luego fueron reveladas por los periodistas, fue que las jugadoras vistieron con camisetas que no les correspondían. “La número 12 jugó con el 5; el número 2 con el 7”, informaban los diarios un día después. Aunque no ganaron por mucha diferencia, el marcador quedó 11 a 9 a favor de las orientales.

En el tercer set, los técnicos chinos hicieron tres cambios y probaron a otro sexteto. El juego se tornó ahora más veloz, contundente y sorpresivo para las morenas. Anacé Carrillo fue reemplazada por una joven Carmen Pimentel, quien cometió errores por los nervios. La paleta se levantó pidiendo un cambio y volvió a entrar la capitana, pero ya era tarde. China consiguió el control total del juego. 23 a 6, volvió a perder el equipo del coreano Man Bok Park.

Equipo completo de la selección de vóley en el Campeonato Mundial de 1982. Foto: Manos peruanas del vóley peruano

Para el último set, los resultados tampoco fueron esperanzadores para la escuadra nacional. Los remates cortos y avisados de Perú terminaron en bloqueos rivales que controlaban a la perfección y con un 16-8 en la pizarra del coliseo. El resultado final fue 3 a 1, en contra de Perú.

El segundo encuentro entre ambas selecciones se volvió a realizar a las 5:30 p.m del día siguiente, a puertas cerradas, en el Amauta. Con las mismas reglas del día anterior, se jugarían de nuevo cuatro sets de 20 minutos.

Este segundo partido no solo sirvió para ver el potencial de cada equipo en cuanto ataque, defensa, recepción, armado, bloqueo, saque y velocidad, sino para que el estratega nacional elija al sexteto titular que abriría la competencia mundial el día de la inauguración.

Esta vez, los dos juegos mejoraron. Encabezados por Cecilia Tait, Anacé Carrillo, Raquel Chumpitaz, Denisse Fajardo, Gina Torrealva y Aurora Heredia, Perú logró dominar el partido por momentos. Sin embargo, en cuestión de segundos, con velocidad y clavadas violentas, el equipo contrario desconcertó a nuestras voleibolistas.

A diferencia del día anterior, el encuentro se mantuvo parejo y terminó con dos sets para cada conjunto. El primero, 11 a 9 para China; el segundo, 11 a 10 a favor de Perú; el tercero 18 a 16 para China; y el cuarto, 15 a 13 a favor de Perú.

Al finalizar el enfrentamiento, ‘La ciudad de la amistad’ esperaba recibir al plantel chino, donde jugaría contra Estados Unidos, Italia y Puerto Rico por la serie “C”.

El único invicto de la serie “A”

El 12 de septiembre, las calles de las avenidas Venezuela y Arica se comenzaban a colmar después de las horas de almuerzo. El motivo: la inauguración del Campeonato Mundial. La población limeña se encontraba emocionada. Días antes, las entradas y abonos puestos a la venta en los mismos exteriores del Coliseo Amauta fueron adquiridas en su totalidad.

Ese día, después de un espectáculo inaugural en donde se presentaron conjuntos folclóricos como ‘Perú Negro’, bailes típicos como la ‘Diablada de Puno’ y la clásica marinera norteña, así como la asociación japonesa Nishiren Soshi que realizó una gran torre humana coronada con una pancarta que decía “Perú”, la gente que llenó todo el coliseo quedó lista para admirar el primer partido del Mundial, el mismo que daría inicio al camino de la Selección Peruana de Vóley con rumbo hacia la final.

Tras el sorteo realizado en junio del mismo año, a Perú le tocó jugar con las escuadras de Indonesia, Nigeria y Canadá por la serie “A” en el Coliseo Amauta, ubicado en el Cercado de Lima. En aquellos años, este deporte cumplía ciertas normas que hoy se han modificado. Si bien se jugaban tres sets, pudiendo llegar a los cinco en caso de empate, solo se jugaban hasta los 15 puntos. De igual forma, cuando se ganaba un partido se obtenía dos puntos para la tabla de posiciones, y se perdía, igual se sumaba un punto a favor. Es así que Perú pudo obtener ventaja en los tres partidos disputados en la fase eliminatorias de grupos.

Amistoso entre Perú y China. Anacé Carrillo mira atenta mientras Denis Gonzales mata. Foto: El Comercio

El primer partido fue contra Indonesia. El equipo se enfrentó al subcampeón del Torneo Continental de Asia que recién había llegado un día antes, mientras que el seleccionado peruano venía entrenando todos los días, por la mañana y por la tarde, en el coliseo Bancoper de Monterrico. Las asiáticas eran jugadoras jóvenes que promediaban los 21 años, pero lo que les jugó en contra fue su pequeña talla. La más alta medía solo 1.69. Esto fue aprovechado por las hábiles jugadoras peruanas.

En un partido que solo duró media hora, usando a un equipo suplente y sin exigirse, Perú se impuso por 3 a 0. El equipo del Oriente resultó insuficiente para los armados y remates, que no podían ser bloqueados, de las jóvenes pero potentes jugadoras como Rosa García (18 años), Cecilia del Risco (22 años), Silvia León, Natalia Málaga (18 años), Carmen Pimentel y Gaby Cárdenas, quienes ganaron el primer set 15 a 2, en ocho minutos; el segundo, 15 a 0, en nueve minutos; y el tercero, 15 a 3, en 13 minutos.

El segundo enfrentamiento se llevó a cabo dos días después contra Nigeria. Si Perú conseguía un nuevo triunfo, se colocaba como puntero en la tabla de posiciones y clasificaba a semifinales. Así se hizo, pues el rival era mucho más fácil que el anterior.

Con un récord impresionante, las peruanas volvieron a ganar por 3-0 en 23 minutos. El equipo africano no tuvo tiempo de hacer siquiera un punto y los tres sets terminaron 15 a 0, repartidos en una duración de 9, 6 y 8 minutos, respectivamente. Esa fue la primera vez en la historia del vóley que Perú ganaba en tan corto tiempo. Las muchachas se llevaron un sinfín de aplausos que se prolongaron hasta después de terminado el encuentro; especialmente por los bombardeos constantes al campo adversario por parte de Cecilia del Risco, Natalia Málaga, Denisse Fajardo y Gina Torrealva.

El mejor set fue el segundo pues, como mencionaron los periodistas deportivos, en realidad duró menos tiempo ya que el técnico nigeriano pidió dos tiempos de un minuto cada uno para ordenar a su equipo. Solo duró cuatro minutos. Y hasta Man Bok Park se animó a jugar con un sexteto diferente en cada tiempo, a modo de ensayo para ver quienes competirían en el último partido del grupo “A”.

Coliseo Amauta. Así lucíó este recinto el día de su inauguración el 12 de septiembre. Foto: El Comercio

La tercera victoria consecutiva se produjo al ganarle a Canadá, sexteto caracterizado por contar con jugadoras altas que superaban el metro ochenta. Desde su llegaba a nuestro país, se pudo ver en las prácticas del coliseo Club Regatas de Lima un juego de alta potencia y muy rápido. Aunque dichas cualidades no se vieron reflejadas aquel miércoles 15 de septiembre.

El encuentro generó muchas expectativas, ya que hasta el momento Perú no había podido mostrar su real potencial ante contrincantes de bajo nivel y los espectadores salían en poco tiempo del Amauta con un sabor amargo.

Tras arrasar en el primer set 15 a 2; el segundo, 15 a 11; y el tercero, 15 a 11 en 56 minutos de juego, Perú demostró tener un gran equipo y se colocó como el campeón invicto de la serie “A” con seis puntos. Le seguía Canadá con cinco puntos, Indonesia con cuatro y, por último, Nigeria con tres puntos y sin ningún partido ganado. La estrategia peruana se basó en una defensa y bloqueos excepcionales, intercalando a jugadoras suplentes y titulares.

Así, los amantes del voley quedaron con mucha ilusión al esperar que la selección se enfrente ahora a Bulgaria, Japón, Corea y Brasil en las semifinales del coliseo Amauta. Mientras, a Trujillo llegaron los otros seis clasificados: Cuba, Hungría, Unión Soviética, Australia, China y Estados Unidos. Solo los dos mejores de cada sede jugarían por los cuatro primeros puestos.

De camino a la gloria

El sábado 18 de septiembre, Perú jugó su primer partido de semifinales contra Bulgaria. Se trataba de un rival que solo había perdido contra Japón, pero había ganado a México y a España en la serie “F” de Tacna. Las jugadoras eran portadoras de un gran físico, fuerza en los brazos y mucha experiencia internacional, con conocimiento en mates en ascenso y recepción. Pero todo eso no impidió que las peruanas continúen con su racha ganadora.

Pese a que las matadoras mostraron una actitud sobria al celebrar, compartiendo el espíritu de su entrenador, lograron conseguir un nuevo 3 a 0. Las caras de alegría del público que se veían en el Coliseo Amauta eran transmitidas en señal abierta a todo el Perú por Panamericana Televisión.

El primer set se ganó 15 a 10 en 15 minutos; el segundo, 15 a 8 en 16 minutos. Ambos parciales carecieron de tensión o dificultad para las peruanas. Pero en el último tiempo todo cambió. El cuadro europeo por momentos adelantó el marcador y estuvieron a punto de ganar. El set se tornó más largo, cuando se pusieron solo a dos puntos de distancia: 14 a 12 a favor de Perú. Sin embargo, el elenco nacional, liderado por una única formación en todo el partido conformada por Aurora Heredia, Cecilia del Risco, Gina Torrealva, Raquel Chumpitaz, Denisse Fajardo y Cecilia Tait, consiguió tres puntos consecutivos y ganaron 15 a 12 en 21 minutos. En total, el partido duró 52 minutos.

Gina Torrealva ejecutando un violento mate que no logra ser bloqueado por el cuadro nigeriano. Foto: El Comercio

En el segundo partido de semifinales, Perú jugó contra Corea del Sur, país de origen del director técnico Man Bok Park. Desde que Perú se enfrentó a esta selección en el Mundial Juvenil realizado en México en octubre de 1981 y quedó en segundo lugar, nació una rivalidad. Y es que el equipo peruano nunca le había ganado a las coreanas. Este Mundial tampoco fue la excepción.

El entrenador peruano había revelado horas antes que tenía guardada una alienación especial para este compromiso y se negó a revelarla. “Ya lo verán en la cancha. Es un secreto”, dijo. Y pese a poner todo su esfuerzo y entusiasmo en cada jugada, las peruanas perdieron por tres sets a cero frente a las jugadoras experimentadas y campeonas juveniles, quienes habían estudiado muy bien a sus rivales latinas.

En un ajustado cotejo, lleno de emoción y suspenso -sobre todo en el primer parcial que Perú obtuvo la delantera 14 a 2-, el puntaje quedó así: 16 a 14, 15 a 11 y 15 a 12 en una hora y 19 minutos de juego. El nerviosismo y la torcedura de tobillo de la “Zurda de oro”, Cecilia Tait, obligó a entrar a la suplente Carmen Pimentel, quien temblorosa hizo perder varios puntos al cuadro bicolor. Con el coliseo rebosante, el público de pie y con aplausos para el elenco peruano, finalizó el partido.

Al día siguiente, el conjunto peruano volvió a conocer el triunfo al ganarle, en su tercera disputa de semifinales, a Brasil. Este partido fue uno de los más esperados por la hinchada, ya que significaba una oportunidad de revancha, luego del encuentro del año anterior en Sao Paulo, donde las brasileñas arrebataron la hegemonía sudamericana que tenía Perú por muchos años.

A pesar de haber sido vencidas un día antes por Corea, las peruanas se mostraron alegres y festejaban cada punto de los mates de Cecilia Tait y los bloqueos como si ya hubiesen ganado los tres sets. Con un ánimo contagioso que se extendió hasta las tribunas del Amauta, Perú demostró todo su poder. Brasil no pudo con el juego potente y rápido del local. El marcador terminó 15 a 10, 15 a 4 y 15 a 6 en una hora de juego.

El Coliseo Amauta, un lugar muy concurrido en Lima en la década de los ochenta. Foto: Arkiv Perú

Este triunfo no solo significó ganarle al último campeón de Sudamérica, sino asegurar su pase al próximo Mundial en Checoslovaquia, ya que los siete primeros puestos clasificaban para el siguiente torneo y Perú, con esa victoria, se mantenía dentro de los mejores lugares.

El último partido de esta ronda fue contra Japón. La mayoría de la prensa nombraba a este país como uno de los favoritos para llegar a la final. De talla baja, pero con una gran técnica y agilidad, se postulaban como el mejor equipo del campeonato. Además porque venía de ganarle por un apabullante resultado a Corea, país ante el que el cuadro nacional había caído. Sus antecedentes también demostraban su superioridad: ganó tres mundiales (Moscú 1962, Tokio 1967 y México 1974) y dos Juegos Olímpicos (Japón 1964 y Montreal 1976).

Solo en un encuentro amistoso realizado en 1971 Perú había logrado ganarle al elenco nipón. El martes 21 de septiembre cambiaría la historia y se convertiría en una de las hazañas más celebradas en nuestro país.

Este partido fue el de mayor duración de la selección blanquirroja: una hora y doce minutos. Los aficionados que acudieron al Amauta no tuvieron que hacer nada más que celebrar los puntos sucesivos, que llevaron a Perú a meterse dentro de los cuatro primeros puestos y a luchar por la medalla de oro.

“¡Perú, Perú, Perú!”. Se escuchaba con más fuerza desde las butacas. Serenidad, alegría y razonamiento fueron parte de la fórmula que permitió ganar 3 a 1 con un puntaje de 15 a 4, 15 a 5, 7 a 15 (el único a favor de Japón) y 15 a 10, mientras las japonesas y su entrenador perdían los papeles a mitad del enfrentamiento. A la salida del Amauta, se comentaba en medio de un tráfico infernal, que el asesor del entrenador japonés le propinó un ‘cachetadón’ a la número 7 cuando se disponía a entrar a la cancha cuando pidieron cambio.

Después de que el árbitro validó el último punto peruano, las jugadoras se abrazaron y saltaron en medio de la cancha de terraflex. Unos metros más allá, Man Bok Park era cargado en hombros y detrás de él, las tribunas eufóricas lanzaban papel picado de colores.

El día esperado

Con esa victoria, solo un partido nos separaba de la final. Los cuatro equipos clasificados fueron Perú y Japón -ambos por la sede de Lima- y Estados Unidos y China, por la sede de Trujillo. A partir de ese momento, los partidos restantes se jugaron en el Coliseo Amauta: Japón contra China y Estados Unidos contra Perú. De los cuatro, solo dos disputarían la corona.

El primer partido de aquel viernes 24 lo jugaron las selecciones asiáticas a las siete de la noche. Perú jugó dos horas después en su penúltimo encuentro ante uno de los rivales más difíciles. Las norteamericanas recientemente habían ganado a China, campeón de la Copa del Mundo, y eliminaron a la Unión Soviética, Campeón Olímpico vigente.

Limeños salieron a festejar a las calles después del triunfo ante Norteamérica. Foto: El Comercio

Teniendo en su equipo a jugadoras que sobrepasaban el metro ochenta y a Flo Hyman, morena de 28 años y 1.95 m, considerada la mejor matadora del mundo, las estadounidenses salieron a jugar con un solo propósito: pasar a la final. Pero Perú venía con la moral elevada al ganar la revancha contra Brasil y a Japón.

Nerviosas al comienzo por ser superadas en el bloqueo, las colocadas y mates del rival, empezaron en desventaja. Man Bok Park hizo entrar a Silvia León por Cecilia del Risco. León tenía 24 años, dos años más que Del Risco, y era más experimentada. El equipo corrigió errores y comenzó a sumar punto tras punto con los precisos mates de Raquel Chumpitaz, Gina Torrealva y Cecilia Tait.

En los tres sets jugados, el equipo peruano acertó en la recepción de las poderosas clavadas de Flo Hyman y en la dirección de los mates. “Nunca se dio tanta alegría reflejada por el triunfo de un equipo como los dos últimos compromisos que ha ganado Perú a Japón y a Estados Unidos”; mencionan los diarios de la época.

Con el primer set ganado por 15 a 12; el segundo por 15 a 12; y el último, 15 a 10, en un partido de una hora y 21 minutos, miles de peruanos bordearon las avenidas Venezuela y Arica para aplaudir a las voleibolistas. De esta forma, la escuadra nacional quedó lista para batirse a duelo otra vez con China, equipo que también pasó a la final al ganar a Japón.

Ningún peruano se quiso perder la infartante final. Era sábado por la tarde. Las calles colindantes al Coliseo Amauta volvían a lucir repletas, como aquella vez que largas filas se formaron para comprar las entradas antes de la inauguración. Con banderolas, matracas, pitos y toda la gente coreando “Perú, Perú”, el Amauta estaba repleto. En medio de una tribuna los flashes apuntaban a un par de esposos, recién casados y vestidos aún con sus trajes de novios que llegaron apurados antes de que inicie el partido final. En sus casas, millones de peruanos que estaban en las afueras de la capital, así como los que no pudieron conseguir entradas, lo miraban por Panamericana Televisión.

Natalia Málaga, Gina Torrealva, Cenaida Uribe y Rosa García, junto a Katherine Horny y Alejandra de la Guerra de la generación Seúl 88, en la actualidad. Foto: RPP

Perú ya había ganado frente a la escuela de Japón, la talla de las estadounidenses, la agresividad de Brasil y ese 25 de septiembre tocaba la última estocada. Ambos llegaron con muchas coincidencias: venían de ganar por 3 a 0 a sus rivales y solo una vez perdieron en todo el campeonato. En ambos casos con el mismo marcador.

A estadio lleno, los asistentes del Amauta se mostraban felices, pero a la vez nerviosos. Comenzó el primer set y el cansancio por el partido anterior y el miedo de las peruanas se vio reflejado en el resultado: 15 a 0 en solo 14 minutos. Descansaron unos momentos y regresaron para el segundo. Volvieron a caer. Ahora por 15 a 5 en 15 minutos. La ausencia de la capitana Anacé Carrillo, lesionada durante el encuentro contra Nigeria, se hizo notar. Ante la sorpresa de muchos, Perú no se dio por vencido y entró al tercer episodio a matar. A punta de clavadas con gran potencia de Denisse Fajardo, Silvia León, Gina Torrealva y Cecilia Tait, Perú logró emparejar el marcador hasta 9 a 9. Cada vez que Tait se preparaba para culminar una jugada, el la tribuna se escucha un grito en coro para acompañar los mates. No fue suficiente. China con sus remates potentes, finalizó el partido 15 a 11 en 21 minutos. Fue Lang Ping, conocida como la ‘Martillo de Hierro’, quien condujo a su equipo a la victoria con sus potentes remates y gran habilidad para el bloqueo.

Las reacciones no se hicieron esperar y apenas China consiguió el punto 15, la muchedumbre empezó a corear: “Perú, Perú, Perú”, en son de agradecimiento y apoyo a las jugadoras. China Popular logró el noveno campeonato mundial de vóley, sin embargo Perú conquistó a toda la hinchada. Los aplausos sonaban retumbantes hacia las subcampeonas que habían logrado la mejor ubicación de los seis mundiales en los que participaron, incluso hasta el momento en que la capitana Ana Cecilia Carrillo recibió el trofeo y se lo pasó de mano en mano a las demás jugadoras para contemplarlo.

Tal y como lo predijo el exentrenador Akira Kato, cuando las pícaras deportistas osaron a jugar la ouija luego del entrenamiento, Perú logró obtener el segundo lugar, una hazaña jamás vista en este deporte.

De manos morenas a manos cristianas

Después del mundial, las alegrías continuaron para la selección de vóley. ‘La zurda de oro’, Cecilia Tait, fue considerada la mejor matadora del Mundial y la máxima estrella del conjunto nacional. Raquel Chumpitaz contrajo matrimonio por civil en su casa del Rímac, un día después de la final, con el el húngaro Andras G’all, periodista al que conoció en Budapest cuando participaba con la selección en una gira por Europa. Tuvo una multitudinaria concurrencia, entre ellas todas las integrantes del equipo peruano y el entrenador Man Bok Park.

Además, se planificó la construcción de un nuevo complejo deportivo: el Coliseo Eduardo Dibós de San Borja. Este fue inaugurado en 1987. Aquí entrenaría posteriormente la selección y se llevaría a cabo próximos eventos como la preparación para los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, evento en el que se volvió a obtener la medalla de plata. Asimismo, en 1989, el Campeonato Mundial de Voleibol Femenino Juvenil.

Jugadoras del elenco peruano reciben el trofeo luego de finalizar el partido contra China. Foto: El Comercio

La gran mayoría, después de retirarse del vóley, siguió su camino como entrenadoras. Este fue el caso de Denisse Fajardo, Raquel Chumpitaz y la capitana Anacé Carrillo, quien a sus 63 años recién cumplidos sigue dedicándose a captar nuevos talentos en su barrio de San Martín de Porres. En los veranos amarra una pita entre dos postes, pone un par de bancas como seguridad, cierra la calle y se encarga de formar niñas desde los cuatro años en este deporte.

Otras se volvieron íconos de la televisión peruana como Natalia Málaga, quien suele protagonizar comerciales, o Gina Torrealva que casi siempre es invitada para comentar los partidos de vóley de las nuevas generaciones. Incluso algunas incursionaron en la política como Cecilia Tait, quien en 1998 fue elegida regidora de Villa María del Triunfo y luego congresista por los periodos del 2001-2006 y del 2011-2016 por el partido Perú Posible.

Este futuro prometedor no fue el mismo para el Amauta. Tres días después de la gran final disputada por las peruanas, el coliseo fue preparado para la época circense. Esta vez, los asistentes al Circo de Moscú ocuparían sus butacas. Y es que este lugar también ha sido protagonista de varias historias que hoy solo están en los recuerdos de Lima.

En un principio, el Coliseo Amauta fue construido en los años cuarenta para realizarse corridas de toros. Pero debido a los fuertes vientos de la zona, se optó por regresar a la Plaza de Acho. Es recién en los años ochenta, techado y a manos de su dueño, Panamericana Televisión, que el coliseo cobra gran importancia para la vida de los limeños. Aquí se realizaron no solo eventos deportivos de baloncesto, sino también la edición 31 del Miss Universo (1982), presentaciones legendarias de cantantes y grupos artísticos como Menudo (1981), Raffaella Carrá (1983), Soda Stereo y GIT (1987), Indochina (1988), y los escenarios del programa infantil ‘Nubeluz’ en los noventa.

Antes: foto del Amauta luego de su embargo. / Después: Fachada actual del coliseo tras su nueva administración.

Sin embargo, debido a la crisis de Panamericana Televisión desde 2002, el Coliseo Amauta estuvo abandonado. Con un techo sucio, puertas oxidadas y una fachada empolvada con pintas, se mantuvo así hasta el 2008 cuando la empresa “Raza Peruana Producciones SAC” tuvo la iniciativa de convertirlo en un centro de convenciones. Una amenaza de embargo del Banco Wiese Sudameris provocó que estos inversionistas desistan.

El Amauta quedó nuevamente abandonado e incluso vándalos entraban durante las noches solitarias y oscuras del Cercado de Lima para desmantelar sus instalaciones. Recién en julio del 2009, la iglesia cristiana “Agua Viva” compró en remate el Coliseo Amauta, según reveló el portal periodístico Wayka, por 6 millones de dólares (aproximadamente 20 millones de soles) y comenzó su remodelación.

Actualmente el Coliseo Amauta no tiene más ese nombre. Ahora el llamado “Centro de Convenciones Agua Viva” luce recientemente pintado, remodelado y sirve para realizar eventos cristianos y políticos los fines de semana. Uno de los más importantes fue la ponencia de la excandidata presidencial Keiko Fujimori, donde firmó un compromiso con los líderes evangélicos.

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