El primer violín andino del Perú nos cuenta sus vivencias y motivaciones para preservar y difundir la cultura andina en el Perú y el mundo.

Por Lucía Lozano Rosa-Medina

Sus manos tienen una destreza única. Tocan melodías que calan en lo más profundo de nuestras raíces. En la película Sigo siendo, de Javier Corcuera, se descubrió una parte de la vida de Andrés Lares que pocos sabían: vendió helados en las playas de Lima y, cada vez que su jornada acababa y la gente se iba, tocaba su violín a las orillas del mar para alegrar sus aguas. Ha ejecutado, en la voz dulce y melancólica de su violín, las mejores interpretaciones, como el huayno Prenda querida: “Escucha, prenda querida, las quejas del corazón / Tal vez será la última noche que estemos juntos los dos / Pañuelo blanco, me diste, pañuelo para llorar / De qué me sirve este pañuelo si tu amor no ha de durar”.

Es conocido como ‘Chimango’, seudónimo que le fue puesto por su maestro Severo Díaz, aquel que lo veía comer, por las calles del Centro de Lima, el pastelito chimango que traían las señoras de la sierra y le hacían evocar los tiempos de su niñez. Andrés Lares nació en Cabana Sur, Ayacucho. Con tan solo un año de nacido, perdió a su madre y pasó al cuidado de su abuela materna. Años más tarde, llegó a Lima a vivir con su papá. Lo ayudaba en su carnicería de Surquillo. Andrés debía repartir cortes especiales en casas de Miraflores y Surco. En una ocasión, vio un estuche colgado, ya viejito. Entonces, le preguntó a la dueña si podía verlo. Era un violín. Su pasión por la música inició con este encuentro.

Decidió estudiar Lingüística en la Universidad de San Marcos, pero su amor por el instrumento era mucho más grande. En el sexto ciclo de carrera, con el pesar de su padre, abandonó las aulas para retornar a su pueblo y tocar junto con grandes músicos, como el guitarrista y cantante Manuelcha Prado, el arpista Luciano Quispe, los cantantes Julia Illanes y Porfirio Ayvar, entre otros. “Este instrumento influyó bastante en mi vida. Un poco más y el violín hasta puede cantar. Transmite el sentir del hombre andino, tanto su alegría como tristeza”, comenta ‘Chimango’.

Haber nacido en Cabana Sur trazó el camino del violinista. Su calendario festivo es la razón: Carnavales, la Fiesta del Agua, el Yawuar Fiesta, la Fiesta de las Cruces, Fiestas Navideñas, solo por mencionar algunas fechas. “Es una celebración casi diaria y que dura todo el año, desde enero hasta diciembre”, menciona. “Durante las festividades tradicionales, el hombre agradece a la naturaleza por todo lo que nos brinda. Desde el momento que uno hace el pago a la tierra para que haya suficiente lluvia para la cosecha y el ganado. El hombre andino siempre agradece con la danza, el canto y la música”, agrega.

‘Chimango’ agradece la notable labor del amauta José María Arguedas y de otros compañeros que difundieron la cultura andina, a través de la literatura y diversas manifestaciones artísticas. También reconoce el trabajo actual del Gobierno, universidades y centros culturales. “Esto conlleva que los músicos y danzantes tengamos mayor responsabilidad en la divulgación, protección y defensa de nuestras expresiones artísticas”, apunta.

“Yo no me canso. Hasta que tenga las fuerzas, seguiré trabajando para revalorar y formar nuevas generaciones en la música andina, porque no solo se trata de tener como mérito que te consideren primer violín, sino formar jóvenes que puedan continuar con esta tarea”, comenta Lares. Este ímpetu lo ha llevado a lograr innumerables reconocimientos dentro y fuera del país. Ha cautivado con la dulzura de su violín en diversos festivales de los cinco continentes; también, ha recibido numerosos trofeos y medallas, así como distinciones de organizaciones mundiales, como la OEA y Unesco. “Agradezco mucho al arte y me siento muy orgulloso de haber llegado a grandes espacios de representación cultural”, finaliza.