La notable trayectoria de mujeres que hoy laboran como docentes en la PUCP no ha tenido la visibilidad y menos el reconocimiento que estas se merecen. Estos perfiles nos revelan la tenacidad y la inteligencia de Scarlett O’Phelan, Celia Rubina, Catalina Romero, Norma Fuller, Nadia Gamboa y Luisa Vetter, seis profesoras cuya producción intelectual las sitúa en el primer plano de la investigación académica en el Perú.

Foto: Archivo PUCP

Scarlett O’Phelan

Es historiadora, licenciada en la PUCP y doctorada en la Universidad de Londres. Es profesora principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUCP. Dicta en el pregrado y en el postgrado de historia.

Scarlett O’Phelan Godoy ama la lectura desde que era niña. Podía llegar a leer dos libros por semana. Cada vez que terminaba uno su padre la acompañaba a la librería. Pero su interés por la historia viene de la escuela.

Aún recuerda su primer día de clases. Era 1969 y se sorprendió al ver a tantos alumnos reunidos en el patio del local de la Plaza Francia. “Yo había estudiado en un colegio de mujeres y era muy tímida. Fue complicado ver a tantos chicos y chicas en el mismo lugar. Entonces no había la dinámica de las prácticas de ahora, con los chicos participando en el aula, los profesores solo hacían clase magistral”.

Velasco había irrumpido en el poder un año antes. Poco después los militares ingresaron con tanquetas a la universidad. La tensión se vivía dentro y fuera de clase. Era cachimba cuando, en un curso de psicología, el profesor jaló al 90% de los estudiantes. Le costó un poco habituarse a la exigencia académica.

Tenía veinte años cuando la convocaron para ser jefa de práctica. Trabajó con profesores notables, como Heraclio Bonilla, Guillermo Rochabrún y Franklin Pease. Luego fue nombrada docente y dictó varios años antes de que decidiera viajar a Inglaterra para iniciar sus estudios de postgrado.

Scarlett obtuvo su Doctorado en el Birkbeck College de la Universidad de Londres (1982) y un Posdoctorado en la Universidad de Colonia, Alemania (1983-1985). A Lima regresó con una de sus investigaciones más importantes, su tesis doctoral ‘Un siglo de rebeliones anticoloniales’, trabajo con el cual se le identifica hasta hoy. Sin embargo, admite que fue difícil abrirse un espacio en el Perú: “Yo sentía que no se tomaba en serio mi trabajo, todo el tiempo tenía que demostrar que había estudiado fuera, que lo había hecho bien y que tenía cosas importantes que decir, cosa que a los hombres no se les exige, se da por admitido que lo lograron”.

No ha sido fácil hacer la carrera docente en la universidad, pero la docencia le gusta y la seguirá ejerciendo. “Ser profesora me motiva: la interacción con los alumnos, las discusiones, las preguntas, enseñar me enriquece cada día”. Actualmente, no solo disfruta de la enseñanza en las aulas, sino que no para de indagar y explorar nuevos temas, por eso se encuentra realizando una investigación sobre la expulsión de los peninsulares en la época de la independencia.

 

Foto: Adrian Rojas

Catalina Romero

Es licenciada en sociología por la PUCP y Ph.D. en sociología por The New School for Social Research, Nueva York. Fue decana de la Facultad de Ciencias Sociales y ahora es profesora principal de este Departamento. En el 2012 la eligieron primera defensora universitaria.

Catalina Romero ingresó a la universidad en 1963. Todavía recuerda con nostalgia la ceremonia de ingreso. “Recuerdo que comenzaba con una misa grande en la iglesia La Recoleta, en la Plaza Francia. El doctor César Delgado dio el discurso de motivación y mencionó que solo el 3% de los jóvenes que terminan la secundaria ingresaban a la universidad, era bien elitista en esa época”.

Ella no estaba segura de qué carrera seguir, pero durante su primer año en Letras se fundó la Facultad de Ciencias Sociales. “En 1963 había muchos conflictos en el Perú. Era necesaria una carrera así, pues todos estábamos muy interesados en ese ámbito y así fui descubriendo que ese era mi campo de estudio”.

Cuando Catalina empezó a enseñar tuvo que lidiar con algunos colegas que no admitían la competencia femenina. “Nos fastidiaban y nos decían: ‘Qué hacen acá, le están quitando espacio a los hombres, si después se casan y ya no van a trabajar’. Este clase de trato en mi época ni siquiera era considerado discriminación; era una osadía demostrar que podíamos ser iguales o mejores profesionales que los hombres”.

Hoy recuerda una anécdota que le ocurrió en el curso de estadística en su último año de carrera. “Me di cuenta de que había un error en un ejercicio en el libro de estadística de Blalock. Busqué al profesor y le dije que el libro estaba mal, y me dijo: ‘¡Cómo puedes decir que el libro está mal!’ Y entonces lo miró, calculó y me dijo: ‘Tienes razón, tú vas a ser mi jefa de práctica, porque necesito a alguien que se atreva a cuestionar un libro”.

Desde ese momento Catalina se ha dedicado a la docencia y a la investigación, enfocándose en la sociología de la religión. Actualmente, continúa indagando el impacto de lo religioso en el ámbito social y político.

 

Foto: Adrian Rojas

Celia Rubina

Estudió literaturas hispánicas en la PUCP. Doctora en ciencias del lenguaje por la Universidad de Toulouse. Es decana de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación y profesora principal del Departamento. Cuando Celia Rubina estaba culminando su etapa escolar en el colegio de mujeres Sagrado Corazón Sophianum, todavía no estaba segura de lo qué iba a estudiar. “Quizá por admiración a mi padre, a quien perdí muy pronto, pensé en estudiar ingeniería y hasta me preparé, pero lo que tenía claro era que no iba a estudiar otra vez con solo mujeres”.

Las dudas de Rubina se aclararon pronto. En 1981 ingresó a la PUCP a estudiar literatura, una experiencia a la que ella califica como un ‘nacimiento a la pluralidad’. Para ella fue un cambio impresionante. “El simple hecho de codearme con chicos y chicas, poder encontrar un sitio donde no solo iba a estudiar, sino que también iba a disfrutar de las conversaciones con mis compañeros, de las clases y las conferencias”.

Las vivencias de la actual docente en la universidad son imborrables. No solo por sus amigos o los debates en clase, sino porque conoció a profesores que marcarían su vida profesional. “Me acuerdo del profesor Enrique Ballón, un gran semiólogo peruano que dictó varios cursos en mis dos últimos años de carrera, gracias a él decidí hacer mi tesis en semiótica y conseguí ser admitida por la Universidad de Toulouse para hacer mi doctorado”.

A Celia le apasiona la investigación y también disfruta de su experiencia como docente, aunque en un principio no pensaba en la enseñanza. Por eso recuerda lo nerviosa que se sintió en su primer día como jefa de practica: “Estaba intimidada, tomé la lista en clase, pero no puse ni un solo check, poco a poco he podido dominar mis nervios y mi timidez preparando las clases con esmero”.

Más de veinte años después de esa experiencia, Celia sabe cómo acercarse a sus alumnos. “Acostumbro pasearme por el aula, preguntarles mucho, los miro a los ojos, no puedo entender una clase si no hay contacto visual”.

Durante toda su trayectoria, Celia ha realizado trabajos vinculados con la semiótica y el mundo andino. Quizás el que más le gusta mencionar es ‘El Perú a través de sus discursos. Oralidad, textos e imágenes desde una mirada semiótica (Fondo Editorial PUCP, 2015). Este reúne investigaciones pensadas desde hace 15 años y lo escribió con su colega y amiga, la profesora Lilian Kanashiro.

Como docente ordinaria, ha sido miembro del consejo de facultad y del consejo de departamento. Y cuenta que siempre se ha caracterizado por decir lo que piensa: “No me gusta quedarme callada. Cuando alguna decisión no me ha parecido lo he manifestado con firmeza. Por ejemplo, yo siempre he creído que en los procesos disciplinarios hay reglas que se tienen que aplicar sin excepción”.

Celia acaba de ser elegida decana de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación, un cargo al que solo han accedido hombres. “Yo me presento como lo que soy, alguien que ha obtenido un doctorado y que está orgullosa de eso y que además ejerce la docencia e investigación en todo momento. Yo siento que debo poner mis credenciales por delante de todo, de pronto no todos sienten eso”.

 

Foto: Archivo personal.

Norma Fuller

Ph.D. en Antropología Cultural. Especialista en género, interculturalidad y comunidades andinas. Es profesora principal en la Especialidad de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales. Norma Fuller empezó a estudiar en la PUCP en 1965. Recuerda gratamente su paso por Estudios Generales Letras. Su familia decidió respetar la carrera que eligió, suerte que su hermano no tuvo, pues lo obligaron a estudiar derecho: “A mí me dejaron escoger lo que quería, porque pensaban que nunca iba a trabajar”.

Durante su temporada en Letras conoció a muchas de sus amistades a las que califica como ‘amigos de toda la vida’. También ella tuvo que lidiar con las ideas machistas de algunos docentes. “Recuerdo que un profesor pensaba que las mujeres le quitaban lugar a los hombres en la universidad, y ese era un tema que se comentaba mucho”.

Al terminar la etapa en Estudios Generales Letras, Norma ya estaba convencida de estudiar antropología: “Me gustaba que analizara la variedad cultural, descubrir que en el mundo hubiera tantas maneras de ser”. En la Facultad de Ciencias Sociales, se sintió maravillada por el ambiente de camaradería: “Todos éramos muy desinhibidos, hablábamos, cantábamos, además los profesores eran muy jóvenes y tenían una relación muy horizontal con nosotros”. Luego de terminar la carrera, Norma decidió irse de su casa, porque sentía que sus papás le negaban muchas cosas por ser mujer. “Me molestaba que no me dejaran hacer cosas que sí le dejaban a mi hermano, eso me producía una rebeldía enorme, por eso me fui”.

Se pasó varios años viajando dentro del Perú y también por el extranjero. Hizo una maestría en París y más tarde, cuando regresó, surgió la oportunidad de hacer docencia en la PUCP: “Un compañero de promoción, que era el coordinador de antropología, me propuso ayudarlo dictando un curso de introducción a la carrera”. Así descubrió la enseñanza. “Me gustan los debates, las discusiones entre los alumnos. La antropología es muy provocadora, te rompe esquemas”.

Norma ha alternado la docencia con la investigación. En este ámbito ha tenido que afrontar diversos obstáculos para alcanzar sus metas: “Es difícil tener ideas, generar proyectos de investigación y nunca me ha sobrado la plata, el dinero había que inventarlo. He investigado con solo cuatro soles, el resto ha sido pura vocación, a excepción de dos estudios donde sí he tenido apoyo”.

Le interesan sobre todo las identidades de género. Dos de sus trabajos que desarrollan esta línea son ‘Dilemas de la femineidad’ e ‘Identidades masculinas’. Actualmente sueña con regresar a la comunidad campesina de Ayacucho donde hizo su primer trabajo de campo. Quiere investigar  cómo la comunidad ha cambiado con la migración de sus pobladores y la llegada de los medios de comunicación. “Fue mi experiencia más importante, viví un año allí, aprendí quechua y establecí vínculos que se conservan hasta ahora”.

 

Foto: Andrés Alviar Zevallos

Nadia Gamboa

Licenciada y magister en química de la PUCP. Doctora en ciencias ambientales con interés en química ambiental y desarrollo sostenible. Actualmente es docente en la sección de Química y miembro del consejo de la facultad de ciencias e ingeniería, y directora de la Dirección Académica del Profesorado.

En la década de los setenta, Nadia Gamboa estudiaba la secundaria en el colegio María Alvarado High School. En ese momento ya se sentía atraída por las ciencias: “Recibí una educación muy buena en esta área, me podía quedar en el colegio más horas e iba a los talleres de ciencias”. En los años finales de secundaria, su papá le preguntó qué carrera quería estudiar: ella lo tenía claro, quería ser química.

El padre de Nadia le propuso la Universidad Católica, pues quería una buena universidad para sus hijas: “Mi papá nos dijo desde chiquitas, yo no les puedo dejar bienes materiales, pero sí les puedo dejar educación”. Después de prepararse, Nadia Gamboa ingresó a la universidad en 1978. Aún tiene un grato recuerdo de su primer día en Estudios Generales Ciencias: “Casualmente la primera clase que tuve fue de química y la profesora era fantástica, entonces dije es el destino”.

Nadia llama a los dos primeros años en la PUCP como la época del maltrato. “Todos éramos como naranjas, porque nos exprimían y nos botaban, era súper difícil mantenerse”, cuenta mientras esboza una sonrisa. Pero también experimentó momentos agrios en una de sus clases. “Recuerdo que el profesor dejó un ejercicio y sacó a una chica a la pizarra para que lo resuelva, ella se puso nerviosa. El profesor llamó a otro chico y lo resolvió en un ratito. Entonces él dijo que las bambinas debían quedarse en su casa viendo la novela y ayudando a la mamá mientras los picolinos debían terminar la clase”.

Una vez que pasó a facultad, Nadia sintió que entraba a otro mundo, donde encontraría otros profesores y nuevos conocimientos. Ella comenta que ha sabido identificar las oportunidades, pues al terminar la carrera, no tardó mucho en encontrar trabajo como jefe de práctica en la PUCP. Luego el decano de Estudios Generales Ciencias le ofreció reemplazar a una profesora y así entró de lleno a la docencia. “Me gusta conversar y transmitir nuevos conocimientos, creo que eso es educar”.

A Nadia también le apasiona la investigación. “Siempre me ha gustado investigar, entender los por qué, los cómo. La industria no me llamaba aunque tengo amigos que lo hicieron y ganan mejor que yo”. Ella se dedica a temas de monitoreo de agua, aire y suelo para medir el control de calidad y contaminantes. Pero para Nadia no es suficiente solo investigar;  ella se siente satisfecha cuando su trabajo vira hacia la responsabilidad social, cuando logra sensibilizar a las personas. “Mi objetivo también son las personas, resolver sus problemas, es la investigación dirigida a la comunidad”.

 

Luisa Vetter

Cuando era niña, Luisa Vetter quería estudiar biología marina. Le encantaba la investigación y los animales, pero en el Perú aún no existía esa carrera. Al culminar el colegio, empezó a trabajar en la empresa de catering de su madre, porque todavía no había decidido a lo que se iba a dedicar. “Fue un momento de refugio para pensar si me dedicaba a la cocina o hacía otra cosa, pero mi madre, que quería que estudiara en la universidad, le pidió a algunas amigas que me convencieran. Después de dos años, decidí que quería estudiar arqueología en la Católica”.

Ph.D. en historia. Arqueóloga de la PUCP y ganadora del premio ‘Por las Mujeres en la Ciencia 2016’ de L’Oréal-UNESCO . Actualmente es directora general de museos del Ministerio de Cultura y docente de la PUCP y de San Marcos.

Hoy considera que ingresar a la universidad fue su mejor elección, pues fue una etapa inolvidable: “Curiosamente, el primer curso de arqueología en letras no me gustó mucho, pero el grupo que vas formando, los amigos que haces, las madrugadas estudiando, es una experiencia que me encantó”.

Cuando terminó la universidad, Luisa regresó a trabajar con su madre, pues encontrar un trabajo como arqueóloga en esos años era difícil, pero no abandonó la investigación. “Mi pasión, más que excavar o hacer informes, es ver a la arqueología desde un plano científico”.

Luisa se ha especializado en la arqueometalurgia y la arqueometría, el estudio interdisciplinario de las piezas de metal. Su interés nació en el último año de la carrera, cuando llevó el curso de metales con la profesora Paloma Carcedo. El curso le encantó tanto que decidió hacer su tesis de bachillerato sobre los implementos agrícolas de metal encontrados en el proyecto arqueológico de Sicán, dirigido por Izumi Shida

Sin embargo, para Luisa no fue fácil sustentar su tesis, pues fue la primera en estudiar objetos de metal desde diversas disciplinas, en una época en la que la arqueología se reducía a la excavación. “Yo no había excavado la tumba. Aun así me pidieron un informe de la excavación, así que le pedí ayuda al doctor Shimada y presenté mi tesis una segunda vez, porque la primera me la desaprobaron. Era curioso, porque cuando iba a los laboratorios de ingeniería a analizar las piezas me decían que mi tesis parecía de doctorado y cuando les contaba los problemas que tuve, no entendían lo sucedido”.

Posteriormente, Luisa realizó su maestría y doctorado en historia, donde no tuvo problemas en ejercer un estudio interdisciplinario.

Actualmente, es directora general de museos del Ministerio de Cultura y ganadora del premio L’Oreal con el Concytec, que premia la trayectoria de las mujeres científicas. “Cuando vi mi nombre en la lista de ganadoras no me lo esperaba, porque cuando leías las bases del concurso notabas que las ciencias sociales se hallaban en desventaja. Te pedían publicaciones en revistas que nosotros no manejamos, entonces fue una sorpresa”.

La arqueóloga considera que el premio fue un reconocimiento a toda su trayectoria como investigadora, pero también a las ciencias sociales  y a la visibilidad de la mujer. “Mujeres arqueólogas en el Perú hay bastantes, espero que con este premio se atrevan a postular para que se reconozca su trabajo”.