En 2009 la PUCP convocó a un concurso para el diseño de un ‘Edificio de servicios estudiantiles’. Los ganadores fueron Patricia Llosa y Rodolfo Cortegana, profesores de la Facultad de Arquitectura. Dos años después, en noviembre de 2011, se inauguró Tinkuy, un lugar para el estudio, la conversación y el descanso de los estudiantes. Más tarde, en 2014, la misma dupla de arquitectos pondría su sello en el Complejo de Innovación Académica (CIA), situado al otro extremo de la universidad. Hoy, miles de alumnos disponen de estos espacios para hacer de su vida en el campus una experiencia grata e integradora.

Rodolfo Cortegana llega a las siete y media de la mañana. A esta hora todavía reina el silencio en la universidad. Por el Tontódromo, apenas transitado, corre un viento húmedo. A unos cuantos pasos de la Facultad de Arquitectura, donde él enseña, aparece imponente el Complejo de Innovación Académica (CIA), un espacio que él diseñó con Patricia Llosa. Rodolfo decide dar una vuelta por el lugar y lo que ve es sin duda estimulante: una masa de alumnos esperan que se abran las puertas de la biblioteca cuyos planos tienen su firma.

A las ocho de la mañana inicia su clase de Taller 8, mientras ellos empiezan a estudiar, hacen las tareas o simplemente disfrutan del espacio. Atrás quedaron las dudas sobre la utilidad de este lugar:¿Llegaría a ser ocupado un edificio con capacidad para 1500 personas? ¿Se alcanzaría tal expectativa? Ahora todos tienen la respuesta ante sus ojos.

Tinkuy fue el primer edificio que se proyectó como un lugar de encuentro para la comunidad universitaria. Rodolfo Cortegana y Patricia Llosa, los encargados del diseño, son egresados de la Universidad Ricardo Palma, pero enseñan en la PUCP desde 2002. Ambos tienen un estudio de arquitectos. Durante años se dedicaron a diseñar viviendas. Tinkuy fue su primer proyecto a gran escala. Ellos partieron de la idea de hacer espacios públicos, con distintos niveles y propósitos. Convencieron a las autoridades de que las puertas sobraban en este proyecto. Ningún estudiante debía pedir permiso para entrar.

El proyecto inicial se llamaba ‘Edificio de servicios estudiantiles’. Rodolfo y Patricia debían diseñar un ambiente que, por los requerimientos, se asemejaba al concepto de un centro comercial: cafetería, librería, puestos de comida rápida, agencia bancaria, espacios de estudio y cubículos privados.

Ellos propusieron a las autoridades un lugar de encuentro, un espacio público que sea una extensión del emblemático Tontódromo y que siempre esté abierto. “Tinkuy es un edificio que puedes ir descubriendo de a poco”, dice Rodolfo, desde el cuarto piso de su estudio en Magdalena.

Espacios multiusos. Los ambientes de Tinkuy ofrecen zonas de estudio y cafeterías para el confort de los estudiantes. Foto: Laura Luz Correa.
Espacios multiusos. Los ambientes de Tinkuy ofrecen zonas de estudio y cafeterías para el confort de los estudiantes. Foto: Laura Luz Correa.
Espacios multiusos. Los ambientes de Tinkuy ofrecen zonas de estudio y cafeterías para el confort de los estudiantes. Foto: Paul Benites.

Tinkuy es una palabra quechua que significa “punto de encuentro”. El nombre fue elegido a través de una votación virtual convocada por PuntoEdu. A Patricia y Rodolfo les gustó ya que le daba sentido a los conceptos plasmados en el diseño del edificio: un espacio de confluencia, de convivencia. Lo más importante: Tinkuy es un edificio diseñado para toda la comunidad universitaria.

En un principio surgieron críticas contra el diseño del edificio. Hubo quienes se sentían incómodos con su acabado austero. ¿Y cuándo lo tarrajean? ¿Y por qué no lo pintan? ¿Tenía que ser todo tan abierto y transparente? Estas y otras preguntas se hicieron estudiantes y también docentes poco después de su inauguración.

Con el tiempo estas impresiones han cambiado, el uso diario de Tinkuy ha vinculado a los alumnos con otro tipo de arquitectura. “Creo que el diseño absolutamente singular del edificio es una invitación a los estudiantes para que se apropien del espacio en su vida cotidiana. Ahora le han agarrado cariño”, afirma Rodolfo.

Tinkuy es un edificio que no demanda un mantenimiento convencional. En su construcción se utilizaron materiales reciclables, como las columnas ubicadas frente a la pizzería El tomate loco, hechas de OSB, una madera prensada que soporta la intemperie. Rodolfo destaca que Tinkuy es el lugar ideal para acoger manifestaciones artísticas, como la exposición fotográfica que se exhibe por estos días dedicada a las primeras mujeres que estudiaron en la PUCP.

La flexibilidad de sus espacios interiores lo convierte en lugar de estudio, ambiente propicio para reuniones, comedor y salón de estar. Hay alumnos (y profesores) que lo utilizan hasta para hacer la siesta. Antes de Tinkuy los estudiantes solo tenían el pasto de los jardines para descansar o hacer vida social.

Lo que viene ahora es la segunda etapa de Tinkuy. Antes de 2020 deberá lucir los cinco pisos que prometía la maqueta original de 2009. Los alumnos dispondrán de más espacios para combinar estudio, comunicación y reposo.

A gran escala. Cientos de alumnos utilizan el aulario (izquierda) y los ambientes del CIA entre clases. Foto: Jimena Rodríguez Romaní.

 

Un lugar para las amaneCIAs

El año 2011 registra dos hechos importantes en el desarrollo de la infraestructura académica de la PUCP: se inauguró Tinkuy y también se lanzó el concurso para el diseño de la biblioteca de ingeniería. Nuevamente un proyecto presentado por el estudio Llosa-Cortegana quedó en primer lugar. En junio de 2013 empezó la construcción del Complejo de Innovación Académica (CIA) que integraría el aulario y la biblioteca.

Patricia y Rodolfo explican que Tinkuy y CIA representan etapas distintas. Para CIA se disponía de un presupuesto mayor y por tanto el diseño fue más sofisticado. La universidad quería que la biblioteca no tenga nada que envidiarle a otras bibliotecas universitarias del mundo. En CIA, además, se reinterpreta un concepto aplicado en Tinkuy: la escalera. Si hay algo que te va a confrontar con tu cuerpo por más que estés con un celular o caminando de manera distraída es la escalera. “Si la escalera de Tinkuy (la que da para el Tontódromo) nos parecía impresionante; la de la biblioteca es como una explosión a otra escala”, explica Rodolfo. Tinkuy fue un reto profesional para dos arquitectos habituados a construir viviendas, pero el diseño del Complejo de Innovación Académica resultó un desafío todavía mayor.

Inaugurado a fines de 2014, CIA tiene dos ambientes diferenciados: la biblioteca de ingeniería y el aulario. Las bibliotecas de las facultades de Arquitectura, Ciencias, Estudios Generales Ciencias e Ingeniería están ahora allí. Rodolfo destaca que el CIA es un espacio para el aprendizaje activo y colaborativo. Hay aulas equipadas con lo último en tecnología, carpetas fácilmente trasladables y una estantería abierta.

En un principio se pensó construir un solo edificio que albergara la biblioteca y el aulario. Pero luego de discutirlo con las autoridades de la universidad, se decidió separarlos con dos fines: mostrar el camino inca y contar con una playa de estacionamiento adicional en los sótanos. “El muro inca estaba detrás, pocas personas sabían de su valor arquitectónico”, afirma Patricia.

Este complejo fue construido con materiales biodegradables y bajo estándares sostenibles. Tiene la certificación LEED (Leadership in Energy & Environmental Design) en el rubro de nueva construcción, con la categoría Oro para el edificio de aulas y la categoría Plata para la biblioteca. En el caso del aulario, es el grado más alto alcanzado por un edificio dentro de una universidad en el país. En el Perú solo existen 18 edificios con certificación LEED y seis de ellos han obtenido el nivel Oro.

Ergonómico. La arquitectura del CIA permite estudiar o descansar con tranquilidad y libertad. Foto: Jimena Rodríguez Romaní.
Ergonómico. La arquitectura del CIA permite estudiar o descansar con tranquilidad y libertad. Foto: Jimena Rodríguez Romaní.

El diseño de la biblioteca busca espacios silentes en los últimos pisos y menos silentes en el lobby. Aunque siempre con el propósito de que los estudiantes sientan libertad y comodidad. La idea es que cojas un libro del estante, te sientes donde quieras y lo disfrutes a tu manera. Es por eso que en CIA incluyen un estándar de confort mucho más alto que en Tinkuy, con un mobiliario más ergonómico y amable.

“Para hacer un aulario, tú necesitas un pasadizo y salones. Lo que hicimos fue generar espacios de encuentro, como ‘mini tinkuys’, a través de las ‘cajas’ y la escalera”, explica Patricia. Los alumnos llegan a estos ambientes antes o después de sus clases. Desde sus ventanas tienen una panorámica de la universidad. La vista va desde el camino inca hasta el mar del Callao. El aulario y la biblioteca de ingeniería han sido construidos con estructuras de aislamiento sísmico que los protegen del efecto devastador de un terremoto. En 2016 CIA ganó la Bienal de Arquitectura de Quito.

El complejo también se ha vuelto un espacio utilizado para lo que ahora se conoce como las  ‘AmaneCIAs’ de los estudiantes en vísperas de parciales y finales. Ellos pueden quedarse en sus ambientes a estudiar y salir a la mañana siguiente a rendir sus exámenes.

 

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Patricia va a la biblioteca del CIA por unos libros y contempla su obra con satisfacción. A veces recorre casi todo el Tontódromo con la excusa de tomar un café, pero en realidad lo que hace es visitar Tinkuy. Ve a cientos de jóvenes disfrutando de los espacios que ella y Rodolfo diseñaron. “La gente vive y experimenta el espacio de maneras que uno nunca hubiese imaginado”, concluye Patricia.  Lo cierto es que el propósito inicial para el que fueron construidos ambos edificios se ha cumplido a plenitud.

Rodolfo Cortegana y Patricia Llosa suelen pasear por los edificios que diseñaron.