A solo cinco días de que culmine el año 1980, limeños y limeñas despertaron con un insólito hecho: siete perros muertos yacían colgados en semáforos de distintos cruces de calles del centro de la ciudad. Estos actos fueron una primera muestra de la violencia que ocasionaría el grupo terrorista Sendero Luminoso en Lima más adelante.

Por Rossdela Heredia

 

Viernes 26 de diciembre de 1980. Seis de la mañana. Lima despertaba luego de las celebraciones navideñas y la gente empezaba a movilizarse hacia sus centros de trabajo. Con casi cinco millones de habitantes, la capital del país encabezaba las actividades económicas, políticas y sociales. A lo largo de las calles y avenidas del centro de la ciudad, se podían encontrar las principales sedes de distintos organismos estatales, bancos y negocios. El flujo comercial era muy dinámico. La avenida Tacna, con sus altos edificios, era un ejemplo de ello.

Pero esa mañana ocurrió algo catalogado como ‘macabro’ por la sociedad de la época. En un poste del cruce de las avenidas Tacna y Nicolás de Piérola, frente al concurrido restaurante “Mario”, amarrado con una manguera plástica verde, yacía colgado un perro negro con un cartel de madera que decía “Cuidado, bomba de tiempo, explota en cualquier momento”. La muchedumbre que transitaba por esta concurrida zona de Lima temió lo peor. Las llamadas al Escuadrón de Emergencia de la Guardia Civil no se hicieron esperar. Lo primero que hizo la policía al llegar fue alejar a las personas que se encontraban alrededor del can, de acuerdo a fotografías de aquel día. Luego procedió a despejar a los automóviles que circulaban por las avenidas colindantes.

Una vez realizado todo ello, se procedió a descolgar al animal y desactivar el cartucho de dinamita que portaba consigo, el cual resultó siendo falso. Armando Mellet, jefe del Escuadrón de Emergencia de la Guardia Civil, declaró a los medios de comunicación de aquella época que el can fue golpeado a palos, estrangulado y, finalmente, colgado en el poste. Además, le pusieron en su hocico un tubo de plástico envuelto en papel marrón. El ensañamiento con el pobre animal era indignante y repulsivo.

Si bien el perro colgado en esa intersección fue el primero que se reportó a las autoridades, no fue el único caso de aquel día. Paralelamente, el Escuadrón de Emergencia fue recibiendo más llamadas que describían un escenario similar. En total, siete perros pendían en diferentes postes del centro de Lima. Los autores los habían colocado estratégicamente en cruces muy frecuentados por la población. Estos animales también tenían carteles, pero con mensajes contra Teng Siao Ping (o Deng Xiaoping), máximo líder político de la República Popular de China, y quien liberalizó la economía del país comunista.

Los otros casos ocurrieron en las siguientes ubicaciones: avenida Tacna Nº 413, frente a la iglesia de las Nazarenas. A dos cuadras, en el cruce de jirón Moquegua con la avenida Tacna, también se encontró otro perro. Ocurrió igual en los cruces de la avenida Emancipación con jirón Camaná, jirones Lampa y Cuzco, jirón Lampa y la avenida Nicolás de Piérola; y las avenidas Abancay con Nicolás de Piérola —cerca a una de las puertas del entonces Ministerio de Educación.

Transeúntes miran con estupor a un perro colgado de un poste en el cruce del jirón Moquegua con la avenida Tacna. Foto: Correo

Tal vez el perro con el que más se habían ensañado era uno que tenía una tela atada a su cuerpo que decía “Teng Siao Ping hijo de perra”. La cabeza del animal había sido destrozada a golpes. Al final del día, todos los canes ya habían sido descolgados. Las autoridades atribuyeron estos hechos a grupos políticos vinculados o simpatizantes de algunas de las facciones del Partido Comunista Chino y la denominada “Banda de los Cuatro” —un grupo compuesto por Jian Qing, viuda de Mao Tse- Tung, Zhang Chunquiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen. En aquel entonces, ellos se encontraban sometidos a un juicio público en la República Popular de China por supuestos delitos que habían cometido durante un periodo de la historia china conocido como la “Revolución Cultural”.

Pese a que en su momento, ninguna organización política se atribuyó los hechos ocurridos aquella mañana del veintiseís de diciembre, años más tarde, la agrupación terrorista Sendero Luminoso, de ideología “marxista-leninista-maoísta”, fue sindicada como autora de estos sucesos. El partido, liderado por Abimael Guzmán Reynoso, había iniciado sus acciones subversivas el 17 de mayo de 1980 en Chuschi, un pueblo de Ayacucho. A solo un día de que se celebren elecciones presidenciales tras dieciocho años de dictadura militar, miembros senderistas robaron del almacén municipal las ánforas que serían utilizadas para las votaciones y las quemaron. En Lima, la capital del país, no se le prestó tanta atención a este acontecimiento.

Sin embargo, la aparición de estos perros colgados en las calles fue una de las primeras muestras de lo que vendría. Según una investigación de Desco titulada “Violencia política 1980-1998”, al finalizar el año 1980, ya se habían cometido 219 atentados terroristas en todo el país. Habíamos regresado al orden democrático, pero al mismo tiempo iniciábamos uno de los capítulos más violentos de nuestra historia.

Por otra parte, era muy conocida la admiración que sentía Abimael Guzmán —también conocido como el camarada ‘Gonzalo’— por Mao Tse Tung, quien encabezó la revolución China en 1949. Guzmán viajó dos veces al país oriental para formarse en la escuela política y militar del régimen de Mao. Su primer viaje, realizado en 1965, es descrito por Guzmán como una de las experiencias más trascendentales e imborrables de su vida.

Entre los cursos que llevó en China, destacan el estudio de la situación internacional centrada en la lucha contra el revisionismo y el internacionalismo proletario, el aprendizajes de leyes y experiencias de la revolución democrática China; y charlas magistrales sobre la aplicación del pensamiento Mao Tse Tung, según un manuscrito hecho por el mismo Guzmán y publicado en el libro “Abimael: El sendero del terror”, de Umberto Jara.

Durante su segundo viaje en 1967, ya se había iniciado el periodo conocido como la “Revolución Cultural”, en el que se calificaba a Teng Siao Ping como “seguidor del camino capitalista”, llamándole “perro”, según cuenta Carlos Tapia, ex miembro de la Comisión de la Verdad. Tras la muerte de Mao en 1976 y la caída de su sucesor Hua Guofeng, Teng Siao Ping asume el liderazgo de China, lo cual es visto con desagrado por los seguidores de Mao, ya que lo consideraban un traidor. La expulsión de la “Banda de los cuatro” del partido Comunista y el posterior juicio hacia ellos, exarcebó a los seguidores de la Revolución Cultural, entre ellos a Abimael Guzmán.

“Por eso Abimael Guzmán mandó a colgar a esos perros. Fue como un mensaje que quiso dar para que el mundo supiera que en el Perú había un grupo de comunistas, maoístas, y sobre todo seguidores de la Revolución Cultural que odiaban al ‘perro de Teng Siao Ping’”, comenta Tapia. Estos actos tuvieron lugar el día del nacimiento de Mao: el veintiséis de diciembre. Nada fue casual.

Aquellos eventos coincidieron con la captura de Edith Lagos, joven lideresa senderista, un día antes de la muerte de esos canes. Lagos fue detenida en la ciudad de Huamanga y trasladada de inmediato a Lima. La revista Caretas fue el único medio de comunicación que resaltó una relación entre ambos hechos. “Al día siguiente [del aprisionamiento], la ciudad fue convertida en inusitado escenario de la última hazaña senderista: la matanza de varios perros callejeros, en cuyos hocicos se colocó dinamita”, cuenta Caretas. La revista también califica estos actos como “crueles, absurdos, demenciales y que escapan a toda lógica”.

La foto que acompaña a ese reportaje es quizás una de las más conocidas sobre el Conflicto Armado Interno peruano. La leyenda que acompaña la imagen dice: “En el Perú hay una organización que se considera en guerra contra todos— perros inclusive— trasladando al medio local los problemas de Teng Siao Ping, a cuya progenie se refiere abundantemente». En la fotografía, tomada por Carlos Bendezú, se observa a un policía trepado a un poste de la esquina de jirón Moquegua con la avenida Tacna, tratando de bajar a un perro ahorcado que yace ahí. Con asombro o temor, un hombre se encuentra a pocos pasos del poste en cual el can ha sido colgado. Otras tres personas también se encuentran paradas en esa esquina. Esta imagen, actualmente, forma parte de la muestra fotográfica Yuyanapaq: Para recordar, que se exhibe en el Museo de la Nación hasta el año 2026.

Policía de la Guardia Civil baja a un perro colgado de un poste ubicado en el cruce del jirón Moquegua con la avenida Tacna. Foto: Carlos Bendezú/Caretas

La vida en el centro de Lima: treinta y ocho años después

De lo ocurrido aquella mañana, solo quedan pocas fotos de planos abiertos que detallan más el espacio en el que yacían estos perros muertos. Son las imágenes tomadas por el diario La Crónica, Correo y los negativos de la revista Caretas. Gracias a ellos, se pueden hallar fácilmente dos ubicaciones de las siete enumeradas al inicio de esta crónica: los cruces de las avenidas Tacna y Nicolás de Piérola y el cruce del jirón Moquegua con la avenida Tacna. De los postes que aparecen en las fotografías, no queda nada, puesto que fueron reemplazados al día de hoy.

Pasoenlima.com recorrió estas avenidas para constatar cómo habían cambiado treinta y ocho años después. A inicios de la década de 1980, en la avenida Tacna se concentraban edificios que albergaban sedes de empresas como Yanbal, joyerías, comercios de telas, agencias de viajes, grandes tiendas y edificios que funcionaban como departamentos familiares. Hoy en día, la realidad es otra: con el aumento del terrorismo en Lima, la avenida Tacna dejó de ser el lugar preferido para aquellos negocios, quienes durante la década de los noventa se trasladaron a otros puntos de la ciudad, como San Isidro o Miraflores. En el cruce con Nicolás de Piérola se encuentra el edificio Tacna – La Colmena, uno de los más altos de Lima, que acogía uno de los locales del Banco Popular del Perú y también al famoso cine Colmena. Frente a esta construcción se colgó a uno de los perros, el primero que fue reportado al Escuadrón de Emergencia de la Guardia Civil.

Actualmente, aquella zona está venida a menos. En aquel edificio, de 84 metros de altura, hay un local de tragamonedas desde hace varios años; mientras que el espacio que albergaba el cine Colmena, cuya entrada permaneció clausurada con bloques de cemento desde el 2015 por presuntamente favorecer a la prostitución, está ad portas de inaugurar un nuevo negocio.

Por otra parte, el cruce del jirón Moquegua con la avenida Tacna ya no luce aquel afiche de la asociación César Vallejo que promocionaba clases para el examen de ingreso a la Universidad Nacional de Ingeniería de 1981, ni aquel otro cartel que publicitaba fiestas infantiles, showers y matrimonios. Si bien el edificio de diez pisos que aparece en la foto de Caretas continúa en pie; en el primer piso se encuentra un restaurante chifa abierto hace menos de diez años. Frente a él, hay un local de Sodimac inaugurado en el 2008.

La avenida Tacna continúa siendo una de las más transitadas de Lima, sin embargo pocas personas, principalmente jóvenes, desconocen que hace casi cuarenta años atrás, esta zona fue escogida para dar una de las primeras señales de la guerra interna que viviría todo el Perú entre 1980 y el año 2000.

Cruce de las avenidas Tacna y Nicolas de Piérola hoy en día. Foto: pasoenlima.com

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