Descubrió su talento cuando era una adolescente. Desde entonces se sumergió en el mundo del hip hop. Poco después empezó a ganarse la vida haciendo trenzas urbanas, mientras se lanzaba a rapear primero en casa, luego en el colegio y más tarde después de clases. Hoy es una rapera que construye su fama en un circuito alejado del mainstream limeño. Cuando va de gira a provincias, los fans la rodean de pronto y le piden autógrafos. Anaís Quispe, La Torita, defiende a través del rap aquello que cree debe ser escuchado.

Más de cinco millones de visitas registra en YouTube el videoclip Noche y Día donde ella participa.  La Torita es una de las figuras del sello discográfico LanzaPe Records. Sin embargo su fama no es solo virtual. Hace poco regresó de una gira exitosa por Tacna, Arequipa, Puno y Bolivia. “La gente en provincia tiene otra onda, es más intensa”, dice La Torita. Tiene veintisiete años y más de diez los ha dedicado al rap, género musical que, asegura, es el mejor del mundo…

Son las 4:30 de la tarde en el estudio de DJ Prax, ubicado en Surco. Víctor o ‘Cuchillo’, el representante de La Torita, abre la puerta. El pequeño departamento está plagado de stickers de sellos discográficos, marcas de ropa urbana y frases conocidas del hip hop. Sobre las paredes destacan grafittis hechos por sus amigos. Desde una esquina, La Torita saluda mientras se delinea los ojos con el rímel que saca de una cartera negra de charol.

Dentro de tres horas La Torita tiene que estar en Manchay. Allí ofrecerá un concierto por el cumpleaños de un amigo. A pesar de que tendrá que viajar de Surco hasta Manchay y luego regresar a su casa, en el Callao; lo asume tranquila, sin mala gana.

Mientras termina de delinear sus ojos y retocarse un poco los labios, bromea con Cuchillo y DJ Prax, quien le mezcla la música de sus temas. A pesar de mostrarse muchas veces ruda, quizás para sintonizar con un ambiente predominantemente masculino, La Torita tiene canciones como Te adoro, en la que, como cualquier chica que empieza a sentir mariposas por el chico que le gusta, rapea, a su estilo, el significado de ser amada: “Contigo me siento sexy, ruda, cruda, segura”.

El talento de La Torita viene de familia, o al menos hay influencias que reconocer. Toro, su hermano, y a quien debe el seudónimo, la introdujo en este universo de improvisaciones, estrofas y poesía urbana. El cariño y amor que siente por él y sus seis hermanos es difícil de describir. No se puede escoger a la familia, pero sí a quiénes querer más, y ella eligió a esos seis chicos.

Gracias a su hermano Toro aprendió a ser estilista de trenzas urbanas, aquellas que van pegadas a la cabeza y que usan muchos cantantes de hip hop. A ese arte se dedica en el tiempo que le queda entre conciertos. Descubrió este talento cuando era chica. De niña acompañaba a su hermano a las barberías a hacerse estos raros peinados nuevos y se quedaba fascinada. Ahora, quince años después, tiene un servicio de trenzas a domicilio llamado Tejido Urbano. Sostener dos empleos puede dejarla exhausta al final de la jornada, pero eso no le desagrada. Su rutina es ajetreada, pero jamás aburrida.

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El hip hop llegó al Perú en los años ochenta, en medio de una década llena de conflictos sociales y caos político interno. Se difundió con la película Beat Street y se vuelve popular debido a que por primera vez muestra la singularidad de una subcultura urbana: el hip hop. En los años noventa aparecieron músicos que empezaron a expresar las realidades y problemas que el país enfrentaba. La protesta a través de la rima sigue siendo un elemento importante en las canciones de muchos raperos, incluyendo a La Torita.

A través de la rima, La Torita manifiesta su postura a favor del consumo de marihuana. La rapera y sus amigos tienen su posición bien definida. DJ Prax alza la voz respecto a este tema: “Autocultivo, nada de comprarle al traficante”. La Torita añade: “Una cosa es legalizarla y andar todos por ahí felices fumando por la calle, eso no va a pasar. Tiene que haber ciertas reglas, no vas a estar fumando delante de un niño”. La mayoría de sus amigos, asegura, prefiere fumar hierba antes de tomar alcohol. “Con el alcohol ¿qué haces? Te emborrachas, vomitas, y te sientes recontra mal al día siguiente. En cambio con la marihuana estás más tranqui, cero resaca”. Las canciones Noche y día y Lánzame ese bate demuestran con nitidez sus ideas en torno a la legalización del cannabis. La Torita defiende su posición a pesar de los comentarios negativos que recibe por hacerle apología a esta droga.

La violencia contra la mujer es otro de los temas que se ha atrevido a tocar en las letras de sus canciones: “El hip hop no es solo un género musical, es una herramienta de lucha social. Yo creo que es necesario hablar del machismo, de los feminicidios que se cometen. Yo sigo con este propósito, con los cambios que quisiera que se den”. Aunque tiene amigos que le han dicho que no les parece que use el rap para este motivo –‘amigos sinceros’ les dice ella– ha encontrado gente y otras amistades que respetan sus decisiones.

 

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La Torita, Karolina, Blue y SofGab son cuatro raperas que a través de su música “combativa, bonita y de lucha”, tal como lo describen en su página de Facebook, han logrado la presencia de la mujer peruana en este género musical. Su grupo, Hermanas del Underground o H.D.U. en escena, es más que un proyecto para La Torita, “es algo más fuerte” comenta, tal vez por el hecho de que en vez de llamarlas compañeras de trabajo, las considera sus hermanas. Estas cuatro chicas se conocieron en diversos eventos en los que el talento y estilo único de cada una fue motivo para crear H.D.U. y demostrar que el hip hop no es solo para hombres.

DJ Prax y La Torita en pleno ensayo. Foto: Jimena Rodríguez.

 

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La Torita está preocupada porque ha olvidado el CD con sus pistas; si no las lleva no tiene cómo cantar en Manchay. Cuchillo va a comprarle un CD en blanco a pedido de la rapera. Mientras tanto, ella piensa en el trayecto que tiene que recorrer. Ha empezado a dudar: voy o no voy.

DJ Prax deja de mezclar sonidos para ponerse a limpiar el lugar con la ayuda de Sandra, su enamorada. Saben que el departamento se tiene que ver bien antes de las fotos y los videos. Mientras siguen con los quehaceres, Cuchillo recuerda las historias que vivieron con DJ Prax y la rapera en sus giras por todo el Perú. “Cada viaje tiene su mística”, dice La Torita.

El cariño de la gente de provincias es otra cosa. A diferencia de Lima, donde estos artistas urbanos son unos transeúntes más de la ciudad, allá se convierten en celebridades. En Trujillo, cuenta ‘Cuchillo’, la gente los saludaba y pedían fotos mientras caminaban por la calles. En Tacna los fans hacían que Karolina o El Paisa, otros raperos de la escena local, les firmen sus polos. En Cusco salieron en MTV, aunque DJ Prax aclara que esta es la sigla de Machu Picchu Music Television.

Los ensayos que tienen La Torita y DJ Prax empiezan con un ritual: antes de ubicarse detrás de las mezcladoras, él saca un pañuelo con la imagen de una calavera, lo dobla por la mitad y se lo amarra debajo de la nariz. De ese modo transforma su rostro: la parte superior es la de un ser vivo, la inferior, la de un muerto. La Torita, al otro lado de la sala, se para y empieza a bailar unos pequeños pasos de salsa. “¡Si yo te digo hip hop, tú me dices latino!”, exclama aparentando estar en uno de sus conciertos. Luego, con esa misma energía, imita los gritos de respuesta del público. Así empieza a cantar la primera canción en uno de sus últimos ensayos antes de la gira. Termina el primer bloque de canciones molestando en buena onda a su representante: “Tienes que sacarme contrato pe’”, le reclama en broma. La Torita goza cada minuto de su trabajo.

Cada año se descargan millones de canciones en Apple Music y Spotify. El ranking Billboard premia a los cantantes o bandas de los temas más pedidos en el mundo. Ganar un Grammy es señal de que un músico ha llegado a la cima de su carrera. Para estos artistas urbanos, en cambio, la fama o el éxito se mide a través de su impacto en el mercado de la piratería. “Cuando alguien se ha dado el trabajo de piratear tu chamba, es que realmente llegaste a la gente”, explica Cuchillo. Prax y La Torita han vivido esta última experiencia. En Cusco encontraban vendedores de CDs piratas con sus canciones o escuchaban en las calles a chicos que habían descargado las mezclas de internet para imitar e improvisar como sus artistas favoritos.

Son casi las siete de la noche y La Torita ya no tiene tiempo para llegar a Manchay. “Ya no la hago”, dice exhausta, mientras se sienta con los demás a ver videos en Netflix. La Torita también tiene derecho a estar cansada. Luego de reírse un rato, viendo los clips graciosos en la televisión de DJ Prax, decide irse con Cuchillo. “Tengo hambre, vamos a comer pe”, le dice a su representante a la salida del departamento. Ambos caminan hacia el mercado de Precursores, frente al estudio, en busca de algo con qué engañar el estómago. “Una ensalada de frutas, algo sin grasa”, recalca ella, que quiere estar bien para su gira.

De vuelta a las calles, la artista con más de cinco millones de visitas en YouTube, entrevistada en canales de televisión, calificada como musa urbana en revistas y con giras en provincia y fuera del país, regresa a ser Anaís Quispe, la chica de no más de un metro cincuenta, de ojos finamente delineados, pero de apariencia guerrera y caminar decidido. La Torita vuelve a confundirse entre el mar de gente, citadinos que no tienen la más mínima idea de con quién comparten el asiento del micro.

 

Sobre El Autor

Jimena Rodríguez

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