El español va ganando cada vez más espacios en China, la nación de mayor crecimiento económico en el mundo. Hoy cada vez más jóvenes lo estudian como carrera universitaria.

Por: Julio Panduro

Con la apertura de la nación asiática a la comunidad internacional, especialmente en el campo diplomático y el intercambio comercial, la necesidad de conocer una o varias lenguas se ha convertido en una prioridad que el gobierno chino intenta satisfacer con la creación de carreras universitarias vinculadas a los idiomas foráneos en todo el territorio nacional.

En ese contexto, el español ocupa un espacio importante junto al inglés, porque ambos se enseñan incluso en las escuelas de educación secundaria de todo el país.

Una explicación es el abanico de posibilidades laborales para aquel estudiante que opta por el español. La mayoría de egresados universitarios del idioma se coloca en cargos ofrecidos por el Ministerio de Relaciones Exteriores y las diversas empresas chinas que invierten en los países de América Latina cuya lengua oficial es el español. El resto se ubica como traductores simultáneos o consecutivos, investigadores de la cultura hispanoamericana, académicos en historia y literatura, maestros de escuela y docentes universitarios, entre otros.

En junio de cada año, un aproximado de diez millones de estudiantes en la República Popular China rinden una prueba definitoria para su futuro profesional: el gaokao. Se trata de un examen de admisión similar al que brindan las universidades peruanas, pero de mucha más exigencia con las materias obligatorias de matemáticas, lengua china y un idioma extranjero. Aprobar el gaokao es la única manera que tienen los estudiantes para entrar a una universidad, y en un país como China, tener un grado universitario es esencial para acceder a un empleo.

Con esta prueba encontramos el primer indicador de cómo el idioma español va captando el interés de los jóvenes en esa nación. Miles postulan a la carrera de filología hispánica, literatura hispanoamericana, traducción simultánea, entre otras especialidades que las universidades chinas ofrecen para enseñar la lengua de Cervantes.

Ante la demanda del idioma español, muchos profesores son contratados en China.

Esfuerzo gubernamental

El gobierno chino le ha dado un importante impulso al aprendizaje de lenguas porque está consciente que, en su objetivo de incorporarse a la comunidad internacional, la lengua china es una valla difícil de superar y prefiere preparar a sus jóvenes en el manejo de otros idiomas para lograr la inserción de su país al mundo, y en ese empeño, el español gana protagonismo.

En el siglo pasado, China enfocaba esfuerzos en aprender ruso y japonés, sus poderosos vecinos que en décadas anteriores tenían una marcada influencia en el mundo. Pero hoy los papeles han cambiado, y el gigante asiático se ha convertido en una de las naciones de mayor expansión, y para potenciar esa posición, ha fortalecido sus vínculos con América Latina y el Caribe, la región de mayor expectativa en crecimiento y desarrollo.

Guo Cunhai, director del Departamento de Estudios Multidisciplinarios del Instituto de Estudios Latinoamericanos de China, considera que la mayor prueba de ese interés es la visita constante de Xi Jiping, presidente de la nación oriental, a los países latinoamericanos. “Y en ese contexto, la enseñanza del español ha aumentado exponencialmente en la última década. Como instituto, nosotros elaboramos estudios académicos y brindamos asesorías en español, y además, nos hemos convertido en proveedor de ideas al gobierno en sus políticas de acercamiento entre China, América Latina y el Caribe”, comenta.

A través de su revista bimensual, el Instituto de Estudios Latinoamericanos ha difundido para el público chino, desde 1979, un aproximado de 3,000 artículos en español sobre temas jurídicos, económicos, culturales y relaciones internacionales, tanto en aspectos teóricos como prácticos. Y lo importante es que sus colaboradores, todos menores de 40 años, son intelectuales chinos que manejan el español de manera solvente y fluida.

La disciplina china impulsa a los estudiantes a aprender un idioma complicado para ellos.

Interés creciente

El aprendizaje del español no es fácil para los chinos, sobre todo porque su aparato fonético enfrenta un reto que pocos superan: la pronunciación de la letra “r”, sonido inexistente en su lengua. Solo la práctica y la lectura constante permiten que esa dificultad desaparezca, lo cual revela que los chinos no se amilanan y enfrentan al español como un desafío.

“Basta con revisar algunas cifras”, sostiene Lou Yu, secretaria general de la

Asociación China de Estudios de la Literatura Española, Portuguesa y Latinoamericana. Entre 1999 y 2017, la cantidad de facultades en español aumentó de 12 a 104; y de 500 alumnos la cantidad subió a 20,000. Un hecho curioso ocurre con estos jóvenes, quienes al iniciar estudios en español adoptan un nombre en este idioma, que suelen tomar de novelas o poemas. Así, tenemos una variedad de estudiantes que se llaman Josefina Ling, Fausto Fang o Viviana Mengzi.

En 2010, el Ministerio de Educación de China lanzó el programa Bases de Estudios de Área y País, y en 2015 estableció las Medidas Provisionales para su construcción. Como resultado, los centros dedicados a América Latina prosperaron en China. Para 2018, ya contaba con 60 centros que estudiaban América Latina y sus países, de los cuales el 70% se fundó en los últimos cinco años.

Y no se trata solo del incremento del número de facultades y estudiantes. En una investigación reciente realizada por Lou Yu, se ha descubierto que desde la Revolución China en 1949, se ha registrado un aumento en la traducción de libros de la literatura hispanoamericana y lusa. Desde esa fecha se han publicado 506 libros traducidos del español o portugués al chino, todas obras literarias que ocupan un lugar preferencial entre los bibliófilos de China. “Que despierte el leñador”, de Pablo Neruda, fue el primero de los libros en nuestro idioma que fue traducido a la lengua de Confucio. Si en los primeros años los textos eran de corte ideológico, con el boom de la literatura latinoamericana los libros con mayor número de traducciones fueron aquellos que reflejaban la sensualidad y cadencia del lenguaje español.

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