Aunque empezó como un campo de exhibición industrial para empresarios, con el tiempo se convirtió en el eje del entretenimiento y de las novedades que alborotaban las Fiestas Patrias de los limeños. Las presentaciones de grandes artistas y reconocidas trasnacionales marcaron una época. Cuarenta años después de su fundación, una ordenanza de la Municipalidad de Lima para urbanizar el terreno de San Miguel acabó con su dinámica.

Por Sthefanny Carrión

 

Gösta Johansson era un joven sueco a quien sus padres le inculcaron desde muy pequeño a ser parte de la economía del hogar, ser independiente y tener responsabilidades. Ya de joven desde Malmö, su ciudad natal, envió cien cartas con catálogos a las empresas ferreteras de América Latina para venderles desde colgadores de cuadros hasta perforadores de concreto. En respuesta, recibió diez cartas que lo convirtieron en representante y exportador internacional de diez empresas latinoamericanas. Después de eso, Gösta decidió cambiar su apellido Johansson, el más común de ese país, por Lettersten en honor a las diez cartas (ten letters) que cambiaron su vida.

Años después ya en Lima, Gösta Lettersten observaba junto a su hija el terreno que acababa de adquirir en San Miguel mientras buscaba una solución para pagar todas las deudas que lo aquejaban. Entonces se le ocurrió. Iba a excavar un metro de profundidad y vender los 240mil metros cúbicos de tierra arcillosa que tenía por delante a empresas ladrilleras. Con ese dinero viajaría a Europa en busca de gobiernos extranjeros que “compren” su idea de construir una feria. Así financió la creación de “La Feria del Pacífico”, inaugurada en 1959.

Tuvo como primer público a empresarios de industrias especializadas que iban desde agricultura hasta minería. En 1963, surgió la idea de convertirla en una atracción para el público en general, pues el mercado peruano estaba en expansión y la variedad de expositores significaba una mayor diversidad de productos. Cambió el nombre por “La Feria del Hogar” y poco a poco la dinámica de este evento fue evolucionado.

Asistentes de la 17ma Feria del Hogar saliendo del recinto. Fuente: Netjoven.pe

Sin embargo, esta exposición no era inmune a los sucesos económicos y políticos que afligieron al país. Durante el primer gobierno de Alan García, la feria recibió uno de sus golpes más fuertes. La hiperinflación ocasionó que los expositores extranjeros retiraran su participación, y los organizadores quedaron en aprietos.

Michelle Lettersten, hija del fundador, aún mantiene frescos los recuerdos de aquellos días de grandes cambios en la feria. Ella cuenta que ante la escasez de grandes expositores, la solución tocó sus puertas por sí sola. “Las grandes industrias, cuyos estands ocupaban 60 metros, se convirtieron en pequeños estands ocupados por un montón de microempresarios peruanos”. Michelle aún es la directora de la organización ferial, pues aunque la antigua ya no exista, los organizadores continúan hasta hoy con exposiciones en diversos recintos.

La atracción adquirió un tinte más popular cuando acuñaron la frase célebre “Te llama la llama”, utilizada para sus curiosos comerciales, y cambiaron su misión para presentar “De todo para todos”: Desde columpios hasta videojuegos, desde venta de muebles hasta zapatos, desde electrodomésticos hasta discotecas. El recorrido garantizaba realmente de todo para todos.

Durante cuarenta años, Emma Figueroa no se perdió ninguna edición de esta atracción e incluso participó como expositora dos años seguidos en la sección de electrodomésticos por los quince días en los que se realizaba la feria. El evento coincidía con las vacaciones escolares de medio año, lo que le permitía a la señora Emma compartir más tiempo con sus hijos. Acabado su turno en el estand, paseaba junto a ellos en búsqueda de los personajes famosos de Disney. De este modo, en lugar de estar ella en casa y los pequeños con sus amigos, juntos iban a disfrutar de todo lo que la feria tenía para ofrecer. Acudían solo para pasear pero nunca se iban sin comprar algo; los adultos felices y los niños exhaustos por tanta diversión.

Juegos visitados por miles de peruanos. Foto: Archivo histórico El Peruano

Giancarlo Rodríguez, sanmiguelino de nacimiento, recuerda también cómo solía participar en juegos para ganarse polos estampados de sus personajes favoritos de Cartoon Network. Solía reunirse con sus mejores amigos del colegio en la puerta de ingreso y esperaban a que familias o parejas jóvenes ingresaran para entrar con ellos, pues los niños de hasta 12 años no pagaban entrada si iban acompañados. Los boletos costaban doce soles por día o cincuenta para las dos semanas de atracciones.

Su recorrido por cada uno de los pabellones iniciaba y terminaba en los estands de comida: “primero nos íbamos a comer, luego a jugar, de ahí recorríamos todo lo que podíamos de la feria y terminábamos pasando por los bocaditos que daban para probar. Eso era muy genial porque cuando te hacías su amigo terminaban regalándote la comida antes de cerrar. Recuerdo que una vez una señora me terminó regalando todos los churros que le quedaban y yo llegué a casa con una bolsa de 30 churros, mi madre estaba muy feliz” cuenta con alegría.

Habían juegos gratis y juegos de paga, pero por un buen tiempo las atracciones principales eran simuladores del Colca, la nave de Alien, aventuras en el Amazonas, la casa del terror o el “Mundo del Agua” que era de Sedapal. Rodríguez recuerda con fascinación sus interminables recorridos en bote en el pabellón del Amazonas, donde conoció sobre los delfines rosados y los monos aulladores. “Entrábamos casi todos los días, ya lo conocíamos de memoria pero igual íbamos” relata. En su recorrido también disfrutaba de los pasacalles y caporales o aprovechaba conocer todo el parque con el tren ferial.

El estelar de la feria

El grupo organizador decidió incluir conciertos entre su programación. “Como teníamos un auditorio para capacidad de 3mil personas [tuvimos la idea de] traer un cantante e Ismael Miranda, el salsero, fue el primer artista en venir a la feria” cuenta Michele.

Felipe Lettersten, hijo del fundador, fue quien tuvo la idea de aprovechar los espacios que tenían y convertirlos en los escenarios “El auditorio” y “El Gran Estelar”. Personajes como Patricio y Pedro Suarez Vertiz o Gianmarco eran infaltables. Sin embargo, El Gran Estelar, con una mayor capacidad para el público, recibía a cantantes internacionales como Celia Cruz, Héctor Lavoe o Charly García.

El escenario de la Feria del Hogar con mayor capacidad. Foto: Feria Internacional del Pacífico

Entre sus recuerdos de la feria, Michelle Lettersten atesora las encuestas del público asistente que ella misma solía realizar a los visitantes junto a su equipo. En ellas veía reflejado lo que era más preciado para la gente sobre la feria, le permitía saber lo que hacían bien y qué corregir para el siguiente año. Una de las estadísticas de las que más le gusta hablar es sobre la respuesta que le daban cuando preguntaba “¿por qué viene usted a la feria?”

Un significativo número de visitantes acudía por los preciosos jardines. La decoración estaba a cargo de Irene Lettersten, su madre y es gracias a ella que fueron premiados por la Unión de Ferias Internacionales (UFI) como la feria más bonita y limpia del mundo en múltiples ocasiones.

El principio del fin

Para tristeza de muchos, la Feria del Hogar se vio envuelta en una serie de circunstancias que la llevaron a su cierre.

La tragedia ocurrida durante el concierto de Servando y Florentino fue la primera dificultad que tuvo la feria antes de que llegara a su fin. Eran las 8pm del 5 de agosto de 1997 y todos los tickets para entrar al Gran Estelar habían sido vendidos por la presentación de los excantantes venezolanos de Salserín, grupo de gran popularidad en América Latina en ese entonces.

Jardines de la feria. Foto: Feria Internacional del Pacífico

El pedido de los cantantes de subir a alguien al escenario causó una euforia colectiva que provocó un incidente con varios heridos. Cinco jóvenes fallecieron por asfixia cuando se encontraban camino al hospital.

Poco después, la Feria del Hogar fue llamada en los medios como “La feria de tronchos” debido a que la policía encontró cuatro plantas de marihuana sembradas por el propio de Felipe Lettersten, a quien acusaron de ser parte de una banda de narcotraficantes.

Felipe y Teddy, hermanos de Michelle, llegaron a la conclusión de que la feria ya no era viable, cuenta ella en su libro “La historia de la feria”. Esta situación la llevó a tomar la decisión de comprar sus acciones vendiendo la mitad del terreno. La feria se vería reducida a 120mil metros cuadrados pero se convertiría, en el sueño de Michele, en el centro de Exposiciones y Convenciones de Lima.

Sin embargo, el destino de los Lettersten estaría marcado por una nueva carta. El 23 de octubre del 2003, se emitió la ordenanza N°311 por parte de la Municipalidad de Lima en el diario El Peruano. Con miras de urbanizar ese área, se construyeron pistas que dividieron el campo ocupado por la feria que nacía en el cruce de las avenidas La Marina y Brígida Silva Ochoa y llegaba hasta el cruce de La Paz con Rafael Escardó, en San Miguel. Los Lettersten no recibieron ninguna compensación económica por este terreno perjudicado, y la dinámica que por tantos años trajo frutos económicos, sociales y de entretenimiento llegó a su fin.