Una revista hecha por estudiantes rompió la maldición del primer y único número, y demostró que los fundamentos teóricos de lo que debe ser el periodismo no están reñidos con la práctica.

Por Alejandro Guzmán*

La noche del jueves 19 de noviembre de 2015 hubo una sorpresa en la ceremonia de entrega de los Premios Nacionales de Periodismo. Luis Jaime Cisneros, jurado y presentador, anunció que una investigación de Carta Abierta, una revista digital creada por comunicadores de la PUCP, figuraba entre los finalistas del Premio, en la categoría ‘Prensa Escrita’. Se trataba de una serie de reportajes sobre la explotación laboral en restaurantes limeños de primer nivel. Los otros textos finalistas habían sido publicados en La República, Somos, Correo y Convoca.

Aunque el premio lo ganó La República, quedar entre los finalistas era para Carta Abierta el reconocimiento a un esfuerzo colectivo surgido en las aulas de la PUCP. Habíamos hecho, sin presupuesto, un trabajo profesional y competitivo. No fueron pocos los que nos empezaron a leer y a escribir. Los que compartieron nuestros textos o los citaron en otros medios.

La historia de este emprendimiento surgió en el curso de Deontología. El profesor se refería a cómo “debería ser” el periodismo. ¿Qué derechos debería respetar?, ¿qué funciones debería tener? Lo hacía con argumentos académicos, basado en autores y exponiendo casos. El problema es que los casos expuestos eran, casi todos, sobre cómo “no debería ser” el periodismo. Queríamos escuchar ejemplos positivos.

Los medios están alejados de una práctica ética de la comunicación. La brecha entre la academia y el campo laboral en el periodismo es gigantesca. Los editores de los medios y los académicos se desprecian mutuamente, no conversan. Estamos ante dos ‘periodismos’, el que se predica en las aulas y el que se hace en las redacciones.

¿Qué podía hacer un estudiante de periodismo al salir de esas clases? Era el único curso de ética de la facultad de comunicaciones de la mejor universidad del país. Si ese no era el momento para reaccionar, ¿cuál otro podría haber sido? Esos fueron los motivos que nos empujaron a fundar Carta Abierta. Si el periodismo debía ser un servicio, si nuestra obligación consistía en proveer a los ciudadanos la información necesaria para que tomen buenas decisiones, entonces debíamos intentarlo.

Teníamos el sello de la universidad que nos formaba: ética, responsabilidad y servicio. Carta Abierta se convirtió en un colectivo de comunicadores de diferentes especialidades que practicaba la democracia interna y buscaba independencia plena. El Modelo Educativo PUCP dice: “El estudiante es un agente activo de su aprendizaje en los quehaceres universitarios (…). La universidad es una etapa de formación y crecimiento personal, integración social, desarrollo de la conciencia ciudadana, descubrimiento, maduración y realización”. Sin saberlo, estábamos cosechando lo que la universidad había sembrado en nosotros.

Sin embargo, el apoyo que conseguimos de la PUCP –a través de sus diferentes órganos– fue mínimo, casi nulo, a pesar de que el mismo Modelo Educativo PUCP anuncia que “la universidad alienta la iniciativa de estudiantes para que formen grupos de interés”. Pero la falta de apoyo la tomamos como una nueva oportunidad: debíamos salir del círculo estudiantil, dejar de ser periodistas universitarios y convertirnos en profesionales.

Dos años después de haber pensado la idea, en noviembre de 2013 publicamos el primer número de la revista Carta Abierta. Para ese momento ya teníamos un programa de radio transmitido por ZonaPUCP y habíamos organizado varios eventos académicos. Los años siguientes vinieron con nuevos logros. Además de publicar trimestralmente la revista –al cierre de esta edición había doce números publicados- y seguir con el programa de radio y la organización de eventos, creamos un programa para YouTube, nos constituimos legalmente como asociación civil, lanzamos nuestra página web y hasta produjimos una obra de teatro en formato corto. Pero el logro más importante fue estar entre los finalistas del Premio Nacional de Periodismo 2015, una consecuencia directa de nuestro primer impulso: hacer el periodismo que creíamos que hacía falta. Estábamos en el camino correcto.

“Estábamos”, en pasado, porque no pudimos continuar andando por esa vía. No aprovechamos el momento, no conseguimos más apoyo, no pudimos fortalecer la organización y nuestros logros posteriores fueron insuficientes. Hoy Carta Abierta está en un proceso de reestructuración al que soy ajeno y espero que termine siendo provechoso. Pero los problemas actuales no borran los logros ni la enseñanza de la experiencia. Carta Abierta es la organización fundada por estudiantes de comunicaciones que más tiempo ha vivido, seis años hasta ahora, y la que más logros obtuvo.

Quienes estuvimos en ella pudimos experimentar lo que percibo que la PUCP busca transmitirnos. Fue la mejor experiencia para complementar en la práctica lo que íbamos aprendiendo en las aulas. Era nuestro experimento para probar que las cosas pueden “hacerse bien”, y esa noción de bien es la mejor enseñanza que podía habernos dado nuestra universidad.


Alejandro Guzmán. Periodista. Jefe de práctica del curso Proyecto de Periodismo

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