La bahía que agoniza

 

EMSA Puno recibió más de 16 millones de euros de una empresa alemana para construir la planta de tratamiento de Puno, entre otras obras. Han pasado 16 años desde aquel préstamo y de la planta de tratamiento no quedó ni la primera piedra. Por incumplir el convenio, ahora el Estado tiene que pagar más de medio millón de soles de penalidad. Mientras tanto, el Titicaca se sigue llenando de agua del desagüe. 

“Antes el agua era cristalina, pero ahora está sucia, tiene un color verdoso”, dice frente al lago Max Zapana Chica, vecino que desde hace 25 años vive en los alrededores de la bahía de Puno.

Desde la orilla, un manto verde se adentra y cubre las aguas del Titicaca: una planta de hojas muy pequeñas y tupidas se expande sobre el agua a costa de eliminar la vida bajo ella. Por más que los pobladores limpien la bahía, esta vuelve a crecer. Aquella planta tiene su origen en una batalla que inicia (o reinicia) cada vez que alguien jala la palanca del baño. El lago navegable más alto del mundo lucha contra el caudal de las alcantarillas desde hace tres décadas. La víctima más clara de esta lucha, es su bahía. Allí donde los niños pasean en botes pedalones y donde los turistas parten hacia las islas flotantes de Los Uros.

Para Juan Ocola, técnico de la ANA, puede afirmarse que, en la bahía, hoy soy solo circulan aguas servidas mal tratadas por EMSA Puno, empresa de saneamiento de la ciudad.

 

El lago navegable más alto del mundo lucha contra el caudal de las alcantarillas desde hace tres décadas. La víctima más clara de esta lucha, es su bahía.

 

La bahía cuenta con dos estrechos pasos por los que el agua sale al golfo del Titicaca, sin embargo la evacuación es bajísima e impide que la contaminación se esparza por el resto del lago. “Si esto sale de la bahía interior sería peligrosísimo”, dice el técnico de la ANA: a solo ocho kilómetros se encuentra el lugar del cual EMSA capta agua del Titicaca para volverla potable y distribuirla a la población.

EMSA Puno, cuya accionista mayoritaria es la Municipalidad provincial, vierte diariamente en la bahía la cantidad de agua contaminada que alcanzaría para llenar más de siete piscinas olímpicas. Al igual que SEDA Juliaca, EMSA cuenta con tecnología desfasada: dos lagunas artificiales construidas en 1972, donde las mismas bacterias, provenientes de las aguas servidas, tienen a su cargo un proceso de autodepuración.

El estado de la bahía equivaldría al de un “cáncer terminal”, en opinión de Juan Ocola de la ANA. Lo respaldan los resultados de los monitoreos del ente técnico (ver pag. 51). “Recuperarla es muy difícil”, sentencia.

La solución —por lo menos para frenar su contaminación— ha alcanzado tanto consenso como antigüedad: construir una planta de tratamiento que limpie efectivamente las aguas servidas antes de verterlas en la bahía. A lo largo de los años, hubo proyectos y dinero, pero no ejecución. En el 2011 se perdieron por lo menos 9 millones de euros.

El Banco de Desarrollo alemán KFW otorgó un préstamo de alrededor de 12 millones de euros a EMSA Puno en octubre de 2000, al que luego se sumaría otro de 4.3 millones. Más de 16 millones en total. Los fines de ambos préstamos eran mejorar el servicio de agua potable y desagüe, así como la construcción de una planta de tratamiento para Puno. Era la primera vez que la plata llegaba a manos de los encargados. El reto era ejecutar, pero fallaron.

KFW

Sede central de la KFW en Fráncfort.

A fines de 2011, la KFW retiró la ayuda. Hasta entonces solo se habían ejecutado alrededor de 7 millones de euros, aunque en otros conceptos del contrato. De la planta de tratamiento no quedó ni la primera piedra. Según  Charis Pöthig, vocera de la KfW en Frankfurt, durante los años que duró el proyecto, se presentaron “desviaciones en la ejecución del plan original del proyecto”, lo que imposibilitó la realización de la planta de tratamiento.

Además, señala Pöthig, “los mayores costos de operación habrían llevado a un aumento de la tarifa del agua en una medida que habría sobrepasado la disposición y posibilidad de la población”. “La caída del proyecto con la KFW fue responsabilidad de los técnicos de EMSA”, acepta Alberto Ordóñez, jefe de ingeniería de la EPS.

Un fracaso al que se le sumarían dos arbitrajes perdidos en 2010. El primero contra la consultora Consorcio Gitec-Serconsult escogida por el KFW para supervisar los procesos de licitación pública requeridos por el convenio. El tribunal arbitral resolvió que EMSA debía pagarle 330 mil 466 soles.  El segundo arbitraje fue contra la constructora CONCYSA, que estuvo a cargo del mejoramiento de la red de alcantarillado de Puno. En este caso, el jurado arbitral determinó el pago de más de 200 mil soles.

 

El estado de la bahía equivaldría al de un “cáncer terminal”, en opinión de Juan Ocola de la ANA. “Recuperarla es muy difícil”, sentencia.

 

Entonces, del préstamo del KFW quedó más bien una deuda, una de más de medio millón de soles, la misma que no está siendo pagada por EMSA sino por el Ministerio de Economía. La EPS solo se estaría haciendo cargo de los intereses generados, según su jefe de ingeniería.

No sabemos cuánto tiempo transcurrirá hasta que la provincia de Puno tenga una planta de tratamiento. Desde hace más de un año, el gobierno central está respaldando una iniciativa privada de la firma Graña y Montero (GyM) para resolver el problema no solo en la capital sino en diferentes provincias puneñas.

El pasado viernes 22 de enero, representantes de ProInversión y GyM acudieron a una mesa de trabajo convocada por el congresista puneño Francisco Ccama. Allí detallaron que el número de provincias contempladas en el proyecto se reducirían de 10 a 6, debido a que algunas de ellas cuentan ya con sus propios proyectos públicos. En la reunión, un reclamo presente fue la falta de publicidad de los avances de GyM. Se repuso que estos eran confidenciales hasta que ProInversión declare de interés la iniciativa y empiece la licitación pública.

No podemos decir que GyM esté a puertas de concluir la formulación del proyecto. Se encuentra en la segunda etapa de tres. Mientras tanto, cada segundo, 220 litros de aguas servidas ingresan al Titicaca. Eso sí es una certeza. Aun cuando la planta de tratamiento en Puno fuese una realidad, el siguiente dilema sería cómo darle mantenimiento. Tendría que ser a través de las tarifas de agua, pero hay un problema latente con ellas.

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Sobre El Autor

Hernán P. Floríndez

Practicó en el Departamento de Comunicaciones de la PUCP y en No Culpes a la Noche de Canal N. Los cursos electivos impiden que egrese. Entiende la carrera como un fiscalizador del poder. No quiere que el papel desaparezca. Le interesan los temas ambientales, laborales y políticos. Le gustaría trabajar haciendo entrevistas, investigaciones, reportajes y perfiles. Su insolencia a veces es improductiva.

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