Joaquín Alexander es un médico y activista transmasculino de 28 años de edad, egresado de la Universidad San Martín de Porres. Es co-fundador del colectivo Visibilidad Transmasculina, organización que tiene como objetivo luchar por los derechos de las personas trans a nivel nacional. En esta entrevista, nos cuenta detalles sobre su vida, incluyendo su infancia, su proceso de transición y cómo llegó a convertirse en un profesional de la medicina a pesar de las adversidades.

Por: Alessandra Mayanga Polanco

Desde sus años de infancia, supo que era una persona trans. Esa es ahora su identidad, lo saben bien sus amigos y su familia. Sin embargo, hubo un tiempo en que sufrió la intolerancia de un entorno escolar hostil. En el colegio no comprendían ni respetaban la identidad de género y mucho menos la orientación sexual de Joaquín. Recordar aquella etapa de su vida aun le causa dolor y tristeza.

Tras un largo proceso para aceptarse a sí mismo, y contando con el apoyo de sus seres queridos, Joaquín avanzó en la vida y pudo terminar la carrera de medicina. Luego fue con fundador de Visibilidad Transmasculina,  un colectivo con el que pretende descentralizar y visibilizar la lucha de los chicos trans por todo el país.

-¿Desde cuándo supiste que eras trans?

-Yo sabía que era trans desde que era un niño, desde que estaba en el nido. Sabía que me sentía como me siento ahora.

-Si sabías que eras trans, ¿cómo fue tu niñez?

-En el colegio fue horrible, me hacían bullying por no ser muy femenina, simplemente me veían como algo raro y decían que era machona, fue una época muy fuerte.

-¿Tú te sentías diferente?

-Siempre me identifiqué con lo masculino, pero no por eso me veía diferente a las demás niñas. Usaba mi falda de uniforme, mi cola de caballo. Tal vez era porque me juntaba más con los chicos, no lo sé.

-¿Cómo llevaste esta etapa?

-Me sentía acorralado, las mamás de los niños que me maltrataban eran amigas de mi mamá. Yo pensaba: ‘Ay Dios mío, me voy a morir’. Mi mamá me decía que yo caminaba pegadito a la pared. Estaba hecho mierda y todos los días eran así. Mis papás se dieron cuenta que debían cambiarme de colegio porque me estaban destruyendo la vida, pero recién lo hicieron en la secundaria porque la psicóloga les dijo que tenía que afrontar los problemas solo y no huir. No me había dado cuenta de la repercusión. Los domingos, por ejemplo, temblaba porque tenía miedo de ir al colegio al día siguiente. Hasta ahora los domingos me generan cierto tipo de ansiedad. Siento frustración porque si entonces hubiese existido una educación con un enfoque de igualdad o diversidad a mí no me habrían hecho tanto daño.

-¿Qué pasó cuando te cambiaron de colegio?

-Fue diferente, sentí que por primera vez hacía amigos, ellos fueron mi soporte para afrontar la transición. Es más, no se dieron cuenta que era trans o que quería serlo, no estaban estereotipados. Me desarrollé más allí, me metí a más actividades. No hay nadie que me recuerde como un chico tímido o algo parecido.

-¿Dónde estudiaste?

-En un colegio policial. Estudié en dos colegios para hijos de miembros de la Policía Nacional.

-Entonces, ¿por qué en el primero te hacían bullying?

-Era la gente, que fue criada de forma distinta. Hubo personas en mi nuevo colegio de secundaria que también hacían comentarios sobre mí. Mi amiga me comentó que una chica evangélica dijo algo sobre mí, pero que ella la calló en el acto. Si no hubiese tenido ese soporte, tal vez todo hubiera sido distinto.

 -¿Y entonces ya pensabas en la transición física y mental de tu identidad de género?

-En mi infancia pensaba en el tema, pero no le daba mucha importancia porque sabía que no se podía hacer nada al respecto. Además, mis referencias sobre las personas que hacen la transición no eran las mejores.

Joaquín tuvo una dura infancia, pero logró superar los obstáculos y ahora es médico y activista por los derechos de otros chicos trans.

-Entonces, ¿cómo te animaste a hacer la transición?

-Porque conocí personas por internet que me hablaban de este proceso, y mis referentes empezaron a ser chicos trans de otros países.

-¿Cuándo comenzó tu proceso de transición?

-A los 24 años. Yo decido empezar mi proceso en mi último año de carrera. Dije: “Quizás ya debería animarme, he pasado toda la carrera como alguien que no quiero ser y no deseo seguir así”. Quería vivir bien mi último año. Durante seis meses «desaparecí» para mis amigos, solo me acompañaron mis padres y la chica con la que salía.

-¿Solo seis meses?

-Fue todo rápido. Inicié un juicio para el cambio de nombre en el DNI, empecé con hormonas y luego cambié mi apariencia. Pasó medio año y tenía que volver a clases.

-¿Cómo fue el proceso?

-Yo me tomé seis meses porque el internado de medicina dura un año, y yo decidí hacer mi transición a la mitad. Tenía desde julio hasta diciembre para cambiar todo lo que tenía que cambiar y luego volver a clases. La primera persona a la que yo le conté fue a mi enamorada de ese entonces. Yo no estaba listo para reconocerme como  trans. No sabía cómo lo iban a tomar los demás. En general, fue muy difícil.

-¿Cómo lo tomaron tus amigos?

-No estaba listo, así que me desaparecí para ellos, que no tuvieron rastro de mí. Ellos no sabían qué hacer, me buscaron y mi mamá les decía que me había ido de viaje. Después yo decidí hablar con ellos y poco a poco se enteraron. Gracias a Dios no tuve ningún problema. Ninguno de los amigos que había hecho cambió su actitud conmigo. Puedo dar fe de que tengo buenos amigos. Preguntaban un montón. Por ejemplo, cómo quería que ellos me llamen, porque me decían que se iban a confundir con los pronombres. Yo comprendía porque hasta yo mismo me confundía, es un proceso de ambas partes.

-¿Tu familia te apoyó?

-Al principio hubo rechazo, pero no duró ni un mes. Mi mama juntó a mis tías y les contó la verdad. Una de ellas se puso a llorar.  La verdad  es un duelo, porque tu familia siente que está perdiendo a una persona, aunque no es así. Mi ex pareja me dijo una de las cosas más fuertes: que tenía miedo de olvidarme. Es intenso, no fue fácil para ellos, ni para mí.

 –¿Te sientes satisfecho de haber transitado a esa edad?

-Sí, pero igual no ha sido fácil. La mayoría de chicos trans, cuando hacen la transición, quieren irse al extremo, es decir, negar todo lo femenino. En ese momento caen en estereotipos machistas. Es entendible que sea parte de su proceso cuando constantemente son vulnerados, pero no es lo correcto. Lo importante es darte cuenta de que debes de-construirte a ti mismo y dejar de sentirte miserable. Yo lo he podido hacer porque estaba en una época estable. Tenía el apoyo, pero la principal batalla era conmigo mismo. Una vez que estuve tranquilo, me di cuenta que esos estereotipos no eran yo.

–¿Alguna vez te has arrepentido de tu transición?

-No, mi condición nunca me ha afectado. Tal vez es más difícil para las chicas trans, porque ellas son más visibles.

¿Te sientes invisibilizado por la comunidad transfemenina?

-Creo que el problema es que ellas no eligen ser más visibles. Su contexto es más violento, están más expuestas. Nosotros no, a menos que nos expongan como transmasculinos al resto de la sociedad.

-Esa es la diferencia, los chicos trans no son tan notables….

-Todos hemos sufrido violencia en algún momento. Algunos están más expuestos que otros, pero eso no deslegitima tu lucha. No porque pases como una persona cisgénero tu lucha es menos válida. Es un privilegio, pero lo importante es cuestionarlo y usarlo para otorgarle una voz a los demás. Una vez dije que tenía varios privilegios como educación o trabajo, y una activista me respondió que no estaba de acuerdo, porque esos eran derechos básicos y no privilegios. En ese momento, me confundí horrible. Me dijo que como médico, debía asegurarme de que las personas trans pudiesen tener acceso a espacios a los que actualmente no acceden. Ahí comprendí cuál era mi responsabilidad.

-Me dijiste que estabas saliendo con una chica. ¿Qué pasó con ella?

-La chica con la que yo salía estaba superenamorada de mí, pero le gustaban más las chicas que los chicos. Cuando yo hice la transición, igual le gustaba a ella, así que decidimos continuar. Si terminamos fue por algo muy aparte, no por mi transición. No he vuelto a salir con chicas lesbianas, solo con chicas heterosexuales. Yo me considero heterosexual.

-¿Cómo fue el proceso del cambio de nombre en el DNI?

-Presenté los papeles para la audiencia y se acabó, no fue muy difícil. Lo complicado es tener la plata, y no todos la tienen. Mi diploma de la universidad está con mi nombre actual, porque yo hice todos los trámites antes de terminar mi carrera.

-¿Tuviste problemas para conseguir trabajo?

-No, porque cuando fui a conseguirlo ya había cambiado mi nombre. Cuando postulas, lo haces con tu nombre, no con tu sexo. Yo trabajo en el hospital en el que hice mi internado. Mis superiores y colegas saben y están muy felices con mi trabajo.

Joaquín junto a otros miembros del colectivo Visibilidad Transmasculina.

Cuéntame del colectivo Visibilidad Transmasculina. ¿Qué actividades han realizado?

-Hemos creado una red a nivel nacional de chicos transmasculinos. Lo que queremos lograr con esta red es que la lucha no se quede aquí en Lima, sino descentralizarla y conocer las problemáticas de distintas regiones, además de que se escuchen las voces de otros chicos trans. Actualmente estamos trabajando en la ley de identidad de género, y en crear un cupo laboral para personas trans.

-¿Cuál crees que es el principal problema al que se enfrenta la comunidad trans?

-El principal problema que tenemos es la falta de una ley de identidad de género. Esa carencia implica otra: no tener un nombre que te represente, y tener dificultades con cosas tan simples como un trámite en el banco o en la universidad. Es una constante vulneración a tu identidad y hace que te sientas miserable siempre.

 

 

 

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