A pocos minutos de la plaza de armas de Coata, y desde el puente del mismo nombre, se advierte lo impensable al bajar la mirada: jeringas y tubos de ensayo flotan en el agua, son varios y ocupan alrededor de dos metros cuadrados. Cerca, las aves beben del río. Metros más allá, tres toros comen el pasto que es regado con estas aguas en las riberas.

Las jeringas y tubos de ensayo requieren un trato sumamente cuidadoso debido a su contacto directo con los pacientes: son residuos biocontaminados. “La aguja debe pasar por un tratamiento especial en donde la hacen polvo, y lo único que se bota es la jeringa de plástico”, explica Guelki Valdivia, ex enfermera del Ministerio de Salud en Puno. El problema es que este procedimiento no suele cumplirse. En Coata no solo vimos el plástico, sino también las agujas.

En Puno no hay un relleno sanitario para residuos comunes, mucho menos uno especial para los residuos hospitalarios, como establece la normativa que aprobó el Ejecutivo hace tres años.

La médico Karla Zúñiga reconoce el avance casi nulo en la gestión de residuos hospitalarios. Ella es la responsable del área de Salud Ambiental de la Red de Salud de Puno, e indica que, en 2015, la red no obtuvo presupuesto para dicha gestión, pues casi ninguna de las dependencias de salud de la red envió su plan presupuestal para este propósito.

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Fiscal de Medio Ambiente de Puno, Óscar Jiménez. Crédito: Hildegard Willer.

Zúñiga, cuya área depende de la Dirección Regional de Salud (Diresa), apunta también que los establecimientos suelen utilizar botaderos clandestinos. “Incluso muchas de las postas, al encontrarse en lugares por donde no pasa el camión de basura, botan las agujas al río”, agrega Guelki Valdivia.

Percy Miranda, director general de la Diresa, también aseguró que el presupuesto es el problema principal y que no es exclusivo de Puno. Admitió la carencia de un autoclave incinerador, tecnología necesaria para la eliminación eficiente de los residuos hospitalarios. Alegó que este es un problema a nivel nacional, pues en la mayoría de las regiones del país no existen los recursos suficientes para la gestión de este tipo de residuos.

Para Óscar Jiménez, titular de la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental, es un hecho que hay contaminación de parte de hospitales, centros de salud y postas médicas. “Si hablamos del Minsa, hay poco [avance], están fallando en eso”. Sin embargo, Jiménez sostiene que es difícil establecer responsables. “Se han hecho varias diligencias. Es muy difícil comprobar el delito ambiental, hay muchos entes involucrados”.

Mientras tanto, las jeringas y los tubos de ensayo que flotan en el Coata no cumplen su fin último, curar a las personas. Solo colocan en riesgo su salud. Ese es el estado del Coata, uno de los ríos que alimentan el Lago Titicaca, pero no el único que lo contamina.

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