Periodista, historiador y docente universitario, Jaime Pulgar Vidal combina su sólida formación académica con una vasta experiencia como reportero, comentarista y productor de programas deportivos. En las siguientes líneas recuerda sus inicios y lanza una mirada panorámica sobre el fútbol local.

Siempre hay una sonrisa recurrente en el rostro de Jaime Pulgar Vidal. Es un gesto que lo caracteriza desde los días en que lucía delgado y sobre todo pelucón. Es una mañana soleada de mayo y Jaime viste elegante: en unas horas visitará a su madre. Ella está internada en un hospital de EsSalud y hoy es su cumpleaños. La preocupación no borra su sonrisa.

En la sala de su departamento destaca un enorme anaquel de madera diseñado especialmente para exhibir una colección de botellas y latas de cerveza de la más diversa procedencia. Es el fruto de sus viajes como reportero. “Cada botella contiene en su diseño la identidad propia y la historia de cada lugar”, explica Jaime. Al lado, un estante lleno de libros de historia ocupa la pared más ancha de la sala. El televisor está encendido y trasmite un partido entre Juventus y Fiorentina por la Copa de Italia.

Estamos en el lugar idóneo para hablar de sus convicciones profesionales y de sus aficiones de coleccionista. Detrás de esos anteojos que resaltan su mirada, hay un analista agudo, profundamente observador y dotado de un singular espíritu crítico. Jaime es de aquellos que no deja nada al azar. Está pendiente de todo, aunque a veces tarda un poco en acordarse de algunos detalles. El historiador admite con ironía: “Siempre se me van los nombres”.

Su temprana afición por las letras alimentó desde pequeño el sueño de convertirse con los años en un académico. Hoy enseña en tres universidades y estudia el fútbol como un fenómeno cultural. Si bien su padre estimuló en él las inquietudes intelectuales, trató de disuadirlo cuando Jaime le reveló su primera vocación. “No vas a poder vivir como historiador”, sentenció papá.

Mientras trataba de sobrellevar los estudios de economía en la Universidad Católica, conoció a Gustavo Barnechea, periodista deportivo y estudiante de Literatura. Fue Barnechea quien lo llevó a la redacción de la revista Todo Fútbol, que era dirigida por la persona con quien hasta el día de hoy mantiene una amistad a prueba de balas: Alberto Beingolea.

-¿Siempre pensaste hacer periodismo deportivo o meterte en temas políticos, económicos o sociales?

-En el Perú el periodismo deportivo de esa época (fines de los setenta) era mucho más radial. Escuchaba Ovación, el programa de Pocho Rospigliosi. No había periódicos deportivos, como los hay ahora. Y a mí siempre me gustó escribir. Ya en los ochenta Emilio Lafferranderie tenía una columna titulada “La esquina del Veco” en El Comercio. Yo empezaba a leer el diario por esa columna. Él escribía maravillosamente bien. Sus técnicas literarias y metáforas eran geniales.

 

“Cuando pasa algo malo en el fútbol, el periodista deportivo no está al nivel del periodista político, su información no ayuda a mejorar el fútbol”.

 

A mediados de 1988, mientras Jaime iniciaba su carrera en una revista deportiva, Pocho Rospigliosi, el principal periodista deportivo del país, se iba de este mundo. El historiador lamenta no haber podido conocerlo. “Me hubiese gustado conversar con Pocho para discutir en persona sobre aquella selección peruana de 1959, de la que él hablaba maravillas.

-¿Cómo se hacía periodismo en una época tan convulsionada como los noventa?

-Los periódicos que se editaban en los noventa surgían con la idea de apoyar a determinado candidato. En ese tiempo trabajé en Página Libre con Guillermo Thorndike. El diario cerró cuando terminó el proceso electoral. Nos pagaban tarde y al final nos quedaron debiendo tres meses. Y si te pagaban lo hacían con un billete de 200 soles. Caballero nomás tenías que recibir ese dinero calladito.

-¿Y en qué momento diste el salto a la televisión?

-Alberto Beingolea vio una entrevista que me hicieron en canal 7 y me pidió que vaya a su programa en Red Global. Alberto no sabía que yo tenía la capacidad de enfrentarme a una cámara. Descubrí que ese aparato es como una licuadora: un artefacto eléctrico más. Dices lo que piensas argumentando y no sabes si estás ante diez o mil personas. Siempre debes hablar con conocimiento de causa. Pero también debes callar cuando no sabes de lo que se está hablando. Es una regla fundamental.

En 1997, cuando Goles en acción, el programa deportivo conducido por Beingolea y transmitido por Red Global, cubrió la final de la Copa Libertadores, entre Sporting Cristal y Cruzeiro, Jaime tuvo la responsabilidad de editar el reportaje de aquel partido. “Yo siempre pienso mis notas a partir de la música que voy a emplear. Para ese partido se me ocurrió terminar con el Aleluya de Handel enfocando en cámara lenta la cara de tristeza de los jugadores de Cristal. Sergio Markarián -entrenador de Cristal- estaba esa noche en el set al lado de Beingolea. Era nuestro invitado. Cuando terminó de transmitirse el informe Markarián se puso a llorar. No había pensado que una escena así podría afectarlo tanto”.

-¿Es Alberto Beingolea el mentor de tu carrera periodística?

-Él me permitió mostrar lo que a mí me gustaba hacer. Lo que aprendí de Beingolea es que cuando un equipo gana o pierde, lo que debe decir un futbolista no lo debe manifestar en palabras. Lo que se busca es su expresión y es la que te dice todo. Cuando terminó el partido de Cristal y Cruzeiro le dije a mi camarógrafo, Marco Chávez ‘Perleche’, “grábate los rostros”. No les metí el micrófono para preguntarles que sentían. Era obvio. Esa es una de las tantas preguntas tontas del periodismo.

Jaime Pulgar Vidal

EN VIVO. Con Alberto Beingolea. Cristal en Copa Libertadores 1995. Foto: Archivo personal.

-¿Cubriste partidos de la selección?

-Algunos, no muchos. Para las eliminatorias de Francia 1998 siempre se consideró que nosotros, el equipo de Goles en acción, vendíamos las cosas positivas en torno a la selección peruana. Y cuando el equipo de Oblitas perdía, la audiencia estaba con Micky Rospigliosi porque él era el principal crítico. Entonces estábamos en esta dicotomía: Si Perú ganaba se veía a Beingolea, pero cuando perdía todos estaban sintonizando a Rospigliosi.

Por aquellos años, en el mismo canal, César Hildebrandt tenía un programa político que incluía un bloque deportivo conducido por Jaime Pulgar Vidal. La intemperancia del veterano periodista político cruzó más de una espada con él. Fiel a su estilo de discutir siempre con argumentos, Jaime recuerda una anécdota. “César me interrumpe cuando yo comentaba un partido de selección sub17 entre Perú y Costa Rica. “Muy bien Costa Rica, así hay que protestar”, dijo César. Yo le respondí: “César, la FIFA tiene canales para hacer un reclamo. Esa forma de protestar de los ticos es patear el tablero. Te pregunto ¿A ti te gustaría tener un 5 de abril (autogolpe de Fujimori) todos los días? Entendió perfectamente y se quedó callado”.

 

La realidad del periodismo deportivo

-¿Las transmisiones de los partidos de la selección en los setenta tenían menor incidencia que ahora?

-Antes, en los tiempos del gobierno militar, había toda una preparación para que la cobertura de un partido de la selección fuera amplia. En aquellos años transmitía Telecentro, la compañía del Estado que unió a los canales expropiados (4 y 5). La señal salía por los dos canales. El primer tiempo lo relataba uno y el segundo tiempo el otro. Incluso, se contrataba a músicos criollos para que compusieran canciones alusivas a la selección. En medio de huelgas y protestas contra el gobierno, se pretendió usar el fútbol para tratar de enganchar a la gente con el presidente Morales Bermúdez.

-¿De qué manera influye el periodista deportivo en las transmisiones en vivo?

-El hincha puede decir lo que quiera desde el sentido común, el periodista tiene que hablar desde el conocimiento. Muchos de los periodistas que salen en la TV parecen hinchas. El apasionarse en un partido de fútbol evita que uses la razón, y es esta la que debes emplear si tu trabajo es argumentar. Si no argumentas no eres periodista, eres un hincha más con un micrófono en la mano.

 

“¿Sabes cuál es la diferencia entre escribir y estar en la TV? La pantalla es efímera, se apaga y se va. Los textos perduran en el tiempo, es decir, dejan huella”.

 

-¿El periodista deportivo le añade valor a un fútbol peruano que siempre pierde?

-Cuando hay problemas en la política, el periodista político fiscaliza y muchas cosas cambian. Cuando hay un problema de situaciones locales, el periodista asignado informa y algunas cosas podrían modificarse. Sin embargo, cuando pasa algo malo en el fútbol, el periodista deportivo no está al nivel del periodista político, su información no ayuda a mejorar el fútbol y seguimos en lo mismo. Edwin Oviedo no ha cambiado en relación a Manuel Burga. La FPF sigue funcionando de la misma forma y nadie dice nada.

-¿Los exfutbolistas están sustituyendo la labor del periodista deportivo?

-En las transmisiones de partidos de los años setenta el comentarista repetía lo mismo que decía el relator. Beingolea se da cuento de eso y comienza a comentar desde una perspectiva más de director técnico. Entonces dio pie a que si un periodista va a comentar como un entrenador, mejor trae al entrenador o al ex jugador que lo puede hacer mejor. Bajo esta lógica, el periodista debe encontrar una nueva manera de comentar.

En el último programa de Goles en acción, Beingolea dedicó palabras de agradecimiento a cada uno de los miembros del equipo. Comenzó por los reporteros, camarógrafos y asistentes. La última mención fue para Jaime. “Me dijo que yo era un maestro nato. Y comencé a pensar. Sí pues, me encanta enseñar. Toda la vida me encantó. Antes no tuve la oportunidad de enseñar porque no tenía un título. En el 2007 obtengo mi licenciatura en historia en San Marcos y a partir de allí se me abren muchas puertas para la docencia”, recuerda con nitidez.

-¿Qué buscas en la docencia universitaria que no encuentras en el periodismo?

-A los estudiantes de periodismo trato de despertarles el espíritu crítico. Con el público no tengo ese derecho, con el estudiante sí. La universidad no debe dejarle repuestas a nadie, debe dejar preguntas. El día que creas que la universidad te ha dado todas las respuestas, ese día deja el mundo académico porque vas a creer saberlo todo.

-¿Qué puedes aportar a la nueva generación de jóvenes periodistas deportivos?

-Creo que para ser periodistas deportivos tenemos que entender la sociedad en la que estamos trabajando. Si no somos capaces de mirarla con un ojo crítico, jamás vamos a poder decirle a la gente lo que está pasando en el fútbol peruano. Y eso es lo que el periodista deportivo en el Perú no hace.

-¿Consideras esta nueva etapa académica como un nuevo proyecto de vida o piensas regresar a la televisión?

-Proyecto de vida sí y me gustaría volver a escribir. ¿Sabes cuál es la diferencia entre escribir y estar en la TV? La televisión es efímera. Se apaga y se va. Los textos perduran en el tiempo, es decir, dejan huella. Y la única manera de convertirnos en inmortales es dejando huella.

Sobre El Autor

Elvis Jáuregui
Colaborador

Eligió esta carrera porque cree que es uno de los pocos oficios que permite: uno, cultivar un sentido crítico de la realidad; dos, sumergirse en un continuo aprendizaje y tres, desarrollar una capacidad de asombro. Le gusta el periodismo deportivo y la política.

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