En octubre de 1975 Perú le ganó a Colombia en la final de la Copa América. El gol de la victoria lo marcó Hugo Sotil. Han transcurrido 42 años de aquella jornada memorable,  preámbulo de la participación peruana en los mundiales de Argentina 78 y España 82. En la víspera de otro partido crucial frente a la selección cafetera, el legendario ‘Cholo’ recuerda hazañas y travesuras dentro y fuera de las canchas. 

Por Nicolás Altamirano Pebe

Hugo Alejandro Sotil Yerén a los 68 años. FOTO: Nicolás Altamirano.

Este barrio se llama El Porvenir y está en el corazón de La Victoria. Manchas negras de aceite se extienden sobre las aceras, frente a los talleres de mecánica automotriz del jirón Lucanas. En las bodegas no solo se ofrece abarrotes, también se puede beber cerveza o ron a media mañana. Estamos en una de ellas, esperando al ‘Cholo’, sentados en un banco que nos han prestado luego de pedir un par de gaseosas. Papapa -su compadre y mi abuelo- ha pactado este encuentro en la esquina en donde muchos años atrás los dos se reunían luego de los partidos que jugaban con los vecinos del barrio. Acaba de llegar un hombre mayor, pide una botella de ron Cartavio y luego se sienta a conversar al lado nuestro. Una boina cubre su cabeza y sobre su abdomen llama la atención un morral con el nombre y el escudo de un club: “Barcelona”. Solo ese detalle me permite comprobar que Hugo Alejandro Sotil Yerén, otrora estrella del fútbol peruano, ya está con nosotros. Algo le queda de los modales catalanes. Nos ha saludado de a besos en las dos mejillas. Mientras responde con deferencia a quienes lo reconocen, ubica su silla frente a nosotros.

-La selección acaba de lograr un resultado histórico en Buenos Aires, nos coloca muy cerca de la clasificación al mundial de Rusia 2018. ¿Cómo ve a esta selección?

-Tuve la suerte de estar con el alcalde de Surco, Roberto Gómez Baca. Vi el partido con comodidad. En verdad, estoy muy contento por el resultado que hemos conseguido. Mis expectativas son las mejores. Es una situación envidiable: ganando por medio a cero ya estamos clasificados para el mundial de Rusia.

¿Y si no se logra el objetivo?

-Cuando no se clasifica, cuando se pierde, para muchos se va al tacho toda una campaña que pensábamos era buena. Esta vez no debe ser así. Más allá del resultado frente a Colombia, me gustaría que Gareca siga trabajando con estos muchachos. Gareca le está dando oportunidad a la gente joven. Hay que trabajar desde ahí: desde las divisiones menores. Que se olviden de Guerrero y de Farfán. Estas son sus últimas eliminatorias.

-¿Qué mensaje les da a esos muchachos antes del partido de este martes?

Que vayan con la misma humildad con la que lograron los últimos puntos de esta eliminatoria, que lo pongan todo en la cancha, hasta la última gota de sudor que van a derramar.

-En 1975 usted fue protagonista del último título que obtuvo la selección peruana, la Copa América. Usted se escapó de la concentración del Barcelona para jugar la final contra Colombia. Fue un 28 de octubre, en el Estadio Olímpico de Caracas, en Venezuela.

-Yo ya me había nacionalizado español y la gente decía: “El ‘Cholo’ es antipatriota, no quiere venir a jugar por su país”. Mi madre me había dicho que le querían quemar la casa. Yo la llamé por teléfono y ella me preguntó: “Hugo, ¿dónde estás?”. “Ya estoy acá en Caracas, Mamá”. Había llegado para jugar la final.

-Y usted anotó el gol de la victoria…

-Así es. Yo fui, maté y regresé.

-¿Y qué pasó cuando regresó a Barcelona?

-Regresé a Barcelona el 29 de octubre. El 31 nació mi hijo Hugo. Yo estaba en la clínica y no me quería mover de allí. Ese día me llamó el entrenador: “Señor, usted está en la nómina para jugar en Oviedo”. Ya estaba en falta, no me quedaba otra. Hice el viaje, llegamos a Oviedo, jugamos y ganamos. Yo hice el gol. Cuando regresé a Barcelona la dirigencia me mandó llamar. El presidente (Agusti Montal Costa) me preguntó: “Señor Sotil, ¿usted sabe lo que ha hecho?”. Yo bajé la mirada y le dije: “Sí, profe”. “¡Alce la cabeza! Lo que usted ha hecho, nadie lo hace”, me respondió. Me dieron un premio de 20 mil dólares.

 

 

¡Visca Barza!

-¿Cómo fue que los emisarios del Barcelona vinieron a ver a Cubillas y terminaron fichándolo a usted?

-No, no. No es que vinieron a ver a Cubillas. Vinieron a ver a los mejores jugadores que en ese momento destacaban en el fútbol peruano. Fue en 1973. A mi compadre Teófilo y a mí ya nos habían visto en el mundial de México 70. Fue un partido entre Alianza Lima y Deportivo Municipal. Ese día ganamos y al Nene no lo dejamos hacer lo que él sabe… En la noche llegaron a buscarme unos dirigentes: “¿Quieres irte a España?”. “¡Vale!”, les dije. Al otro día ya estaba viajando para firmar mi contrato. Yo no sabía qué era el Barcelona. Había llegado el equipo más importante del mundo, pero aún no lo sabía. Llego al aeropuerto y había decenas de periodistas esperándome. ¿Conferencia de prensa? Yo nunca había dado una conferencia de prensa. Me contratan a mí y lo contratan también a Johan Cruyff.

-¿Cómo describiría su relación con Johan Cruyff?

-Era mi hermano, mi compadre, mi amigo. Fue todo. Uno de mis hijos se llama Johan. No te digo más.

-En 1974 el Barza goleó 5 a 0 al Real Madrid en el Santiago Bernabeu. Usted anotó el quinto gol ¿Es cierto que Cruyff no lo dejó celebrarlo?

-Johan me dio el centro. Yo entro, cabeceo y me voy corriendo a la tribuna para celebrar. Entonces él me coge del cuello y me pregunta: “Cholo, ¿qué vas a hacer?”. Yo le dije: “Celebrar mi gol, pues”. “Estamos en Madrid, huevón, será para que nos maten”.  Yo estaba tan feliz que en el camerino le insistí: “¿Por qué no me dejaste celebrar mi gol?”. Y él me respondió: “Estos madrileños nos odian”.

-Muchos recuerdan que Rinus Michels, su entrenador en el Barza, trataba de controlarlo debido a que usted siempre tuvo una conducta irregular.

-Yo nunca tuve problemas con Rinus Michels. Cuando tenía que llamarme la atención, él me decía después del entrenamiento: “Quiero hablar contigo a las cuatro de la tarde, ven a mi oficina”. Y yo iba obediente. Recuerdo que él fue a Lima para contratarme, pero en el 75 cambiaron de entrenador, trajeron al alemán Hennes Weisweiler por una temporada. El Barcelona tenía que volver a salir campeón; si no era un fracaso. Ese año no quedamos ni en los primeros puestos. Luego ya no pude jugar de titular porque llegó Neeskens al equipo.

 

Recuerdos de infancia

Hugo Sotil nació en Ica en mayo de 1949. Sus padres eran muy pobres y soñaban con un futuro mejor para sus hijos. Él recuerda que llegaron a Lima a principios de los años sesenta.

De izquierda a derecha: José “Pepe” Chira, Teófilo “Nene” Cubillas, Hugo “Cholo” Sotil” y Elard Pebe. FUENTE: Álbum familiar.

-Y llegó aquí, a La Victoria.

-Así es. Prolongación Huánuco, cuadra 24. No teníamos dónde jugar, jugábamos en la pista. Luego fue en el “campo del cura”, que quedaba a la espalda de cine Mundo, mejor dicho, a la espalda de Huánuco.

-¿Cómo llegó a las divisiones menores de Alianza Lima?

-Un señor, que era mecánico de la Línea 24, me vio jugar en el “campo del cura” y me preguntó si quería probarme en Alianza Lima. Me probaron y me quedé jugando dos años. Ahí tuve la suerte de compartir con mi compadre Teófilo (Cubillas), él es de mi promoción. De día yo trabajaba con Patrocinio Eche, que luego se convirtió en mi suegro. Él tenía su club, el Deportivo Gaillard. De noche entrenaba con Alianza y también estudiaba.

-Luego viene el contrato con Deportivo Municipal…

-Yo estaba en el Deportivo Gaillard, el equipo de mi suegro. Habíamos jugado un partido preliminar con el Defensor Arica en el Estadio Nacional. Perdimos 5 a 2, pero yo hice los goles del Gaillard. En la noche vinieron a buscarme los dirigentes del Deportivo Municipal y se asustaron porque yo vivía en un callejón. Al otro día volvieron. Le ofrecieron veinte mil soles a mi mamá.

-¿Solo por su traspaso?

-Yo era menor de edad, eran veinte mil soles de prima y cuatro mil soles mensuales. Pero tenían que firmar mi padre y mi madre. Mi madre ya quería firmar, pero faltaba el ‘viejo’. Él era chofer y viajaba mucho. Al final lo convencieron y mi mamá se quedó con el dinero. Primero nos cambiamos de casa. Pasé de un callejón a un chalecito de ese tiempo.

-Usted fue clave para que el Deportivo Municipal vuelva a la primera división del fútbol peruano.

-Municipal había estado en Primera División y acababa de descender. Sabía que tenía una hinchada muy grande, pero lo único que yo buscaba entonces era garantizar mi comida. Me puse serio cuando vi a la hinchada en mi primer partido a estadio lleno. En el “campo del cura” entraban máximo 300 personas, en cambio en el estadio San Martín de Porres había quince mil en las tribunas. Todos querían ver a jugar al “Cholo” Sotil. “Ha salido un cholo que juega como los dioses”, decía la gente. Todos los domingos jugábamos allí y el estadio se llenaba.

-¿Cuánto ganaba entonces?

-Yo había firmado por un año. Otros equipos querían contratarme y el ‘Muni’ me ofreció 250 mil soles para renovar. “No, yo quiero 500 mil”. Esa fue mi propuesta y me dieron los 500 mil. En ese tiempo tenía una bolsa de tela donde ponía mis chimpunes, ahí metí la plata. Todo el mundo pensaba que llevaba mis chimpunes, pero estaba llevando medio millón de soles en la bolsita. Siempre firmaba por un año. Luego de que el ‘Muni’ volvió a la primera división me convocaron para el Mundial del 70. El ‘Muni’ recibía un billete por jugador que aportaba a la selección y yo fui el único que salí del equipo.

Hugo Sotil con la camiseta peruana. FOTO: El Peruano.

Tras su paso por el fútbol europeo, Sotil jugó en Alianza Lima y fue bicampeón con la camiseta blanquiazul en 1977 y 1978. Cuando se le pide que elija entre el ‘Muni’ y el club de La Victoria, no duda un segundo en responder. “Soy hincha de Alianza. Siempre Alianza Lima”.  Se acerca el final de este encuentro. Sotil recuerda sus últimas jornadas en la cancha, fue en 1986, cuando era entrenador del Deportivo Junín. “Yo ya me había retirado del fútbol. Un dirigente vino a buscarme y me dijo: ‘¡Pero si tú todavía puedes jugar, Cholo!”. Nos acercamos a la liguilla, pero no salimos campeones”. Poco después se fue del fútbol con la mayor discreción.

-¿Le hubiese gustado una despedida proporcional a su calidad como futbolista, con estadio lleno y rodeado de estrellas?

-No, maestrito. Yo me retiré del fútbol de la misma manera como entré a la cancha, humildemente.

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