MEDELLÍN.-La trascendencia de los trabajos galardonados en la cuarta versión del evento de periodismo más importante de Iberoamérica. Las apuestas y vaticinios de Martin Baron y Carlos Dada, dos periodistas que, por rutas distintas, han encontrado el camino para hacer periodismo de calidad. Y un homenaje póstumo a Gabriel García Márquez y Guillermo Cano, dos buscadores de paz.

¿Por qué el distrito con la tasa más alta de población indígena también registra el índice más elevado de suicidios en Brasil? ¿Cómo explicar que los habitante de un país pobre deban pagar mucho más que los de un país rico por los mismos medicamentos? ¿Están los colombianos preparados para enfrentar un pasado de sangre y perdonar a sus enemigos, después del acuerdo de paz? ¿Cuál fue el impacto social y económico que la construcción de la hidroeléctrica más grande de Brasil dejó en un olvidado poblado amazónico?

Estas preguntas encontraron respuestas en los cuatro trabajos periodísticos que anoche, en Medellín, Colombia, ganaron los premios Gabriel García Márquez. Dos reportajes en profundidad, una cobertura con agenda propia y un documental, que tardó cuatro años en plasmarse, merecieron el reconocimiento mayor de esta cuarta versión del Festival Gabo que busca destacar la búsqueda de la excelencia, la coherencia ética y la innovación en el periodismo iberoamericano.

Natalia Viana (de Brasil), en la categoría texto; Eva Belmonte, Miguel Ángel Gavilanes, David Cabo, Raúl Díaz Poblete y Antonio Villarreal (de España), en la categoría innovación; Caio Cavechini, Carlos Juliano Barros, Ana Aranha, Caue Angeli, Marcelo Min y Leonardo Sakamoto (también de Brasil), en la categoría imagen y Juanita León (de Colombia), en la categoría cobertura, fueron los premiados de la noche.

Ninguno labora en un medio impreso tradicional o está vinculado a la gran industria de los medios. Todos son a su manera emprendedores del periodismo. Sus trabajos ofrecen explicaciones sobre problemáticas sociales excluidas de la agenda pública gubernamental. Fueron el resultado de una reportería en profundidad que implicó el uso de bases de datos y la inmersión durante meses, e incluso años, para obtener la mejor versión de la verdad. Este es el periodismo que acaba de recibir premios de 11 mil dólares, aproximadamente,  en las categorías de texto, imagen, innovación y cobertura.

Un jurado, que tuvo tres rondas y en el que participaron 54 periodistas, evaluó la calidad informativa y la trascendencia social de 1600 trabajos presentados. Doce fueron los finalistas. Entre ellos, “Excesos sin castigo”, una investigación de Convoca, medio digital enfocado en el periodismo de datos y dirigido por la peruana Milagros Salazar.

Martin Baron: estamos en una sociedad digital

La noche inaugural del Festival Gabo 2016 también estuvo marcada por dos discursos. El más esperado fue el de Martin Baron, el director del Washington Post.  El más emotivo e inspirador fue el de Carlos Dada, fundador de El Faro, medio digital de investigación, pionero en América Latina, que recibió el premio Reconocimiento a la Excelencia.

Con cuarenta años de experiencia laboral, Baron recordó sus orígenes en el periodismo y contó detalles desconocidos del caso Spotlight. También hizo un diagnóstico dramático  sobre la situación actual del periodismo y explicó los esfuerzos del diario que ahora dirige para sostener calidad y rentabilidad en un escenario adverso, marcado por las debacles mediáticas que el desarrollo tecnológico digital está provocando.

“Estamos en una sociedad digital, una sociedad móvil. Ignorar la magnitud de este cambio y seguir pensando que el periodismo debe hacerse de la misma forma en que se hacía quince años atrás es una irresponsabilidad, es negligencia profesional. Nuestra industria ha reaccionado como si no hubieran ocurrido transformaciones fundamentales.  Y hemos sobrevivido a la devastación, pero nos sentimos abrumados por la rapidez con que ocurren los cambios. No hay lugar para la satisfacción o la complacencia. Solo nos queda adaptarnos”, advirtió Baron.

Para 2020, proyectó el director del WP, se estima que el 80 % de los adultos sobre la tierra tendrá un teléfono inteligente. En pocos años Internet creó un  medio nuevo que reclama nuevos formatos y técnicas para la narración de noticias, así como la radio y la televisión construyeron las suyas. Y este nuevo medio, el smartphone, muy pronto será el más difundido, el medio dominante en el planeta.

La forma de contar las noticias a través de los móviles está en plena construcción, pero está claro que será predominantemente audiovisual, vaticinó Barón. Por eso es necesario que los medios empiecen a diseñar contenidos pensados para la “experiencia móvil” de sus audiencias.

Las redes sociales, reconoció, mantienen una posición de supremacía en la manera como el público accede a las noticias. Ahora los usuarios esperan que la información relevante los encuentre a ellos en sus redes sociales.

Baron también describió las reformas que está ensayando en la redacción del Washington Post  y destacó dos aspectos: el protagonismo de los periodistas innovadores y la fructífera experiencia de la red de talentos que ha construido con periodistas freelancer de todo el mundo.

 

Carlos Dada: vamos contra la corriente

Desde una orilla distinta, alejada de la lógica de la gran industria de los medios y de sus apuestas masivas, Carlos Dada fue la otra figura destacada de la noche inaugural del festival. Salvadoreño, fundador de El Faro en 1998 (el primer diario digital de América Latina),  ganador en 2011 del premio María Moors-Cabot,  Dada pronunció un discurso cuyo título era una declaración de principios: “Ir contra la corriente”.

El Faro es un referente del periodismo de investigación en América Latina. Sus reporteros han ganado los premios de periodismo Ortega y Gasset  y Gabriel García Márquez por coberturas que dan cuenta de la violencia y la exclusión social en El Salvador y en otros países de Centroamérica. Por eso las primeras palabras de Dada en el Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín revelaron la forma como él y su equipo practican el periodismo.

“Nos han bautizado como Los Incómodos.  Y lo tomamos como una acusación directa, y la apreciamos. Nos sabemos incómodos. Incómodos para el poder. Incómodos para los criminales. Incómodos para los corruptos. Somos tan incómodos que lo somos para nosotros mismos. ¿Pero acaso hay otra manera de hacer periodismo sino es desde la incomodidad? ¿Cómo puede un periodista sentirse cómodo, cómo puede acomodarse si a su alrededor pocas cosas, y poca gente parecen estar, funcionar y vivir bien? Para hacer periodismo es necesario renunciar a la comodidad; y nos gusta pensar que es esta renuncia, que hicimos deliberadamente desde nuestros inicios, la que nos une como equipo, como proyecto, y la que explica en buena medida que hoy estemos aquí”.

Dada explicó que ir contra la corriente resume lo que siempre ha hecho El Faro: insistir en el periodismo de investigación mientras los medios tradicionales renuncian a este tipo de reportería en profundidad;  indagar en un tema durante semanas e incluso meses cuando la mayoría olvida la importancia del contacto con fuentes vivas y busca el clickbait desde una computadora; aferrarse a las palabras (de los testigos, de las víctimas, de la memoria), mientras el sentido común imperante ordena reemplazar el texto por imágenes de impacto; escribir extensas crónicas y reportajes cuando el diseño gráfico impone la dictadura de los formatos breves o píldoras informativas.

Pese a los vaticinios de  los expertos de la era digital, que anunciaron la muerte de El Faro por empecinarse en ir contra la corriente, dieciocho años después, sus periodistas siguen encendiendo la luz.

 

Homenaje a dos buscadores de paz

El fin de la violencia política en Colombia, a partir del acuerdo de paz firmado con las FARC, ha traído al festival el recuerdo de las víctimas del conflicto armado. En una de las mesas redondas del evento, Germán Rey reveló que 152 periodistas fueron asesinados entre 1977 y 2006. Muchos de ellos eran reporteros o editores de diarios regionales silenciados por los carteles de la droga o por bandas paramilitares. Otros recibieron amenazas o fueron secuestrados. Los ataques al periodismo también alcanzaron a las redacciones de los medios de comunicación.

Treinta años atrás, en diciembre de 1986, sicarios del Cartel de Medellín asesinaron en Bogotá a Guillermo Cano, director del diario El Espectador.  Ayer Ana María Busquets, su viuda, hizo una conmovedora semblanza de él. Leyendo los editoriales y columnas de opinión que su esposo escribió, remarcó que  fue un defensor de los derechos humanos y que luchó por la pacificación de Colombia.

Otro buscador de la paz que también es recordado por estos días en Medellín es Gabriel García Márquez.  Las colombianas Maruja Pachón, Luzangela Arteaga, María Jimena Duzán y el español Juan Cruz rememoraron al Nobel colombiano a raíz de un libro que publicó hace exactamente veinte años: Noticia de un secuestro.  Maruja Pachón fue una de las secuestradas que aparece en esta obra, la más periodística de Gabo. El texto de 345 páginas da cuenta con alarde de detalles de la ola de secuestros ordenada por el narcotráfico a fines de 1990. Quien le suministró al escritor la mayor parte de la información presentada en el libro fue Luzangela Artega, un reportera de la cadena Caracol, quien durante dos años hizo decenas de entrevistas, visitó hemerotecas, archivos y consiguió hasta reportes del tiempo de fechas específicas para que Gabo pudiera, por ejemplo, describir cómo lucía el cielo de Bogotá la tarde del secuestro de Maruja Pachón.

Finalmente, Juan Cruz, periodista de El País, de España, remarcó que Noticia de un secuestro, publicada en 1996,  no solo significó el retorno de Gabo al periodismo, después de una década sumergido en la literatura, sino también una reivindicación de la crónica como el género mayor de este oficio.