Paseó su genio y talento por cuatro redacciones de papel. Fue una reportera de calle fascinada por los personajes más oscuros y transgresores de la ciudad. Más tarde se convirtió en la multifacética editora de un diario limeño. Ignoraba entonces que un día iba a volver a las aulas, que allí descubriría lo que internet y las nuevas tecnologías podían ofrecer a quienes viven de las noticias. Poco después, Esther Vargas tomó una decisión que ha hecho de ella la principal evangelizadora digital de los periodistas latinoamericanos.

A mediados de 2008 Esther Vargas dictaba un curso de crónicas en la facultad de comunicaciones de la Universidad San Martín de Porres. Para tener un vínculo más estrecho con sus alumnos abrió un blog que adquirió importancia a medida que se convertía en una extensión virtual de las clases que impartía dos veces por semana. Poco después el curso terminó y también su contrato, pero mantuvo el blog por una razón reveladora y vital: había descubierto en internet un espacio donde por primera vez se sentía una periodista libre. La libertad de conciencia, reflexiona ahora, es un derecho no reconocido en las redacciones tradicionales, en donde los reporteros a menudo están sometidos a las presiones y dictados de directivos y anunciantes. De pronto, sin buscarlo, Esther había encontrado lo que sería el nuevo horizonte en su carrera: el periodismo digital. Imaginó cómo internet podía ser útil para ella y sus colegas y decidió convertir el blog en un portal, lo llamó Clases de Periodismo.

Entonces compartía la docencia universitaria con sus tareas como editora de la sección Ciudad en el diario Perú21. Escribía una página de divulgación sobre temas sexuales y buscaba nuevos retos para una carrera profesional que había empezado a mediados de los noventa en El Mundo, un diario limeño en formato estándar en cuya redacción -y de la mano de Percy Ruiz, su maestro- aprendió a convertir las noticias del día en memorables crónicas de fin de semana. Más tarde pasó al suplemento Domingo de La República. Allí Esther formó parte de un plantel de notables cronistas y reporteros entre los que figuraban Toño Angulo Daneri, David Hidalgo y Miguel Ángel Cárdenas. De La República se fue en 2002 para participar de la fundación de Perú21. Seis años después era una editora respetada, pero sus ojos e intereses empezaban a dirigirse cada vez más a Clases de Periodismo. Entonces no imaginaba que años más tarde ese blog, transformado en un portal, se convertiría en una de las páginas web más consultadas por los periodistas de América Latina.

 

Clases en tiempo real

El portal de Esther Vargas es una escuela de periodismo digital que busca dar cuenta de los avances y novedades tecnológicas que revolucionan la práctica periodística, pero también informar de hechos y tendencias vinculadas con el quehacer de la profesión. Esta oferta de contenidos hace de Clases de Periodismo un vehículo de divulgación y capacitación que ha logrado formar una vasta comunidad de usuarios en América Latina.

La página web está dividida en siete secciones: noticias, entrevistas, herramientas digitales, un espacio para colaboradores, e-books, una biblioteca digital y un cuaderno de estilo. Quizás la sección más útil para quienes nos estamos formando sea e-books, un espacio donde se publican guías de periodismo digital editadas por el equipo de Esther y colaboradores externos. Los textos combinan tutoriales para el uso de herramientas digitales, testimonios de periodistas y ensayos académicos sobre el entorno virtual que empieza a dominar la práctica periodística.

 

“A veces extraño la adrenalina de las redacciones grandes, pero me siento cómoda así. Tienes absoluta libertad para crear, para innovar”.

 

Su público objetivo está conformado por periodistas, comunicadores, estudiantes y blogueros interesados tanto en mejorar el lenguaje y la presentación de sus propias bitácoras, como en mantenerse al día sobre lo que ocurre con los medios y los periodistas en cualquier parte del mundo. Los seguidores más fieles de Clases de Periodismo están en México, España, Colombia, Argentina y Perú. El portal tiene un promedio de 18 mil visitas diarias, seis mil más que el año pasado. Los promedios, sin embargo, son siempre referenciales. Esther recuerda jornadas en las que alcanzaron más de 46 mil visitas. Así ocurrió cuando publicaron una crítica certera y aguda sobre la escandalosa cobertura que los medios locales hicieron de las fotografías íntimas de la actriz Jennifer Lawrence. “Fue un texto muy duro y fuerte, ese fue uno de los artículos más visitados”, comenta. Otra nota que tuvo muchas visitas abordaba un tema que no le era ajeno: lo insoportable que pueden ser editores y jefes de redacción para los reporteros que recién empiezan. “Ese texto iba dedicado a mí, incluso su autora me lo posteó, entonces yo lo leí, lo soporté y le dije, está bueno, lánzalo”, recuerda la creadora de Clases de Periodismo.

En Perú21 duró diez años. Se fue a fines de 2011 y durante varios meses se dedicó únicamente a alimentar de información el portal. Lo hacía desde su casa o desde el Starbucks más cercano. La sala de redacción de Clases de Periodismo es cien por ciento virtual. Las coberturas y comisiones se coordinan a través de un grupo cerrado en Facebook, por correo electrónico o algunas veces por celular. Así es como Esther se mantiene en contacto con su equipo de redactores. “A veces extraño la adrenalina de las redacciones grandes, pero me siento cómoda así, tienes absoluta libertad para crear, para innovar”, afirma la periodista.

Clases de Periodismo también ha hecho coberturas online de eventos en vivo. El más reciente fue la presentación del iPhone 6. Como todo emprendimiento periodístico, el portal tiene limitaciones de cobertura que Esther es la primera en admitir. “Trabajamos con un equipo pequeño, ninguno está aquí a tiempo completo. La acompaña un puñado de jóvenes (entre 20 y 25 años). Unos fueron sus mejores alumnos, a otros los conoció en la web. “El perfil de mis colaboradores incluye una mínima cultura digital, pero si no la tienen, los formamos aquí”, explica.

Esther ejerce un exigente control de calidad de lo que publica en el portal: “Todo lo que sale en Clases de Periodismo se edita y revisa antes. Nos cuidamos de los errores, hemos tenido varios, y por respeto a los lectores revisamos los artículos así nos encontremos en lugares incómodos o incluso fuera del país. Creo que si algo le falta a los sitios digitales es editores rápidos y experimentados. Ninguna redacción debería publicar contenido sin una edición previa”.

 

Precursora del periodismo digital

Tratando de liberarse de los moldes de redacción que había practicado durante más de una década, buscó un estilo diferente para su portal. Dejó atrás las anécdotas que solía cazar para sus crónicas, y que plasmaba en escenas y descripciones, para optar por un registro estrictamente informativo, de notas compactas y precisas. En ocasiones emplea un modelo de redacción al estilo Buzzfeed. Este ofrece a los usuarios una nueva forma de leer un texto, al desmenuzar las noticias en listados que suelen llevar títulos como “12 animales que te matarán con su ternura” o “Los 27 atletas latinoamericanos que compiten en Sochi”.

Otro instrumento útil para estudiantes y periodistas en ejercicio es el Cuaderno de estilo, a cargo de la lingüista Úrsula Velezmoro. Esta es una sección cargada de tips y de pautas de ortografía, sintaxis y gramática que ayudan a resolver las dudas y contradicciones que se presentan mientras se redacta contenidos noticiosos en tiempo real.

Clases de Periodismo se financia con los ingresos que generan las consultorías y servicios que ofrece. Además de remodelar plataformas online, últimamente han desarrollado estrategias digitales para la Fundación Telefónica, la Feria del Libro de Lima, el Instituto Prensa y Sociedad y Radio Nederland. Una segunda fuente de ingresos proviene de la docencia. Esther dicta talleres de periodismo digital a lo largo del año. Esta labor la ha llevado a Argentina, México, Brasil, Chile, Venezuela, Colombia, Paraguay, Guatemala y El Salvador. En cada uno de estos países es reconocida ahora como una voz autorizada en el campo de la alfabetización digital. Dos instituciones académicas de prestigio, como el Centro Knight para el periodismo de las Américas y la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, la han tenido como instructora.

–Ha sido una experiencia muy valiosa, en particular en el extranjero, no solo capacitando a jóvenes periodistas, de algún modo mi presencia ha servido para desmitificar la idea de que en el Perú somos los últimos en tecnología e innovación– dice Esther, mientras chequea las noticias por Twitter.

Aquel nuevo horizonte profesional que descubrió seis años atrás, mientras administraba un blog para sus alumnos, llevó a Esther a especializarse en España. Tiene un máster en periodismo digital y hoy enseña en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, ISIL, la Universidad Mayor de Chile y el Centro de Formación de Periodismo Digital de México.

Para el próximo año Esther tiene varios proyectos que buscan no solo enriquecer los contenidos de Clases de Periodismo, sino también hacerlo rentable y sostenible en el tiempo. Intentará, por ejemplo, obtener ingresos a través de la publicidad. Por ahora, gracias a la herramienta digital Google AdSense, ha captado recursos que le han permitido pagar al equipo de redactores y colaboradores que trabaja con ella.

Todas estas actividades las comparte desde hace dos años con su labor como jefa de redes sociales de la agencia de noticias Andina y el diario oficial El Peruano.

–Entrar al sector público ha sido una experiencia grata e interesante. He visto logros notables dentro de una organización antigua y algo vertical– dice, y la conversación se interrumpe a ratos debido a las alertas de Facebook que brotan de su smartphone.

Esther Vargas

MAESTRA. Esther Vargas con sus alumnos. Es docente desde 2007. Foto: Giovani Alarcón.

 

Un camino de oportunidades

Esther tiene claro que el horizonte del periodismo es digital y lo que busca ahora es un modelo de negocio que haga rentable sus emprendimientos actuales y futuros. En el mundo, explica, hay medios que son únicamente digitales —como el Huffington Post o Buzzfeed— que captan recursos de distintas fuentes y están creciendo de manera significativa.

A los periodistas jóvenes, que sueñan con abrir algún día sus propios medios digitales, Esther les recomienda entrenarse primero con un blog y vincularlo estrechamente con redes sociales. Ese es el primer paso para quien busca audiencia, comunidad e incidencia pública en la web. Hay, sin embargo, dos palabras clave para que los planes de un emprendedor digital no se derrumben a la vuelta de la esquina: sacrificio y perseverancia.

–A veces tienes que sacrificar otros aspectos de tu vida, no es tan sencillo… Todos pagan su derecho de piso, yo lo pagué. No me refiero a tolerar maltratos o abusos, sino a los sacrificios que demanda lograr lo que uno quiere. Quienes vienen detrás tienen que trabajar duro si quieren llegar lejos– advierte, mientras su rostro adquiere un gesto adusto.

Pocos saben que la versatilidad que ha mostrado a lo largo de su carrera tiene su origen en la insatisfacción que la asalta cuando siente que un trabajo se convierte en rutina. Esther, lo confiesa, se aburre rápido cuando no hay desafíos en el camino. Así le pasó en la revista Domingo, de La República, así le pasó en Perú21. De ambos medios renunció cuando la pasión por el periodismo la llevó a otros lares. Abandonar la llamada zona de confort, como ella ha hecho en dos ocasiones, lejos de ser una insensatez es una virtud no suficientemente valorada por estos días.

–Siento que uno debe saber retirarse y cortar cuando las cosas ya no van…No necesariamente tienes que matar un producto cuando está mal, lo puedes hacer incluso cuando está bien y la gente guardará un lindo recuerdo– afirma Esther.

El nuevo proyecto periodístico de Esther Vargas se llama Sin Etiquetas. Será un medio digital LGTBIQ para América Latina. Allí contará en textos largos, y en clave de crónica, no solo casos de homofobia, bullying y violencia, sino también historias edificantes cuyos protagonistas son gays, lesbianas, transexuales y bisexuales.

–Queremos que estos casos sean tratados de la mejor manera. Noticias como estas no tienen espacio en la prensa. Sólo le toman importancia cuando ocurren muertes de gays o lesbianas– se queja Esther.

Sin Etiquetas se ha creado con el respaldo de una red de periodistas latinoamericanos, a cargo de la cual está Esteban Marchand, como flamante director de contenidos. El equipo ha definido también un modelo de negocio que apuesta por el financiamiento colaborativo (crowdfunding). Esther espera contar con el apoyo del público, pero dice estar preparada también para los reveses: “Existe la posibilidad de que fracasemos, yo tengo toda las buenas intenciones, pero si el proyecto no funciona, para adelante nomás”.

Sin Etiquetas es un proyecto de Clases de Periodismo. Y Esther aprovecha la audiencia en redes sociales para despertar interés en su lucha contra la homofobia: “Es mi apuesta, sé que hay mucha gente que tiene el rollo homofóbico y que le fastidia que nos metamos en esto, pero esa es la ventaja de tener tu propio medio. Clases es mi medio y yo he decidido mostrar un periodismo sin homofobia”.

Últimamente Esther se está preguntando si no es hora de un cambio. Como toda emprendedora es probable que pronto se desprenda nuevamente de su zona de confort y, una vez más, decida empezar de nuevo.