Escritores deportistas

Cinco casos que demuestran que la literatura y el deporte sí pueden ir de la mano.

Jack Kerouac


Antes de viajar por Estados Unidos y México, el autor de En el camino destacaba por su talento para el fútbol americano. Gracias a esto, la Universidad de Columbia le ofreció una beca para estudiar allá. Lamentablemente, Kerouac sufrió una grave lesión –se rompió la pierna– durante su año de novato. Cuando se recuperó, tuvo varios problemas con su entrenador, que lo envió a la banca de suplentes. Luego de este nuevo traspié en su carrera, el escritor abandonó el fútbol americano y se enlistó en la marina mercante.

Haruki Murakami


El eterno candidato al Premio Nobel de Literatura se inició en el atletismo a los 33 años. En 1996, su pasión por este deporte lo animó a competir en su primera ultramaratón, una carrera de 100 kilómetros alrededor del lago Saroma en Hokkaido, Japón. Este escritor japonés asegura que escribir no se trata solo de ejercitar los dedos sino también el cuerpo. En su ensayo De qué hablo cuando hablo de correr, Murakami expresa la estrecha relación que ha consolidado entre la literatura y este deporte en su vida. “Y es que escribir honestamente sobre el hecho de correr es también (en cierta medida) escribir honestamente sobre mí”.

David Foster Wallace


Con su característica apariencia de geek, es complicado imaginar que uno de los escritores estadounidenses más aclamados de los últimos años hubiera practicado tenis. Entre los catorce y dieciocho años, Foster Wallace participó en varias competencias regionales en Illinois, Indiana y Michigan, pero era un jugador un tanto indisciplinado: según la biografía de D.T. Max, fumaba marihuana en el bus antes de un torneo.
Su pasión por este deporte se puede ver reflejada en algunos ensayos en los que escribió sobre Wimbledon, André Agassi, Roger Federer y Rafael Nadal, que han sido recopilados en el libro El tenis como experiencia religiosa.

Ernest Hemingway


Quizá no exista otro escritor tan vinculado por sus logros y sus mitos a los deportes como Hemingway. Durante su adolescencia, practicó diversas disciplinas como atletismo, fútbol americano y waterpolo. Pero más adelante sería recordado por la pesca deportiva y el box.
En 1956, Hemingway llegó al aeropuerto de Talara en busca de una criatura particular: el merlín negro, un pez que puede llegar a pesar más de 300 kilos. Luego de más de un mes de estadía, pescó hasta cuatro ejemplares. Este animal aparecería retratado en su novela El viejo y el mar.
Hemingway también es recordado por su afición al box, que lo llevó varias veces a colocarse los guantes. Se dice que noqueó de un solo golpe a un campeón francés de peso mediano, que retó al escritor John Dos Passos y que intentó enseñarle este deporte a Ezra Pound.

Albert Camus


En su natal Argelia, el Premio Nobel de Literatura dedicó algunas horas de su adolescencia al fútbol. Durante cerca de dos años Camus fue portero en la escuadra juvenil del Racing Universitario de Argelia (RUA). Sin embargo, a los diecisiete, debió abandonar este equipo y su carrera definitivamente al contraer tuberculosis.
A pesar de este infortunio, el escritor recordaba con aprecio aquella época en la que defendía un arco, y aseguraba que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al deporte y a lo que aprendí en el RUA”. En otra ocasión, cuando un amigo le preguntó si prefería más el fútbol o el teatro, él respondió que lo primero.

Sobre El Autor

Maira Flores
Redactora

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