Elizabeth Vallejo y su lucha contra el acoso callejero

FOTO: Diana Bueno

Ella era una víctima más. En 2012 lanzó una iniciativa que puso en la agenda pública una práctica sexista tolerada por la sociedad. Miles de mujeres se animaron a denunciar la violencia de la que eran víctimas. Cinco años después, la socióloga Elizabeth Vallejo recuerda cómo surgió esta cruzada. 

 Por Rossdela Heredia

El término “acoso sexual callejero” no figuraba en el habla coloquial limeña. “Es un piropo ¿por qué te molestas?”, “Yo solo quería ser galante contigo”, “Bien que te gusta que te silben”, alegaban los acosadores cuando eran cuestionados por el asedio sexista que invadía la privacidad de las mujeres. El miedo que ellas sentían ni bien salían a la calle estaba ‘normalizado’.

Cansada de ver cómo esta práctica permanecía impune, y cada vez más extendida en el espacio público, a fines de 2011 Elizabeth Vallejo creó el “Observatorio del Acoso Sexual Callejero”. Esta iniciativa contó con el apoyo del Fondo Concursable para Docentes convocado por la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS).

Elizabeth buscaba identificar el acoso como un acto de violencia contra la mujer. Las víctimas de agresiones sistemáticas empezaron a contar sus historias, se inició así un proceso de sensibilización que captó el interés de los medios y los actores políticos. Cientos de testimonios se difundieron a lo largo de 2012 y 2013. Utilizando redes sociales y plataformas digitales, el observatorio logró visibilizar en poco tiempo una situación que era problemática y merecía ser incorporada a la agenda pública.

En marzo de 2015 el Congreso aprobó la Ley para Prevenir y Sancionar el Acoso Sexual en los Espacios Públicos. Esta norma  marcó un hito en América Latina. Meses después surgieron iniciativas legislativas similares en Chile, Argentina y Paraguay.

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Elizabeth destaca que el proyecto del observatorio recibió en un principio el apoyo económico de la Dirección Académica de Responsabilidad Social (DARS) de la PUCP. “Era una idea que a otra gente ya se le había ocurrido antes, pero que no encontró el espacio propicio”, afirma. La campaña contra el acoso empezó en la universidad; un equipo de voluntarios se encargó de difundir el tema entre alumnos, docentes y trabajadores. Luego se buscó incidencia pública a través de los medios de comunicación.

El apoyo de Silvia Feria, comunicadora y su “roommate” en aquel entonces fue muy importante, destaca Elizabeth: “Con ella armamos el equipo de voluntarios e hicimos un plan de manera intuitiva”. Al principio pensaron en un blog. Tenían en mente la página “Hollaback! We have the power to end Street harassment” (Nosotros tenemos el poder de terminar con el acoso callejero). Este es un movimiento surgido en Estados Unidos que defiende a las mujeres y a la comunidad LGTBQ (lesbianas, gays, trans, bisexuales y queers), víctimas de esta práctica. El apoyo financiero de la PUCP permitió el lanzamiento del proyecto. Luego encontraron otros aliados para sostener la campaña en la agenda de los medios, de los partidos políticos y otros colectivos sociales. Entonces conformaron el colectivo “Paremos el acoso callejero”.

Elizabeth empezó a presentarse en programas de radio y televisión. Uno de ellos fue el espacio “Lima cómo vamos”, conducido por Mariana Alegre, en radio Capital. Luego de esa entrevista muchas mujeres empezaron a buscarla para contarle sus casos. “Mariana me llama y me dice: ‘Oye, es urgente que tengan un fanpage. Todo el mundo está preguntando cómo las encuentra en Facebook”, recuerda Elizabeth. A mediados de 2012, con algo de apuro, crearon una página en esta red social.

“Empezamos el fanpage con poco contenido propio, pero rebotando y compartiendo publicaciones de otros colectivos”, refiere. Para entonces también usaban el blog como un repositorio de testimonios. Sin embargo, la página en Facebook se impuso: La realidad superó lo que habían planeado y la gente enviaba más testimonios por Facebook. Una mayor interacción y visibilidad convirtieron la página en una herramienta importante para el funcionamiento del proyecto.

Activismo: El colectivo “Paremos el acoso callejero” realiza actividades para erradicar este mal de la sociedad. FOTO: Facebook de Paremos el acoso callejero

Elizabeth valora la viralización de los casos denunciados a través del fanpage “Paremos el acoso callejero”. Esta fue una antesala a la campaña “Ni una menos”, de la cual también ella fue parte. “El tema del acoso sexual callejero entró en la agenda de los medios y explotó realmente entre 2012 y 2013”, recuerda. La gota que colmó el vaso de la indignación fue el caso de Ingrid Soria, una chica que en julio de 2013 denunció haber sido acosada por vigilantes de una pollería en Miraflores. Aquí un pasaje de su testimonio:

“El domingo 28 de julio estaba caminando muy tranquila, me dirigía a comprar medicinas en la única botica abierta en esta fecha. Pasé por la primera cuadra de Atahualpa, en Miraflores, donde se encuentra la puerta al estacionamiento de la conocida pollería Norky’s. Los vigilantes que resguardan el local empezaron a mandarme besos, a silbarme y decir palabras que no repetiré en mi blog. Me sentí asqueada, impotente, no sabía cómo defenderme de esa situación. ¿Tenía acaso que bajar a su nivel y mandarlos al diablo con palabras ‘adornadas’?”

En febrero de 2014, como parte de la campaña mundial “Un Billón de Pie”, que buscaba poner fin a la violencia contra la mujer, se organizó un ‘flashmob’ en el parque Kennedy, en Miraflores. Fue en ese evento que la congresista Rosa Mavila propuso una ley contra el acoso callejero. El colectivo formado por Elizabeth participó en los debates previos de los que salió el proyecto de ley.

Otro hito importante en la campaña de sensibilización contra el acoso fue la denuncia que la actriz Magaly Solier hizo pública en mayo de 2014. La noticia de la agresión que sufrió en un bus del Metropolitano se hizo viral, el tema volvió a la portada de los diarios y a los noticieros. Fue en esa coyuntura que se presentó el proyecto de ley al Congreso. Se tuvo que esperar diez meses para que, en marzo de 2015, el Pleno del Legislativo apruebe la Ley para prevenir y sancionar el acoso sexual en espacios públicos.

Esa noche Elizabeth cenaba con unos amigos. Eran casi las once cuando le avisaron por teléfono de la aprobación de la ley. No lo esperaba, de pronto sintió que una idea suya, al cabo de cuatro años, se convertía en realidad. “Si bien la ley no tiene sanciones precisas, sirve para visibilizar que el acoso sexual callejero es un delito”, remarca.

“Hoy se usa más el término ‘acoso callejero’.  Cada vez se habla menos de ‘piropos’. Si antes había dudas de que esta era una práctica invasiva y sexista, ahora está claro que es violencia”, explica Elizabeth. Ella rescata la labor realizada con el colectivo P.U.T.A.S. “Hemos estado casi dos años juntas haciendo actividades contra el acoso callejero”. P.U.T.A.S y Paremos el acoso callejero son dos agrupaciones que si bien tienen un punto de arranque distinto y agendas propias, comparten un objetivo común: evidenciar que el acoso sexual callejero es un problema real, que tiene su origen en el machismo y que tiene impactos en la vida de las mujeres.

Elizabeth se alejó de “Paremos el Acoso Callejero” en 2015. “Para mí el objetivo principal era la visibilización del problema y lo logramos. El trabajo posterior, es decir, el de seguimiento, ha quedado en manos del grupo que conforma ahora el colectivo”. Hoy en día, la página “Paremos el Acoso Callejero” cuenta con casi 75,000 mil seguidores, crea su propio contenido y tiene incidencia en la sociedad civil.

Sobre El Autor

Rossdela Heredia
Colaboradora

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