El renacimiento del documental: de la butaca al streaming

Ilustración: Paula Merino

Las salas de cine y la televisión tienen un nuevo contrincante en la competencia por un espacio de difusión para las películas. Muchos realizadores peruanos están apostando por difundir sus documentales en plataformas como Netflix, Movistar Play o webs interactivas. Es rápido, on demand, de amplio almacenamiento y a bajo costo. Pero ¿qué hay de la rentabilidad? ¿Es acaso el streaming lo primero en que piensa un productor para su estrategia de distribución?

Luego de ser proyectada en un festival en Canadá, Ernesto Cabellos, director de La hija de la laguna, recibió una propuesta de Netflix para distribuirlo. Él considera que este logro se obtuvo gracias a que su equipo de producción planeó una buena estrategia. Para él es importante poder hacer el estreno de una película en un festival donde estén presentes los líderes de la industria como Netflix y los más importantes fondos de cine documental en el mundo. “Nosotros postulamos a siete festivales muy competitivos y nos seleccionó Hot Docs Festival, uno de los más grandes en América. Alguien de Netflix lo vio allí y nos escribió preguntando por los derechos”, indica.

Al igual que La hija de la laguna, otros documentales peruanos han encontrado un espacio en plataformas web como Vimeo, Cineaparte o Retina Latina. Sweet Delicacy, por Mauricio Godoy; Retrato peruano del Perú, por Sofía Velásquez Núñez y Carlos Sánchez Giraldo; y Chicama, dirigido por Omar Forero, son producciones que se encuentran en estos espacios en una búsqueda por alcanzar la mayor cantidad de audiencias, incluso por encima de recuperar el dinero invertido en la producción. Mauricio Godoy, documentalista y docente de la PUCP, comenta que Su nombre es Fujimori, la película de Fernando Vílchez, no hubiera alcanzado la audiencia que está ganando en Vimeo y otras webs de haber sido estrenada en salas de cine. Incluso Vílchez puede ganar un porcentaje porque en dicha plataforma el realizador puede crear un perfil como documentalista y cobrar por las vistas.

Mauricio Godoy opina que Su nombre es Fujimori no hubiera alcanzado la audiencia que está ganando en Vimeo y otras webs de haber sido estrenada en salas de cine. FOTO: Zoila Antonio

Mi Barrios Altos Querido es otro documental que se suma a la lista de piezas peruanas en espacios streaming. Fue dirigida y producida por Jimmy Valdivieso, realizador audiovisual y magíster en Antropología Visual por la Universidad Católica. Es un documental etnográfico que relata cinco historias sobre la dignidad en el vecindario más querido —pero también más temido— de Lima, Barrios Altos. Desde hace unos meses se encuentra en la lista de opciones de la plataforma de streaming nacional, Movistar Play.

En un principio, Valdivieso pensó en su documental para ser difundido por la pantalla grande. “Me sigue pareciendo ideal ver a la gente ir a las salas de cine, festivales, centros culturales y universidades, y que haya discusiones después entre el director y los protagonistas. Creo que es lo más bonito del documental”, confiesa. Él accedió a vender los derechos de la película a Movistar Play, pero no tuvo un trato directo con el equipo de la plataforma. “Movistar es una empresa grande y no va a responder al llamado de un productor pequeño. Aquí el distribuidor juega un rol muy importante”, aclara Jimmy. Cada equipo de producción cuenta con estrategias de distribución y dentro de ellas se encuentra una empresa distribuidora con la cual el productor realiza un contrato.

La empresa distribuidora de Mi Barrios Altos Querido representa a otras películas. La compañía ofrece un paquete de productos audiovisuales y la plataforma streaming decide cuál le parece más atractiva. “Movistar Play puede querer tener la película A, pero la empresa le puede decir que, si desea la A, también debe considerar la B. Es así como se logran los acuerdos entre las dos partes”, detalla el cineasta. Un ejemplo en el Perú de empresa distribuidora es Tondero, quien también es productora de contenido.

¿Rentable?

El Ministerio de Cultura, a través de la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO), brinda incentivos para la realización de películas. Muchos realizadores tienen la posibilidad de poder producir con un fondo que reciben en caso su pieza sea seleccionada. La aparición de festivales, salas alternativas o el espacio en la televisión peruana han ido ayudando a que más producciones puedan ver la luz. Pero ¿hasta qué punto es rentable? El mercado, en general, es difícil. “Si quieres exhibir tu película en una sala de cine, probablemente tendrás que lidiar con una lógica comercial en la que los espectadores son los que deciden entre ver Avengers o tu documental”, confiesa Godoy.

Sin embargo, puede que dependa del objetivo de cada realizador respecto a su pieza. La directora Amanda Gonzáles considera que es un tanto limitante. Su documental La Cantuta: en la boca del diablo —centrado en la investigación de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, conocida como La Cantuta— fue seleccionado para el Festival Internacional de Cine de Berlín y, según cuenta, muchos asesores, guionistas y productores le insistían en adaptar la historia para el público europeo. “Me pedían que sea más personal, que resalte al personaje (Edmundo Cruz) y su obsesión con el caso, pero él era mi hilo conductor y eso era un acuerdo que tenía con él, no podía ceder”, confiesa. Amanda eligió realizar una pieza de toque político-informativo que no iba por la vía de un festival.

En el caso de las plataformas como Netflix, Valdivieso comenta que ellos compran la pieza, pero no de manera exclusiva, es decir, el realizador puede seguir difundiéndola por otros medios. El monto recibido por la pieza llega directamente a la empresa distribuidora con la que hace el trato. “El distribuidor te puede decir que se queda con el 80% de la venta y te da el 20% restante, o al revés, depende del trato que tengas con ella”, comenta. Asegura que los niveles de rentabilidad varían, pero aún no se habla de cifras exorbitantes, “aunque sí es un apoyo que cubre, por lo menos los costos de distribución que suelen ser altos”.

¿Más o menos audiencia?

Los casos de éxito en las salas de cine son pocos, pero los hay. La Revolución y la Tierra, documental de Gonzalo Benavente Secco, recientemente estrenado en diversas salas peruanas, ha superado expectativas y otras producciones comerciales. El objetivo inicial del equipo de producción fue la sala y tuvo gran repercusión. Lo que es innegable es que el espacio del cine ha cambiado. “Ya no vamos al cine, sino vamos al centro comercial, compramos, comemos y si hay tiempo, pues vamos a ver qué película me gusta de la cartelera del cine”, expresa Mauricio.

Tanto Netflix como Cineaparte permiten al usuario poder acceder a una gran cantidad de productos audiovisuales en el día, hora y durante el tiempo que se prefiera. Según Jimmy Valdivieso, un realizador que vende su pieza a una plataforma streaming puede acceder a una medición de audiencia de su película si lo solicita. En su caso, con la publicación de su documental sobre Barrios Altos quería evidenciar una problemática y reforzar el compromiso que tenía con los ciudadanos del distrito, más que la cantidad de vistas que tenga. “No he pedido estadísticas, no me resulta relevante ahora saber cuántas personas sentadas frente a su televisor han visto mi película, pero es decisión de cada realizador”, asegura.

A la fecha, este documental ya no se encuentra disponible en la plataforma. Según la web de información al usuario de Netflix, cada contenido que se agrega cuenta con un acuerdo de licencia con el proveedor de contenido. Los derechos de licencias de series, películas o documentales tienen un plazo determinado y es el equipo de Netflix el que decide renovar la licencia o no. Los criterios que siguen para poder añadir una película son los mismos que consideran para mantenerla. Estos son la disponibilidad de los derechos de renovación de la licencia para streaming, la popularidad y costo de un título, y otros factores estacionales o regionales. La plataforma brinda la posibilidad a sus usuarios de comunicar cuando desean que una producción se mantenga vigente o ingrese a la lista de ofertas. En la página de Facebook del documental se está animando a que los seguidores de La hija de la laguna firmen la petición.

Ernesto Cabellos, director de La hija de la laguna. Su equipo de producción logró colocar el documental en Netflix. FOTO: La Mula.

Propuesta interactiva

Proyecto Quipu es un documental interactivo que contiene testimonios de mujeres afectadas por las esterilizaciones forzadas durante el gobierno de Alberto Fujimori. Se creó con el objetivo de crear un archivo de memoria colectiva. Nació de la idea de la cineasta peruana, Rosemarie Lerner, y la co-directora Maria Ignacia Curt mientras ambas se encontraban realizando una maestría en Inglaterra. “Me pareció que era una historia que tenía potencial para ser contada de otra manera, una historia que se seguía desenvolviendo en tiempo real”, señala Lerner.

Ella optó por un proyecto interactivo porque ya había muchos reportajes narrativos donde era muy difícil escuchar a las propias personas afectadas. “Normalmente la información eran números, estadísticas o las declaraciones de algún político”, cuenta. En Inglaterra, allá por 2011, estaban en tendencia los documentales interactivos y ambas vieron en internet una oportunidad para que los personajes participen: una nueva forma de documental, on demand, visual y auditivo.

El quipu era un instrumento de almacenamiento de información en forma de cuerdas de lana utilizado por las civilizaciones andinas para llevar una contabilidad. La web de Proyecto Quipu adoptó la misma idea y la plasmó en su página. Al ingresar al portal, aparece un gráfico en forma de quipu que cuenta con numerosos nudos. Al dar click en ellos se puede acceder a los audios de cada testimonio. Cuenta además con una transcripción de los audios en inglés y español.

El financiamiento era complicado para proyectos de este tipo, dice Lerner, pues no había modelos de negocio claros. “Tuvimos suerte de encontrar fondos académicos del gobierno inglés que buscaban innovar en el formato documental con nuevas tecnologías”, señala. Así sacaron un primer piloto en 2013 y en noviembre de 2015 fue el lanzamiento oficial en Perú. En diciembre, la plataforma estaba abierta al público. El portal tuvo un periodo de tres años en el que recibió testimonios vía llamada telefónica y mensajes a través de la plataforma de toda persona que se haya visto afectada por las esterilizaciones sucedidas en el Perú entre 1996–1998. Actualmente el archivo está cerrado, pero la web sigue abierta para que los espectadores continúen escuchando los testimonios y, como dice Lerner, se siga conservando la memoria.

El equipo pudo superar la valla de la conservación de piezas. “Hemos logrado que tanto la Biblioteca Británica en Inglaterra y el Lugar de la Memoria (LUM) en Perú guarden ese archivo de testimonios y lo pongan a disposición de académicos e investigadores. Estará allí por un periodo mínimo de 30 años”, comenta satisfecha.

Definitivamente, la aparición de las plataformas streaming ha revolucionado la forma en la que se consumía y concebía un documental hace algunos años. Pero el futuro del documental peruano en estas plataformas es incierto. Por un lado, al depender de la tecnología, está abierto a nuevas modificaciones y renovaciones. Por otro, la producción de más y mejores piezas documentales peruanas dependerá mucho de la coyuntura nacional. Valdivieso cree firmemente en que seguirá creciendo la producción audiovisual en el Perú, pero espera que el apoyo desde el Estado crezca. El streaming se irá potenciando cada vez más y se espera que la cantidad de documentales peruanos también.

Página web de Proyecto Quipu, documental con una plataforma interactiva. Recoge testimonios de mujeres afectadas por las esterilizaciones forzadas durante el gobierno de Fujimori. FOTO: Proyecto Quipu.