Postuló dos veces a la Escuela de Comunicación Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero la nostalgia por su tierra natal, Piura, le permitió descubrir que le interesaban más las culturas y finalmente decidió estudiar antropología. A sus 25 años, Fernando Ríos Correa es fundador de El Panfleto, el medio de sátira política y social con mayor éxito en nuestro país. Al mismo tiempo, él ahora está dedicado a estudiar la música popular contemporánea en Perú.

De niño, escribía y hacía el periódico mural en su colegio en Piura. Incluso cuando estaba en tercero de secundaria, llegó a publicar el único número de “El Miguelito”, una revista de sátira que se burlaba de la escuela y sus estudiantes. Recuerda dos notas de ese 2005: una supuesta publicidad de su colegio en la que anunciaban vacantes libres para un curso en el que se enseñaba cómo desarmar un automóvil y otro en el que se explicaba cómo fabricar bombas caseras. Los temas no eran gratuitos: era el típico colegio de varones “como una cárcel” y su padre, director regional de Educación, había sido difamado por Cecilia Valenzuela, quien lo acusó de ser pro-senderista. “Me lo confiscaron, hubo todo un chongo. Me vacilé y nada más. Fue lo primero que hice”, cuenta Fernando Ríos, fundador de El Panfleto, el medio de sátira política y social con mayor éxito en Perú.

Fernando no quiso venir a Lima a estudiar. “Me obligaron a ir a San Marcos. Yo vivía tranquilo y contento como el oso en Piura”. Como era el menor de los hermanos y los mayores ya estaban en la capital, iba a ser ilógico que se quede en el norte y no estudie en una de las mejores universidades del Perú. Luego de postular dos veces a la Escuela de Comunicación Social, estando en la academia pre-universitaria, descubrió su interés por estudiar las culturas y finalmente ingresó a antropología el 2010.

La nostalgia que sentía por Piura hizo que valore cosas por las que no mostraba interés cuando vivía allá. “Recuerdo cuando era cachimbo, el típico momento patético en que el profesor pregunta por qué estudiamos antropología y todos se meten su ‘rollo huevón’, mi ‘rollo huevón’ fue decir “porque quiero estudiar la música”. Creo que tuvo que ver mucho con mi llegada a Lima, me agarró mucho la nostalgia por mi región, me hizo voltear la vista hacia cosas que siempre había ignorado, como la música tropical que se hacía en Piura”, recuerda.

Pero sus ganas de escribir y publicar no se diluyeron. Cuando llegó a Lima a vivir con su hermana, encontró entre los papeles de escritorio, una revista interna que los trabajadores de Osiptel difundían para burlarse de ellos mismos. Eso le dio la idea de retomar las publicaciones satíricas que inició en el colegio. “Tenía una enamorada en esa época y nos surgió la idea de armar algo, un pequeño boceto en una página de Word en marzo de 2010 hasta setiembre cuando mis compañeros me dijeron que ya, que lo haga. Ella fue la que le puso el nombre a El Panfleto”.

El segundo número salió en mayo del 2011, cuando se realizó la bienvenida a los cachimbos. “Queríamos sacar una edición para que se reparta justamente en las bienvenidas de Sociales y Letras”, cuenta. En el 2012, la versión impresa ya circulaba en otras universidades: la PUCP, San Cristóbal de Huamanga y San Agustín de Arequipa. Y llegaron a circular más de 2,500 copias solo entre San Marcos y la Católica.

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Luego, comenzó la etapa en redes sociales. En diciembre de 2013, El Panfleto sale de San Marcos. “Lo pensamos desde marzo. La gente ya estaba egresando, yo estaba a mitad de carrera. Ya perdía sentido burlarnos de la universidad, porque muchos ya no estaban dentro. Sentimos que ya habíamos tocado un techo y queríamos mirar hacia afuera”. Sintieron la necesidad de querer romper con esa tradición de los antropólogos que solo escriben para antropólogos, estaban cansados de tener profesores que solo hablaban para ellos mismos. “Es alucinante y bien ridículo que cuando se habla de comunidades campesinas llamen a un economista de una minera o que Phillip Butters hable de comunidades. Pasa lo de Bagua o lo de Tía María y ningún antropólogo o sociólogo dice absolutamente nada, están ahí, tomando su café y hablando entre ellos. No estamos asumiendo la responsabilidad que tenemos como disciplina”.

Por ello, los redactores de El Panfleto decidieron usar códigos de las ciencias sociales para comunicarse con gente de otros espacios. Empezaron como un usuario en Facebook y esto les permitía conocer más a sus seguidores. Encontraron que algunos estudiantes de biología los leían y se preguntaban ‘¿cómo diablos nos entienden si usamos jergas propias de la antropología?’. “Así que los ‘stalkeamos’ y encontramos intereses y gustos en común y en base a eso hacíamos notas de bromas y era un boom. Era como aplicar antropología: encontramos puntos en común de un grupo humano y vemos cómo actúan”.

Cuando hicieron la nota “Soy de la UPC y me enamoré de un Beca 18” sabían lo que hacían. “Era algo que sabíamos que pasaba, pero que la gente no lo quería decir. Apelamos a nuestra formación, de olfatear a la gente”, explica Fernando. Pronto tuvieron que convertirse en página de Facebook y compraron un hosting con dominio .pe. Actualmente tienen cerca de 230 mil “me gusta”.

En esta nueva etapa, El Panfleto comenzó a trabajar como una redacción, como un equipo. Se reunían para discutir temas y se tomaban decisiones. “Alucinamos con tener una sección que se burle de cómo la prensa limeña enfoca a las regiones, así surgió nuestra sección Perú Abisal. También surgieron Los consejos del Tío Vladi, esas cosas fueron calculadas”, cuenta.

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Lo que comenzó como un medio para burlarse de San Marcos llegó a ser una fuente de ingresos a través de la publicidad por Google Adsense. Pero esto no le hace creer al fundador de El Panfleto que se pueda vivir de esto.

“Es imposible, salvo que tengas todo un tema de redes, hacer un proyecto digital rentable en el mediano plazo, que sea independiente y no reciba dinero a cambio de modificar su línea editorial. Por ejemplo, podríamos contratar una campaña con Claro por 18 mil dólares por dos semanas pero si mañana se cae la Red Claro no podríamos decir nada porque ‘no se caga donde se come’. Eso te condiciona, hemos tenido campañas de publicidad, pero no creo que sea rentable. Es casi imposible que un medio digital en el Perú sea rentable y que te permita vivir de él”, afirma.

El éxito de El Panfleto fue más en base a la aplicación de sus estudios en ciencias sociales que a una estrategia de marketing en comunicaciones. Fernando es crítico con los llamados “gurús 3.0” que predicaban tener la fórmula precisa para tener éxito en Internet. “Era alucinante, hubo una época, que se cayó porque era vender humo, en la que decían que si usabas palabras que son tendencia y lo publicabas a una determinada hora ibas a tener vistas, pero no decían nada del contenido, y la gente no es robot, si la gente fuera así, no habría gente matándose estudiando psiquiatría o antropología, hay temas de flujo, de tendencia que determinan el consumo de las personas. Eso lo demostramos publicando una nota a la 1 a.m. y tuvo el mismo éxito que a las 8 p.m. No hay una regla, no es una ley, no hay fórmulas”, afirma.

La competencia entre las webs de El Comercio y La República, que terminó por plasmarse en mayor número de publicaciones sobre farándula o virales, es para Fernando, la muestra de que hay que tener cuidado al momento de seguir estrategias para publicar en Internet. “Seguro que sí funciona, pero a costa de qué, es un tema de ética. Es como tener que decidir entre el prestigio de una marca y ser la página más visitada. Un periódico como La República que se armó un prestigio durante dos décadas pasó ahora a ser un medio que parece solo publicar notas de Pokémon”, señala.

Para Fernando, el problema está en el centralismo de los medios limeños. “Esto sucede porque los medios no miran a las regiones. Si la gente de Lima tuviera una mirada más amplia de lo que sucede en regiones, tendrían más información que tratar. Pero como solo miran a Lima, se le acaban los temas y tienen que hacer notas sobre Pikachu. Es tonto creer que no hay un tema distinto cada día”, afirma.

La globalización, en este sentido, es un mito en lo que respecta a las comunicaciones. “En los años veinte, las élites de Cusco sabían más de lo que sucedía en Argentina o Chile. Ahora agarramos el periódico y ni cosas de Lima encontramos. Antes había un manejo de información más variado que ahora. Si la globalización ha logrado tanto entonces por qué los Beatles publicaban un disco en octubre del 84 y tres meses después en enero del 85 ya estaba en Ayacucho. Caemos en esta típica idea de que todo empezó con nosotros, de que la velocidad de la información comenzó con nosotros”, dice.

Luego de tres años en la web, El Panfleto Perú tiene más de 2,000 artículos publicados y actualmente se encuentran en una etapa complicada, en la que solo son cinco miembros (Arnulfo, François, Retablo Facho y Cabello D’angel) y todos se encuentran trabajando e investigando. “Estamos en un momento de sequía, que no podemos trabajar bien. Podemos escaparnos una hora de nuestras oficinas para postear algo. Es por temas laborales, no tiene nada que ver con la amistad”, cuenta.

Lo que lo motivó a estudiar antropología, sigue siendo materia de estudio para Fernando Ríos. Ahora, prepara su tesis sobre la música popular contemporánea del Perú en regiones y como esta puede ser incluida en las políticas públicas culturales del Estado y trabaja en un proyecto de investigación en el Centro Bartolomé de las Casas en Cusco. Estuvo en la última Feria Internacional del Libro de Cusco, donde presentó su Mapa de Música Popular Contemporánea en el Perú.

Próximamente se reunirá con sus compañeros de la redacción para conversar sobre varias cosas: entre ellas, reconocer que han tocado un techo y hay que cambiar. “No sabemos cuál será nuestro futuro, la idea es empezar a crear contenidos más serios, queremos ser una cosa más regional y profesional”. Veremos que nos tienen preparado El Panfleto, el medio digital satírico preferido por los jóvenes, que logró combinar humor, política y ciencias sociales.