Salvo excepciones¹, la gran mayoría de políticos que aspira a convertirse en presidente, congresista, gobernador regional o alcalde, no aborda el asunto de la concentración mediática, acentuada en el año 2013, a partir de la operación de compra del 54% de acciones de EPENSA por parte del Grupo El Comercio (GEC). La autocensura sobre este tema es extraordinaria.

La mayoría de periodistas tampoco discute el problema de la concentración ni en los espacios periodísticos en los cuales trabajan, tal vez por temor a perder el empleo o por una oportuna coincidencia con la manera de pensar de los propietarios, ni en el ámbito de sus debilitados gremios profesionales, a pesar de las consecuencias reales y potenciales de tener que lidiar con un gran empleador en el mercado de la prensa y la televisión. Las élites empresariales, salvo los afectados, o no dicen nada o zanjan cualquier discusión señalando que se trata de un tema entre privados y que, en todo caso, la gente es libre de decidir qué medios consume y cuáles no.

Desde el campo del análisis social y político ha emergido una cierta preocupación por el tema, pero se apela a la autorregulación (a la voluntad de los propietarios) como el principal mecanismo para generar espacios y contenidos más plurales especialmente en la televisión. Seguramente sin proponérselo, quienes intentan promover mejores prácticas empresariales en el campo de las comunicaciones como la principal alternativa para configurar un sistema mediático plural, se suman a uno de los principales argumentos empresariales para oponerse a cualquier reforma democrática en el sector: “la mejor regulación es la que no existe”, “toda forma de regulación atenta contra la libertad de expresión”, finalmente ¡viva la autorregulación!

Sin embargo, a pesar de una especie de atmósfera política y social en la que prima la complacencia y el silencio interesados, el temor a las campañas mediáticas de demolición a los críticos, o el sentido común de que los diarios, la radio y la televisión son empresas privadas y punto, la estructura de poder en el ámbito de los medios de comunicación, cuasi monopólica en la prensa y oligopólica en la radio y la televisión, limita severamente el pluralismo y la diversidad de voces en el espacio público. En un escenario de debilidad política, la concentración, sumada a otros factores como la instrumentalización del periodismo en función de determinados intereses económicos y políticos, afecta la competitividad en los procesos electorales, recorta el derecho de candidatos y partidos a comunicar sus propuestas de gobierno en condiciones de equidad y limita el derecho de la ciudadanía a informarse recurriendo a fuentes de información y opinión plurales.

Y si bien Internet y las redes sociales posibilitan una oferta de contenidos mucho más diversa, el predominio de los grupos mediáticos se extiende también al ciberespacio, aunque en menor medida que en los llamados medios tradicionales, y su capacidad de producción y sincronización de discursos supera, por lo general, el voluntarismo y la fragmentación propia de los llamados nuevos medios.

  1. Ya elegida como candidata del Frente Amplio, Verónika Mendoza criticó el nivel de concentración mediática nada menos que en Cuarto Poder, programa dominical de América Televisión, canal controlado por el GEC. También el presidente Ollanta Humala se refirió al tema en más de una oportunidad, aunque de manera confusa y dubitativa.