A inicios de los años ochenta los juegos pinball y arcade empezaron a hacerse populares en la capital. Pero fue a inicios de los años noventa que se inauguró el mejor lugar para jugar: el Bam Bam. Se encontraba en el corazón de Miraflores, a una cuadra del Parque Kennedy. Reinó durante la década de los noventa y fue el único sitio donde la juventud limeña podía encontrar las mejores máquinas con los últimos videojuegos traídos de Estados Unidos. Fue tan conocido entre los jóvenes que muchos iban de distritos lejanos de la ciudad y faltaban a clases para quedarse ahí a jugar.

Por Brenda Jáuregui

 

La primera vez que Pedro Rivas pisó el Bam Bam fue en 1992 cuando aún era un escolar de 15 años. Al entrar miró el lugar e inmediatamente le vino a la memoria el local que conoció de pequeño. Tenía solo 6 años cuando entró a un pinball en el Centro de Lima, el lugar no tenía nombre y poseía un aspecto descuidado además de oler mal. En cambio, en el Bam Bam “todo el lugar era cerrado pero tenía un ambiente agradable. Habían varios jóvenes, más hombre que mujeres y en un rincón estaba el lugar donde te atendían para comprar las fichas”, dice Rivas. No había punto de comparación con el local de máquinas de juegos que tenía en su memoria.

Por fuera, el Bam Bam estaba cubierto por un armazón de madera que parecía hecho a mano, tenía la apariencia de haber sido antes un restaurante por lo cerrado que lucía el local. Pero al acercarse uno podía escuchar los sonidos propios de los videojuegos al igual que los gritos de triunfo o derrota. La gente jugaba de pie y golpeaba fuertemente los botones de las máquinas. Cuando uno entraba al lugar sentía que estaba en un mundo totalmente distinto, pues el ambiente era muy oscuro y lo único que iluminaba eran las grandes pantallas de las máquinas de videojuegos.

Lima había sido invadida por llegada de los pinball y arcade. A mediados de los años ochenta ya estaban de moda y existían varios locales para jugar. La mayor parte de ellos estaban repartidos en el Centro de Lima, pero ningún lugar marcó una etapa de la juventud de entonces como sí lo hizo el Bam Bam. Era el local más grande y poseía la mayor variedad de máquinas de la ciudad. Enrique Martínez tiene 45 años y es relacionista público para empresas de videojuegos. El cuenta que “habían otros locales en Alfonso Ugarte y en la Avenida Brasil, pero ninguno tenía tantas máquinas. Lamentablemente ir al Centro de Lima no se podía, era peligroso”.

El Bam Bam por dentro, cuando todavía habían más máquinas de pinball que las de arcade. Foto: weekendnotes

En los ochenta la capital comenzó a sufrir una época de terrorismo, pues Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario (MRTA) estaban ocasionando una ola de violencia entre los peruanos. Como medida de prevención había toques de queda en toda la ciudad. Uno de los grandes temores de la época entre los jóvenes era que entren militares a hacer ‘leva’– reclutamiento forzoso para combatir el terrorismo– en los pinballs del Centro de Lima, donde era más probable que sucediera esto a comparación de Miraflores. Ningún distrito era muy seguro, pues durante la época que estuvo activo el Bam Bam hubo un atentado a menos de 10 cuadras del lugar, en la calle Tarata de Miraflores, en 1992.

Del Big Bang al Bam Bam

Enrique Martínez recuerda que el nombre original del local con el que se inauguró a inicios de los ochenta fue el Big Bang. Allí habían algunos videojuegos arcade y pinball, además tenía entre dos a tres mesas mesas de billar. Dentro del local no había mucha luz, lo que no permitía jugar bien. A pesar de ello, una gran cantidad de adultos asistían a jugar billar mientras tomaban o fumaban.

A inicios de los noventa cambió de nombre a Bam Bam. Él narra que a simple vista no parecía un lugar apropiado para que vayan los jóvenes. “Yo empecé a ir muy seguido cuando cumplí 19 años. Ahí ya había bajado bastante la afluencia de la gente. Luego sacaron las mesas de billar”, dice Martínez.

En el proceso de transición de Big Bang a Bam Bam, los dueños importan varias máquinas arcade las cuales eran más grandes, medían aproximadamente dos metros. “En los años noventa las máquinas arcade se volvieron enormes al igual que las máquinas de baile y de moto. Ocuparon mucho más espacio”, menciona. Para ello tuvieron que retirar las mesas de pinball.

(Foto referencial) Persona jugando en una máquina de pinball. Foto: dondeir.com

“El término pinball [en inglés] para todo el mundo son estas máquinas que tienen una mesa de vidrio con la que tienes que lanzar una pelota y darle con unos palitos para hacer puntos; eso es pinball“, aclara Martínez. Pero acá este término se popularizó para llamar a las máquinas modernas de arcade

La dinámica dentro del Bam Bam

Pedro Rivas Ugaz tiene 41 años y es periodista. Empezó a ir seguido al Bam Bam a partir de los 15 años hasta cumplir 19 años. Cuando entraba se dirigía al rincón donde estaba el lugar que te atendían para comprar las fichas de juego. Recuerda que nunca se podía ver la cara del vendedor, pues había una ventanilla con luna polarizada parecida a las taquillas de cine antiguo. “[Dentro] había máquinas especiales de los X Men, Alien Storm, Sega Genesis, etc.”, resalta Rivas.  

Manuel Orestes tiene 38 años y es capacitador en Campo Fe. Rememora que la primera vez que fue tenía 13 años. Él dice que el  Bam Bam trajo los primeros juegos arcade Street Fighter y Equinox Fighter. Además tenía máquina de videojuegos de los Simpsons, Crime & Fight, The Avengers, Donkey Kong, Popeye, Pac-Man, Space Invaders, etc. “Había uno que jugabas encima de una moto. Nunca había visto antes un juego así. Ver la moto y manejarlo estilo Harley Davidson era alucinante”, cuenta Orestes con emoción.

Él compara la dinámica dentro del lugar como ir a un casino ya que uno pagaba al entrar al lugar y sus monedas lo cambiaba por fichas que tenían pequeñas rayitas. Uno se podía quedar jugando todo el tiempo que quisiera. “Tú podías ser muy bueno jugando y con una sola ficha podías jugar el juego completo o ser muy malo jugando y en segundos perdías o se te acababa tu tiempo. Era lo que durabas”, recuerda Manuel.

(Foto referencial) Máquinas de videojuegos arcade. Foto: Home Leisure

Orestes calcula que cada ficha costaba entre 50 céntimos de Nuevo Sol y 2 Nuevos Soles. Era caro para un adolescente de la época. Dos años antes, durante el primer gobierno de Fujimori en 1991, en un intento desesperado por disminuir la inflación generado en el primer gobierno aprista se cambió la moneda de Inti a Nuevo Sol. Pero aquello no afectó en el mediano plazo la cantidad de clientela. Con los años el lugar se fue volviendo más popular. Él iba cuando “todavía estaba en colegio, jugaba con algunos amigos y pasábamos la tarde ahí. Comprábamos las fichas que podíamos”.

Adentro se realizaban competencias improvisadas entre los propios competidores. Ellos se quedaban jugando según su habilidad en el juego. “Yo ponía una ficha y con esa ficha jugaba un juego. Solía jugar el emblemático Street Fighter. Uno podía retar a la máquina, pero de repente venía alguien y me retaba. Si esa persona ganaba se quedaba jugando mi juego”, dice Orestes. Si él encontraba un juego que quería ganar, metía su ficha en el juego de otra persona y lo retaba. Por otro lado Pedro Rivas recuerda que si el combate era bueno, la gente iba y los rodeaba a ambos para ver quién ganaba al final.

Los jóvenes podían quedarse entre tres a cuatro horas jugando en el ‘vicio’, término coloquial al cual llamaban a los locales de máquinas de videojuegos. Según Manuel, la competitividad entre los jóvenes hacía que “mayormente fueran allí porque querían retar a la otra persona. Eso era lo que te hacía bueno”. La gente podía ir desde temprano y quedarse hasta altas horas de la noche jugando. El local abría aproximadamente desde las nueve de la mañana y cerraba a las diez de la noche. Otros preferían no ir al colegio y se tiraban la ‘pera’ ahí.

Era el lugar preferido de todos los jóvenes limeños de clase media alta aunque también iban jóvenes de sectores populares pero tenían que ahorrar porque era más caro que los locales de otros barrios. Orestes vivía en el Centro de Lima y tomaba un bus que lo llevaba por la Vía Expresa y lo dejaba cerca al lugar. “Era como una moda. En esa época a los chicos que les gustaba los lugares de diversión y videojuegos tenían que al menos conocer ese lugar”, dice.

El fin del Bam Bam

En 1990 salió al mercado  el Super Nintendo, videojuego de consola portátil. Con el pasar de los años se fue popularizando y bajó de precio. Esto permitió que varios jóvenes limeños lo compraran y lo utilizaran en la comodidad de su hogar. “No se tenía que ir tan lejos, no se gastaba tanta plata y lo podías utilizar todo el día [el Super Nintendo]. También te lo podían alquilar si pagabas dos o cinco soles”, cuenta Manuel Orestes. Con el pasar de los años la gente dejó de ir a los locales de pinball y arcade, lo que ocasionó que varios de ellos cerraran.  

El Bam Bam a pesar de ser el más popular de todos, también cerró en el año 2004. En el 2001 Martínez estuvo al mando de una comunidad de fans del juego de baile Dance Revolution. Gracias a ello conoció al dueño del Bam Bam, trabajó con él e hizo reuniones de fanáticos del juego en su local. Él comenta que el dueño del local mudó su negocio a un lugar mucho más pequeño que el anterior ubicado al costado del Metro de la calle Shell, en Miraflores. No tenía muchos equipos, ya que los demás se los llevó a Cayma, Arequipa y abrió allá un local con el nombre Mundo de Fantasía.

“Este cambio de local era por el hecho que había poca gente. En ese entonces ya existían las consolas de videojuegos. La gente ya no iba tanto a los arcade. Si ya no iba gente, se reduce la demanda”, dice Enrique Martínez. En el 2001, Martínez trabajó con el dueño del Bam Bam, se dedicó a realizar eventos y llevar fanáticos de videojuegos, pero la gente ya no iba como antes al lugar.

Además, a inicios del año 2000 los videojuegos en computadora se hicieron muy populares. Las cabinas de computadoras reemplazaron a los locales de arcade. Hasta el día de hoy siguen siendo las computadoras las preferidas para jugar videojuegos como Dota o hacer torneos. Actualmente, el local del Bam Bam es una galería de tiendas de artesanías que tiene como nombre Kaypi Artesanías.  

 

Foto actual del lugar donde estaba el Bam Bam. Ahora es la galería Kaypi Artesanías. Foto: Pasó en Lima