26/06/2018

Luego de once días, terminó el Mundial para Perú. Una experiencia intensa y motivo de esta columna de opinión.

 

Por Jaime Valderrama

Terminamos nuestra participación en Rusia 2018 con un triunfo. Uno que no tuvimos ni en el último Mundial jugado (España 82) y que llegó luego de 40 años. Guerrero y Carrillo nos permitieron gritar gol no una sino dos veces. Tras el pitazo final, tanto la afición como los jugadores celebraron esta victoria en el Estadio Olímpico de Sochi. Todos menos Cueva, quien no pudo contener las lágrimas, al recordar, seguramente, el penal fallado. Y es que aunque la victoria era un fin común, para cada jugador este partido tenía un sentido especial.

Para Cueva, quizá significaba la última oportunidad de anotar y borrar aquel episodio. Para Guerrero, era tal vez la última ocasión para agradecer con un gol el apoyo de la hinchada en los últimos meses y de devolver el gesto que Jefferson Farfán tuvo con él al marcar ante Nueva Zelanda en Lima. Al término de los 90 minutos vimos al capitán declarando a la prensa, con la camiseta de su amigo.

Se ganó, pero no fue suficiente. El llegar a la tercera fecha sin posibilidades de clasificar a la siguiente fase ha sido el escenario perfecto para que algunos personajes del fútbol local den “cátedra” de sus conocimientos, sin tomar en cuenta los obstáculos que tuvo que sortear nuestra selección en la etapa de clasificación y el excelente trabajo realizado por Ricardo Gareca durante toda su etapa como técnico del equipo.

Muchos olvidan que hace poco más de año y medio estábamos en el octavo puesto de las Eliminatorias, muy lejos siquiera del repechaje. En aquel tiempo, ya se pedía el despido del técnico argentino. Pero Gareca hizo lo que muchos entrenadores que pasaron por esta selección no se atrevieron a hacer: dejar en claro quién manda en el equipo. Gracias a ello, se formó un grupo sólido, que juega muy bien, que cree en su técnico y que se planta ante cualquier equipo del mundo. Esa convicción nos permitió llegar a Rusia.

Debemos reconocer que no tenemos un equipo de estrellas, pero sí de obreros que trabajan juntos para un mismo objetivo. Un equipo muy joven que tuvo en los hombros una mochila con el peso de 36 años sin llegar a un Mundial. En estas tres fechas, la selección propuso un juego, fue protagonista y siempre buscó el arco contrario.

A pesar de tener a los mejores jugadores del mundo, en selecciones como Portugal o Francia no se observa un desarrollo colectivo ni un trabajo del técnico para con los jugadores; sin una estrategia de juego definido, dependen de sus individualidades. La jerarquía de los delanteros que nos anotaron en los dos primeros partidos no se puede negar, pero como conjunto no mostraron un juego notable. Es por eso que queda la bronca y el fastidio de que pudimos obtener mejores resultados. Sin embargo, nada puede hacerse ya.

Muchos hablan de un Mundial como si se tratara de un campeonato cualquiera. Tanto los jugadores como el técnico debieron sentir una presión enorme al momento de tomar cada decisión en un torneo corto con los mejores del mundo y donde un solo error podía dejarte fuera del torneo. Lamentablemente esto último nos pasó, pero tengo la convicción de que hemos aprendido, y mucho.

Espero que este buen momento de la selección sea un punto de inicio para atacar la crisis del fútbol peruano. Diferentes periodistas deportivos aciertan en decir que la selección es una isla, que no padece los miles de problemas que tiene este deporte en el Perú. Canchas en mal estado, un trabajo pobre en formación de menores, campeonatos poco competitivos, equipos con deudas millonarias, y demás cosas que hay que mejorar. Aprovechemos este buen momento para cambiar aquello.

Al mirar en perspectiva, está claro que aún tenemos muchos retos que cumplir a corto y mediano plazo. Primero, fortalecer al equipo e ir buscando el recambio para los jugadores más experimentados. Luego, tener una buena participación en la Copa América del próximo año, donde debemos consolidar este nuevo equipo de cara al Mundial Qatar 2022. Y finalmente: hacernos fuertes de local. La historia de las eliminatorias nos ha enseñado que una selección que no pierde de local tiene grandes chances de clasificar directamente al Mundial.

Este nuevo proceso debe ser comandado por Gareca. Uno de los pocos que confió en el talento del jugador peruano y que tuvo la valentía de dejar de lado a las vacas sagradas del grupo para llegar al objetivo. Se sabe que el sueño del ‘Tigre’ Gareca está en su tierra natal, pero este equipo y esta hinchada necesita de su presencia. Por eso, Ricardo, un país entero te pide que te quedes, porque le has vuelto a dar vida a una selección que estaba en el hoyo y que no encontraba el camino correcto.

Hoy el hincha peruano está feliz. Atrás quedaron los fracasos de las eliminatorias pasadas. Hoy en Rusia morimos de pie. Nos vamos con la certeza de que hay que corregir muchas cosas, pero sabiendo que podemos enfrentar a cualquier selección del mundo y que estamos para competir en el más alto nivel.

Amé, amo y amaré a mi selección. Siempre estaremos contigo, blanquirroja, la que une los colores más hermosos del mundo. La que siempre estará en nuestro corazón y memoria.