Al cabo de dos semanas de levantado el confinamiento, conversamos con Lucas de la Cruz, coordinador de comunicaciones de Lima Cómo Vamos, sobre los principales retos que el sistema de transporte presenta para adaptarnos a la llamada ‘nueva normalidad’.  

La lucha contra el coronavirus se ha encontrado con trabas originadas en las carencias de nuestro precario sistema de salud, la informalidad extendida por medio país y los errores del gobierno cometidos sobre la marcha. Sin embargo, poco se ha hablado sobre cómo el sistema de transporte de Lima, la ciudad con mayor número de contagios, es también un factor que impide contener la propagación de los contagios de COVID-19.

Lima Cómo Vamos es un observatorio especializado en el desarrollo urbano y la calidad de vida de los habitantes de la capital, dos aspectos claves en medio de la emergencia sanitaria que vive el país. Mariana Alegre, su directora, ha escrito recientemente artículos sobre los lastres que impiden una política de lucha más eficaz contra la pandemia. Sobre estos temas Lucas de la Cruz, coordinador de comunicaciones de Lima Cómo Vamos, conversó con Somos Periodismo PUCP.

1. Un transporte público informal y sin control

Las primeras imágenes que aparecieron en los medios cuando se levantó la cuarentena obligatoria fueron las de los buses y combis repletos de pasajeros. Era un notorio contraste entre la realidad y lo que el presidente Martín Vizcarra había asegurado el pasado 30 de junio, cuando prometió que su gobierno iba a controlar de manera estricta el aforo de estos vehículos de transporte público.

Combi llena de pasajeros en El Agustino en julio de este año. FOTO: @pocovicio

Una nota de RPP daba cuenta ese mismo día de cómo la fiscalización no daba resultados: micros y combis paraban en lugares no autorizados para evitar el control que la Autoridad del Transporte Urbano (ATU) había puesto en cada paradero. Si bien hay un avance en la centralización de todas las funciones y atribuciones del transporte en la ATU, esta entidad aún tiene muchos defectos en su labor de fiscalización. “Lima es una ciudad muy grande. Los distintos modos de transporte son difíciles de supervisar y eso nos lleva a replantear el modelo de la ciudad”, afirma De la Cruz.

Una posible solución a este problema es la entrega de un subsidio a los transportistas para que cumplan con limitar el número de pasajeros en sus unidades. “El subsidio debiera ser un garante para la ciudad, que nos dé la seguridad de estar en un vehículo que cumple los protocolos en cuanto aforo”, explica el coordinador de Comunicación de Lima Cómo Vamos. Para él, el subsidio tiene que ir de la mano con un compromiso por parte de los transportistas. En la víspera del fin de la cuarentena, el Presidente Vizcarra prometió que se iba a dar el subsidio. La medida fue confirmada por el ATU el 1 de julio. “Ojalá que no sea demasiado tarde para atender esta demanda que es parte de la reforma del transporte, una medida que lleva décadas de ser prometida pero que hasta hoy no ha sido atendida como se debe”, opina De la Cruz.

2. Un sistema de transporte integrado pero insuficiente

Señalar que hay un exceso de pasajeros en las combis o microbuses no implica culpar al público. “Nuestra demanda de transporte público rápido supera con creces la oferta del mercado formal y es por ello que aparece una oferta informal”, explica De la Cruz. Muchas veces el transporte informal es el único al que pueden acceder muchas personas dado que servicios como el Metropolitano, el Metro o los Corredores Complementarios no cubren todas las zonas de Lima.

Pero el problema de la cobertura del sistema integrado de transporte no se limita a que no llega a muchos puntos de la ciudad, sino que también tiene problemas de fluidez. “En el Metropolitano o en los corredores hay tramos donde falta un buen diseño vial, por lo que el servicio no llega de manera fluida”, explica De la Cruz.

El coordinador de comunicaciones de Lima Cómo Vamos considera que este problema se relaciona estrechamente con la desigualdad socioeconómica de la ciudad. En distritos como Puente Piedra, afirma, hay mucha más demanda de transporte público y el servicio no se adapta a las necesidades de sus habitantes.

Esta información se puede corroborar en las largas colas que ha tenido estos últimos días el servicio del Metro de Lima en la Estación Bayóvar del distrito de San Juan de Lurigancho. Como se redujo el aforo a 50% en cada tren para garantizar una distancia prudente entre pasajeros, la gente ha tenido que hacer colas que se extienden en las cuadras alrededor de la estación. “Una solución importante es aumentar la oferta del servicio”, señala De la Cruz.

Colas registradas en la Estación “Bayóvar” del Metro de Lima el día 6 de julio. FOTO: Captura de Panamericana Televisión.

3. La bicicleta, una solución ignorada

Según una encuesta exploratoria de Lima Cómo Vamos y Despierta Lima, un 32% de la población de Lima estaría dispuesta a usar bicicleta luego de la cuarentena. Este medio de transporte parece ser uno de los más eficaces y seguros para poder satisfacer las necesidades de movilización en la ciudad. Pero hay una serie de limitaciones.

Un hilo en Twitter de @davidsoda13 del 11 de julio explicaba las muchas dificultades que encontró para transitar en bicicleta de San Miguel a Miraflores: veredas estrechas, ciclovías con huecos, falta de señalización, falta de iluminación, piso resbaloso, etc. De la Cruz considera que la ciudad ha sido modelada a través de políticas públicas que no dan espacio ni seguridad a medios de transporte como la bicicleta.

Fragmento del hilo de @davidsoda13 donde muestra algunas fallas en las ciclovías.

Para el coordinador de comunicaciones de Lima Cómo Vamos, se debe invertir más en la construcción de ciclovías. “Todas estas iniciativas no se deberían entender como una moda, sino como una verdadera visión de ciudad, se requiere una mayor espalda financiera para construir más ciclovías, tener un mejor diseño de las veredas, reducir la velocidad de los vehículos para combatir los siniestros”, señala.

Cabe resaltar que no todos pueden optar por una bicicleta, y no solo se debe a cuestiones de edad o de movilidad limitada. De la Cruz sostiene que muchos de los servicios esenciales se han concentrado en los puntos más privilegiados de una ciudad que continúa extendiéndose en sus periferias. En Lima, hay personas que residen muy lejos de sus lugares de estudio y trabajo. No todos pueden usar únicamente la bicicleta para llegar a sus destinos.

4. Un sistema autocentrista

El problema de la falta de vías para el ciclismo va de la mano con otro más: una ciudad que ha priorizado al automóvil como medio de transporte. “El principal problema es que se ha diseñado Lima en base al automóvil. La velocidad que se la da en ciertas vías deja en condiciones de extrema vulnerabilidad al peatón y al ciclista”, advierte De la Cruz.

Una de las expresiones más claras de este sistema exclusivista son las autopistas. En estas los puentes peatonales (a los cuales llama puentes “antipeatonales”) están pensados para que el peatón no estorbe al automóvil. Quien camina tiene que hacer demasiados esfuerzos para cruzar estas vías y, por ende, no se fomenta dicha forma de movilidad.

En esta coyuntura, el uso del automóvil ha favorecido sólo a una pequeña parte de la población. “Hay una desigualdad evidente en la adquisición de este medio”, señala el entrevistado. La mayoría de las personas que tienen que salir de sus casas día a día para generar ingresos mayormente se movilizan en el transporte público. Y ahí se vuelve al problema inicial. Ante este panorama, Lima Cómo Vamos sugiere un sistema de movilidad multimodal, donde distintos medios de transporte se complementen bien. Este sistema se basaría en múltiples conexiones: debería ser el resultado de la combinación de varias formas de movilización (como caminar, ir en corredor, ir en bicicleta, ir en el Metro de Lima, etc.) en un solo trayecto a determinado sitio.