Periodista con 31 años de experiencia y fundador de la Unidad de Investigación del diario La República, ahora incursiona con éxito en el periodismo narrativo. En 2015 publicó un perfil del asesino senderista Félix Huachaca Tincopa en Los malos, la antología de crónicas sobre criminales latinoamericanos editada por Leila Guerriero. Tras haber investigado expedientes por más de un año, viajado a tres provincias y entrevistado a 105 fuentes, en esta entrevista Ángel Páez da detalles sobre el proceso de investigación que siguió para escribir este perfil y lo que implicó trabajar con una de las mejores cronistas y editoras de habla hispana.

 

Tras la publicación de Los malditos (perfiles de 17 poetas y escritores latinoamericanos), el siguiente proyecto de Leila Guerriero fue Los malos. En esta antología reúne algo más que perfiles. Son historias de asesinos, caníbales, torturadores y violadores con una convicción indescriptible en su inclinación por la maldad y una inexistente muestra de arrepentimiento en sus acciones.

En un inicio Leila quería un perfil sobre Abimael Guzmán. Sin embargo, cuando llamó a Páez para plantearle la historia del líder de Sendero Luminoso, él le propuso a cambio escribir sobre un sanguinario senderista que asesinó con absoluta frialdad a 66 personas y lo confesó sin el menor remordimiento durante su juicio. Se trataba de Félix Huachaca Tincopa.

Relatar su vida significó atravesar todas las etapas del terrorismo en el Perú. Desde la consolidación de Sendero Luminoso en la región central del país en los años ochenta hasta la reactivación del VRAEM (Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro) por los hermanos Quispe Palomino.

Páez venía investigando a Tincopa desde hacía un año como parte de un libro sobre las dos caras del conflicto armado que espera publicar pronto. A la periodista argentina le atrajo el personaje y decidió incluirlo en la antología que se ha convertido en un éxito de ventas en América Latina.

 

Cuando Leila lo contactó, ¿ya había empezado a  recopilar información sobre Félix Huachaca Tincopa?

Venía trabajando en el tema desde hacía un año como parte de un proyecto que tengo. Pienso publicar un libro llamado Seriales, el cual muestra ambas partes de la guerra interna. Una historia es sobre un agente del servicio de inteligencia y sus crímenes durante el conflicto armado y la otra es sobre Félix Huachaca Tincopa.

¿Por qué eligió escribir sobre este personaje?

En un inicio Leila quería que escriba sobre Abimael Guzmán pero yo le propuse a Huachaca Tincopa porque era totalmente distinto al resto de senderistas. Él fue capturado hace cinco o seis años. Cuando leí las declaraciones en su expediente me sorprendió cómo contaba los detalles de sus crímenes. Además, este individuo ha atravesado todas las etapas del terrorismo en el Perú. Desde la época de Abimael hasta la senderización del VRAEM por los hermanos Quispe Palomino. Y a diferencia de cualquier otro senderista, que tiene como regla de oro no hablar sobre su organización, Huachaca no tuvo ningún reparo en contarlo todo durante su juicio.

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¿Cuál fue la mayor dificultad para investigar a Huachaca Tincopa?

Que el caso aún no está cerrado. La vida de este personaje cruza toda la historia de Sendero. Sobrevivió a esta perversa guerra y cometió crímenes horribles. Como no podía entrevistarlo, tuve que recrear al personaje a partir de testimonios de quienes lo conocieron y quienes fueron afectados por él. Busqué primero a las fuentes más cercanas, a los policías que lo detuvieron y luego una fuente me llevaba a otra, y así sucesivamente. Llegué a entrevistar 105 fuentes. Además leí todo el expediente de su caso donde estaban sus declaraciones. El trabajo de investigación a profundidad es fundamental para un buen texto.

¿Cómo empezó a investigar sobre Sendero?

Hago la cobertura de Sendero desde que llegué a La República, pero además conozco a los senderistas porque en los años setenta participé en el movimiento estudiantil contra la dictadura de Morales Bermúdez. Antes de iniciar la lucha armada, Sendero iba a las universidades y la gente los trataba como a locos que hablaban tonterías hasta que cumplieron sus amenazas. Como periodista hice varias coberturas extremas y de muerte. En 1989 al reportero gráfico Virgilio Grajeda y a mí nos secuestraron dentro de la Universidad Nacional del Centro. Si no hubiera sido por la intervención de los estudiantes, nos mataban.

Pese a la distancia, ¿qué tanto influyó en el resultado final de su texto la edición de Leila Guerriero?

Habló conmigo permanentemente. Me hacía sugerencias. Me aconsejaba con quienes hablar. Me explicaba mis puntos débiles. Ella es una excelente editora. Muy tenaz, muy extenuante. Repreguntaba todo el tiempo y me pedía información de todo tipo. Le di nombres de fuentes y le contaba mis avances en materia de investigación. Ha sido una experiencia muy estimulante trabajar con ella.

¿Siempre le ha interesado el periodismo narrativo?

Mi proyecto original era dedicarme a la literatura de ficción. Aunque desde pequeño tengo también interés por el periodismo. Durante la secundaria tuve a mi cargo un periódico. Cuando yo era estudiante en San Marcos, el profesor César Lévano me invitó a trabajar en La República. De frente entré a trabajar en el suplemento Domingo. Empecé a redactar crónicas. Él consideró que yo ya tenía la mano suelta y podía hacer trabajos periodísticos de este tipo.

¿Cómo se involucró con el periodismo de investigación?

Siempre he tenido una curiosidad adicional, una tendencia a la persistencia. Siempre excavar más, buscar más datos. No me bastaba con que me dieran una comisión periodística, sino que me gustaba seguir investigando sobre el tema. En 1988 tuve la suerte de obtener una beca en la Universidad de Arizona donde conocí a dos reporteros de investigación, ganadores del premio Pulitzer, que me hablaron del periodismo de investigación y todo lo que implicaba. Nos contaron sobre un periodista del diario Arizona Republic, Dan Bolles, que fue asesinado a fines de los setenta durante una investigación. A raíz de ese trabajo se organizó el Proyecto Arizona que consistió en la participación de más de 50 periodistas de distintos estados que dieron su tiempo y esfuerzo para investigar este crimen. Finalmente lograron identificar a los autores intelectuales del hecho y fueron puestos a disposición de la justicia. Evidentemente, después de esta experiencia regresé entusiasmado y planteé la idea de formar la Unidad de Investigación de La República. Es algo que me sigue apasionando, pero no significa que me haya desligado por completo de la literatura.

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Ángel Páez confiesa que su pasión por la investigación periodística le ganó a la literatura. Aunque le interesa tanto la ficción como la no ficción, no niega que esta última lo sorprende cada vez más. Luego del proceso electoral intentará darse un tiempo para continuar con su libro Seriales.  “Teniendo en cuenta toda mi experiencia en el periodismo creo que tengo un buen material para comenzar”, concluye.