A dos meses del asesinato de George Floyd, un crimen que desató la indignación global y masivos movimientos de protesta, Ana Lucía Mosquera, comunicadora, académica y activista afroperuana, explica por qué en el Perú la lucha contra el racismo es una bandera que debe ser empuñada por todos.

Por Valeria Delgado

¿Qué representa un iceberg? Solo podemos verlo sobre la superficie del mar sereno. Parece un pedazo de hielo brillante flotando tranquilamente sin que nada lo moleste. Pero, este esconde una parte debajo que permite que exista sin ser arrastrado. Esa base, esa “raíz”, sólo puede verse si nos sumergimos en el mar. Pero, ¿quién querría hacerlo? El agua con seguridad está helada y, además, es mucho esfuerzo para ver algo que aparentemente no nos afecta.

Ana Lucía escoge esa analogía para referirse al racismo en el Perú. Solo vemos los problemas de la superficie: los estereotipos, los prejuicios y las burlas. Si no vemos a una persona siendo directamente afectada por el racismo, somos capaces de asumir que no existe. Si no vemos a alguien siendo brutalmente maltratado por policías sin razón aparente más allá de su color de piel, somos capaces de ignorarlo. Olvidamos con mucha facilidad a ese racismo que llegó con la esclavitud y se adhirió a nuestras estructuras mentales por siglos.

—¿Por qué las prácticas racistas contra la población afroperuana son minimizadas en el Perú?

—Creo que el racismo en general en el Perú está normalizado. Lo justificamos mucho; es visto como parte de lo tradicional, de lo normal. Por lo tanto, no podemos identificarlo de manera clara. En algunos casos, se piensa que la población afroperuana es la menos afectada por el racismo, pero creo que las cifras y los índices de desarrollo de población afroperuana demuestran que también sufren un racismo estructural que la afecta a niveles críticos.

—¿Son los estereotipos el único problema?

—Los estereotipos no son el único problema, definitivamente. Los estereotipos son una manera en la que se manifiesta el racismo. El problema central tiene que ver con lo normalizado e institucionalizado que está, y lo mucho que genera las desigualdades que afectan principalmente a poblaciones indígenas y afroperuanas. Los estereotipos son lo más visible, como la punta visible de un iceberg, que tiene unas raíces mucho más profundas que hay que combatir.

—¿Consideras que en los últimos años la situación ha cambiado en cuanto al racismo con las personas afroperuanas?

—Creo que el racismo no se ha detenido, ha permeado. Es decir, ha tomado otras formas para manifestarse. Ha habido una modificación de conductas, una transformación del lenguaje a través del cual se reproduce el racismo. Pero las estructuras que pueden perpetuar desigualdades históricas no se han modificado, por lo tanto, no ha habido una mejora en las condiciones que afectan a la población afroperuana, a la población indígena. En este tema por ejemplo podemos ver cómo mucha gente asume que el racismo es sutil; y como no es explícito, no existe. El asunto es que el racismo sí existe, lo que pasa es que, como toma maneras más estratégicas de comunicarse y presentarse, es mucho más difícil ‘desmenuzarlo’. El hecho de que el racismo sea más sutil ahora lo hace más difícil de identificar y de combatir.

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Ana Lucía Mosquera tiene 29 años y es licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres. Ella ahora vive en Lima, donde organiza su tiempo entre ser docente y manejar sus redes sociales. Pero, por tres años, desde el 2016, estudió dos maestrías mientras vivía en Estados Unidos. La primera fue una maestría en Estudios latinoamericanos y del Caribe; y la segunda, en Estudios africanos. Ambas las obtuvo de la University of South Florida (Universidad del Sur de Florida).

Ella también le ha dedicado años de estudio a investigar sobre la representación de la población afroperuana en los medios de comunicación. En ese proceso llegó a tres conclusiones fundamentales. Uno, la población afroperuana tiene escasa o ninguna representación en los medios de comunicación en general. Estos espacios conservan y siguen alimentando el ideal de belleza anglosajón. Entonces pretenden mostrar una población más blanca de la que en realidad tenemos. Dos, cuando sí se ven personajes afrodescendientes en producciones audiovisuales, la mayoría está sujeta a estereotipos negativos. Son convertidos en “los que viven en barrios peligrosos”, los que cometen actos delincuenciales o los que tienen menos capacidad intelectual. Es decir, siempre son mostrados como prescindibles o inferiores. Y, tres, los programas de entretenimiento son los lugares donde la exposición de personas afroperuanas llega a un extremo. En lugares como este, personajes como «El Negro Mama» son objetos de burla para el deleite de las teleaudiencias.

Ana Lucía presentó su investigación en una conferencia de estudios sobre la comunidad afrolatinoamericana en la Universidad de Harvard (2017). Foto: Instagram personal.

—¿Cuándo empezó tu interés por investigar la representación de la comunidad afroperuana en los medios de comunicación?

—Empezó cuando estaba en la universidad. Al principio, como yo me formé en relaciones públicas, quería pensar el tema de la representación como un tema asociado a la responsabilidad social de los medios de comunicación. Eso no prosperó, claramente, porque en ese tiempo no había ningún tipo de investigación desarrollada en el Perú sobre esos temas de manera formal y en el campo académico. Pero sí me generó esa necesidad de saber cuál era el deber que tenían los medios en cuanto a la diversidad.

—Háblanos de tu experiencia como una mujer afroperuana en el Perú.

—Ha sido una experiencia compleja. Si pudiera resumir mi experiencia como una mujer afroperuana diría que ha sido… es una experiencia de habitar un cuerpo que no es considerado como un “cuerpo normal”, como un “cuerpo estándar”, un cuerpo validado socialmente con todo lo que ello supone. (Es) enfrentarse a muchísimos estereotipos, prejuicios; ser una persona que resalta en los espacios porque, digamos, la población afroperuana no habita muchos espacios que habito yo. Es una existencia de muchísimo cuestionamiento, pero también de muchísima resistencia de mi parte, debido a las cosas que he aprendido.

Ana Lucía maneja una cuenta de Instagram con más de 7 mil seguidores. En ella comparte información sobre racismo, afrofeminismo y la necesidad de una mayor representación en los medios de comunicación. Participa en conversatorios y talleres; ahora, debido a la pandemia, lo hace por medio de Zoom. También organiza transmisiones en vivo para conversar con se de sus redes sociales con el propósito de compartir conocimientos y experiencias.

En su perfil ella se describe así: “Comunicadora, académica, docente y activista afroperuana”. Es Jefa de Práctica del Departamento Académico de Comunicaciones en la Pontificia Universidad Católica del Perú y enseña en el curso de Métodos y técnicas de investigación 2. Además, es docente del curso de Metodología de la investigación para comunicaciones y Seminario de Tesis en la Universidad de San Martín de Porres.

Con clases virtuales, sus horarios académicos o los que dedica al activismo son más demandantes. Sobre todo, en los últimos dos meses, debido a que el debate sobre el racismo ha crecido exponencialmente después del asesinato del afroamericano George Floyd. Bueno, mejor tarde que nunca, ¿no?

Ana Lucía en un foro organizado por Sala de Parto en el ICPNA junto al elenco de la obra teatral Sadhaka. Foto: Instagram personal.

En una conferencia de prensa el 15 de julio la familia de George Floyd comunicó que demandaban a la ciudad de Mineápolis. Un abogado de la familia, Ben Crump, mencionó que la ciudad ya tiene una historia de policías y procedimientos indiferentes al mal trato de los detenidos, especialmente con hombres afroamericanos. Esta demanda buscaría sancionar financieramente la brutalidad policial.

La demanda también incluye a los cuatro agentes policiales involucrados en su asesinato: Thomas Lane, J.A. Keung, Tou Thao y Derek Chauvin. Este último es quien mantuvo su rodilla sobre el cuello de Floyd por 8 minutos y 46 segundos, provocando su muerte el 25 de mayo. ¿El supuesto delito? Pagar una caja de cigarrillos con un billete falso de 20 dólares. Una transcripción policial demostró que Floyd alertó 20 veces a los oficiales que no podía respirar.

—El asesinato de George Floyd movilizó a miles de personas alrededor del mundo, entonces, ¿sería correcto decir que el movimiento Black Lives Matter engloba mucho más que la brutalidad policial con la comunidad afrodescendiente?

—El movimiento de Black Lives Matter tiene muchísimo más que ver con la estructura que genera los asesinatos que con los asesinatos en sí mismos. Cuando vemos el racismo vemos el racismo como un iceberg. Vemos la puntita del iceberg, pero no vemos lo que está debajo. Si bien es cierto que el movimiento BLM empezó para cuestionar y protestar acerca de los asesinatos de personas afroamericanas, lo que ha pasado es que ha llamado a una posición mucho más crítica que dice: “Okey, el asesinato pasa porque existe una condición sistemática que lo genera y contra esa condición es que nosotros protestamos”. Porque definitivamente el racismo afecta la calidad de vida, no solamente la manera en la que la gente muere, sino la manera en la que la gente vive. Y las personas afroperuanas no viven como deberían vivir a causa del racismo.

Infografía

Una encuesta de 2014 da cuenta de los perjuicios del racismo que denuncia Ana Lucía. El estudio evidencia los bajos índices de desarrollo de la población afroperuana. Infografía: Valeria Delgado.