Vistió los colores de la selección peruana por más de una década. Fue campeón nacional en dos oportunidades con Universitario y, además, fue el gestor del tricampeonato de un club que apenas tiene dieciséis años de existencia. Su vida casi siempre ha girado en torno al deporte rey, pero ahora una sanción de cuatro meses le prohíbe participar de cualquier actividad o reunión que organice la Federación Peruana de Fútbol. A menos de 24 horas del reinicio de la Liga 1, el gerente deportivo del Club Deportivo de la Universidad de San Martín de Porres deberá alargar su aislamiento social respecto a la FPF.

Por Arantxa Contreras y Almendra Barrios

“¡Ya estoy harto! ¡Ya estoy harto!”, repetía Álvaro Barco una y otra vez totalmente enfurecido y alterado, levantando sus brazos y gritando airada y desesperadamente al cuerpo arbitral afuera de los vestuarios del estadio Alberto Gallardo. El Torneo Apertura 2020 apenas llevaba tres fechas jugadas, pero la explosión de Barco parecía ser el retrato de dieciséis años de impotencia.

Álvaro Barco Andrade lleva casi un tercio de su vida desempeñándose como gerente deportivo en la USMP. Jugadores, técnicos y hasta presidentes han ido y venido, pero quien siempre ha permanecido ha sido Barco. Su trayectoria con los santos se remonta al 2004: empezando por la agónica consecución de la permanencia en aquel año, celebrando tres títulos nacionales en 2007, 2008 y 2010, así como luchando punto a punto por no descender en las últimas cuatro temporadas.

El fútbol ha acompañado a Barco a lo largo de su existencia. Con un metro ochenta y tres de estatura, cuando jugaba fue defensor central. Vistió en dos etapas la camiseta de Universitario de Deportes en Perú. También jugó por Cobreloa y Palestino en Chile, y Tampico de Maderos en México. Además, formó parte de la selección peruana por más de diez años, en los que participó de la Copa América de 1991 y 1993.

Aunque en 2001 anunció su retiro como jugador, Barco no se alejó del deporte: de inmediato, asumió como gerente deportivo de Universitario. “Me entusiasmaba mantenerme en el fútbol”, señala, convencido de haber seguido a su corazón, pero también a su mente. Barco estudió Administración en Estados Unidos antes de debutar profesionalmente con los cremas, y fue allí donde encontró el gusto por la parte organizativa del deporte.

Barco asegura que el puesto involucra aptitudes diversas. “Hay un poco de todo, depende del equipo, principalmente, pero hay que saber de lo económico, financiero, el marketing y, por supuesto, el aspecto político. Finalmente, todo depende de las metas trazadas por el directorio. Uno siempre tiene la ilusión de la gloria, de llegar a Copas, pero hay que ser conscientes y objetivos”, recalca.

Tras solo dos años en las oficinas de Ate, en 2004 a Barco se le presentó la oportunidad de gestionar el inicio de un club totalmente nuevo: el Club Deportivo de la Universidad de San Martín Porres. Aunque en su primera campaña estuvieron a punto de perder la categoría que recién habían adquirido, en los años siguientes los santos pelearon por los primeros puestos obteniendo el campeonato tres veces en un lapso de cuatro años.

“Fueron años donde la universidad invirtió para poner (a la San Martín) en los primeros lugares, darle jerarquía no solo futbolísticamente, sino también a nivel dirigencial: mostrar que era un proyecto diferente, donde las decisiones son académicas, donde hay respeto hacia el jugador”, explica Barco acerca de los inicios de la institución alba y sobre la política que, hasta ahora, practican en Santa Anita.

A pesar de que los santos, desde 2012, no han vuelto a disputar un torneo internacional, Barco considera que la situación en los últimos años es coherente con lo que el club tenía ya planificado: “esa primera etapa la hemos dejado de lado para que el club sea autosostenible y que puedan potenciarse las divisiones menores, no solo para que aporten al primer equipo, sino también a la selección nacional”, afirma.

Precisamente, a partir del año 2012 los éxitos en categorías menores comenzaron a aflorar: los títulos en la Copa Federación y el Torneo de Promoción y Reservas finalmente llegaron, y sus jugadores empezaron a ser protagonistas en diferentes categorías de la selección peruana. En el Sudamericano Sub-15 2013, en el que Perú se coronó campeón por primera vez en su historia, el máximo goleador del certamen provenía de la San Martín.

“Hemos tenido dirigentes que han estado involucrados en comisiones de fútbol de menores. Nuestro director es Alberto Masías y él ha participado en la Federación. Nos sentimos obligados, por ser uno de los pocos clubes que tiene divisiones menores serias, a aportar en todo sentido. Con la gente que maneja la estructura de menores y de mayores, nosotros tenemos la mejor relación”, asegura Barco.

Seis jugadores que pasaron por la institución santa fueron partícipes de la histórica clasificación al Mundial de Rusia 2018. Christian Cueva y Pedro Gallese, ambos protagonistas de la gesta, se formaron en las divisiones inferiores albas. El primero fue reclutado desde Huamachuco siendo adolescente y el club asumió todos los gastos, no solo deportivos, sino también educativos. Barco y la San Martín entienden que el futbolista necesita una formación integral, pero lamenta que en la FPF no se trabaje el lado humano ni se destine el presupuesto necesario para su desarrollo.

“Políticamente, no compartimos las ideas del directorio ni del presidente. La Federación está tratando de acaparar todos los recursos y todos los derechos de los equipos profesionales y eso no me parece justo. Hoy, la Federación está manejada por el fútbol amateur”, sentencia con firmeza el gerente deportivo santo para marcar distancia con la gestión actual de Lozano, pero también con la de otras instituciones profesionales.

“Competir, interactuar con clubes informales es, por momentos, frustrante. Lamentablemente, la mayoría de los clubes, en cuanto a sus dirigentes, están por una ambición política, no por una verdadera convicción. Lo único que les interesa es ganar el domingo y, políticamente, posesionarse de la Federación. En el fútbol no solo existe la corrupción, sino también el amiguismo”, sostiene Barco con la experiencia de más de quince años intentando sembrar nuevos hábitos para el fútbol peruano.

alvaro barco

El 12 de mayo, la FPF le abrió un proceso disciplinario a Barco por declaraciones que van en contra del artículo 109 del Reglamento de la Liga 1. FOTO: Difusión.

La temporada pasada los santos salvaron la categoría a solo tres fechas del cierre del campeonato y exigiendo puntos en mesa que la Federación desestimó. Este año, la FPF ya anticipó que no serán dos, sino cuatro los equipos que descenderán a la Segunda División. Barco, sin embargo, confía en que la San Martín completará una buena campaña. A pesar de que su sanción le impide participar de las gestiones para la pronta reanudación del torneo, él destaca la prontitud con la que el club trabajó para cumplir con las medidas sanitarias y vencer los casos de contagiados.

La Liga 1 volverá el 7 de agosto y todos los partidos se jugarán sin público y en la capital. No tener que viajar a provincias y evitar los duelos en altura son condiciones que Barco ve como una gran oportunidad para que los santos, siguiendo con su política de dar rodaje a sus jóvenes canteranos y fichando sin gastar más de lo que producen, puedan marcar una importante diferencia en lo que será el fútbol peruano en tiempos de pandemia.