Sus ilustraciones han sonrojado y acaso enfurecido a muchos personajes influyentes y poderosos. Con trazo certero, este arequipeño, hijo del afamado pintor y muralista Teodoro Núñez Ureta, ha logrado descubrir la entraña de quienes toman decisiones en este país, a través del registro de sus gestos más característicos. En las siguientes líneas Alonso Núñez habla de su vocación artística, pero también del quehacer de los seres que retrata cada semana en las páginas del diario El Comercio: políticos signados por el caudillismo, la demagogia y una escasa valoración de la honestidad.

-¿Cuándo decide vivir de su trabajo como dibujante y caricaturista?

-Desde niño me gustaba pintar, dibujar, hacer esculturas. Vi que mi padre sufría para pagar cuentas viviendo del arte; sus cuadros siempre se vendían a bancos, a millonarios y yo no quería eso, así que me rebelé ante eso y preferí democratizar mi labor trabajando en medios de prensa escrita o en agencias de publicidad. Me resisto a convertir el trabajo artístico en un producto más del mercado, es algo elitista que detesto.

-¿Qué es lo que busca retratar?

-Me interesa revelar al monstruo que muchos personajes llevan dentro. Esta es una tarea importante porque hay políticos que están malogrando el país. Tal vez las personas que ven las caricaturas que yo hago puedan encontrar ese diagnóstico de la enfermedad mental que tienen estos personajes. No presumo de psicólogo pero creo que el resultado de trabajar tantos años con el lenguaje gestual, me ha servido de algo. En la observación constante te das cuenta cómo es la persona, cómo camina, cómo habla, cómo se ríe, cómo da la mano. Esas cosas que aparentemente no son importantes a veces revelan mucho.

-¿Cuán importante es la caricatura en la política y la sociedad?

-Es fundamental para la crítica política, resumes en una imagen una situación política importante. Los políticos le tienen pánico a las caricaturas porque sienten que algo muy íntimo y personal, que no quisieran exhibir, quedará al descubierto. Los políticos tienen asesores de imagen que les dicen cómo actuar todo el tiempo. Entonces tengo que verlos en los periódicos, en la televisión. Y hay un momento en que se descuidan y saltan las cosas que realmente tienen. Eso hago, descubrir ese lado no visto que pretenden ocultar.

-¿Qué opinión tiene de El Comercio en cuanto a su estilo de información?

-Siento que están un poco desconectados del país, no creo que estén haciendo un periodismo correcto, bueno, de calle. No veo periodistas así ahora, saliendo a la calle, conectándose con la gente. Son muy de laboratorio. Tienen esa cosa neoliberal metida en las venas, creo que todos los días se hacen una transfusión de libre mercado.

-¿Qué piensa de los candidatos que postulan al 2016?

-Son basura. ¿Quién es Keiko? Es una inmundicia como ser humano. Traicionó a su madre y la dejó abandonada 15 años para ir detrás de la plata, mal habida por supuesto. Es un ser impresentable; sin embargo, hay que ver cómo habla de corrupción y de malos manejos. Alan García ¡ni hablar! Es un asesino, un ladrón, un coimero. Está libre de toda investigación gracias a los corruptos jueces apristas que sembró desde su primer gobierno. Castañeda sale con un 70% de aprobación, un personaje absolutamente repulsivo y miserable. ¿Cómo te explicas eso? Hay un envilecimiento del pueblo. Desde el gobierno de Fujimori, la televisión basura ha ido envileciendo al pueblo. Hay una decadencia, es tremendo lo que está pasando, es una enfermedad social. La historia de la corrupción es antigua en el Perú, pero ahora tenemos más formas de controlarla gracias a los registros que dan evidencia de lo que hace un personaje público. Este tipo de situación me da impotencia, por eso publico algo que creo que va calar hondo en las personas. Además, una encuesta pregunta a la gente: ¿Si usted sabe que tal candidato roba por qué vota por él? Y la gente responde: ‘sí roba pero también hace obras’, ¿qué significa hacer obras para la gente? Poner cemento y cemento por todos lados.

-¿Qué opina de la gestión de Ollanta Humala?

-Es un traidor. Yo nunca creí en él. Me dio mucha pena que gente muy valiosa que conozco lo apoyara así tan generosamente, con toda su trayectoria política como Diez Canseco, Carlos Tapia y mucha gente importante de izquierda, creyendo que algo se podría hacer por fin. Pero lo primero que hizo fue traicionar a su gente y hacer la famosa hoja de ruta que es darles gusto a los empresarios, a la Confiep (Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas), a la Sociedad Nacional de Industrias, en fin, a los que deciden el destino del país.

-¿Cómo retrata a Ollanta Humala?

-A Humala siempre lo retrato disminuido como persona. Es un hombre que al traicionar a su gente se traiciona a sí mismo.

-¿Qué opina del asesinato de los caricaturistas de la revista francesa Charlie Hebdo?

-La intolerancia es uno de los más graves defectos que tiene el ser humano. Pero bueno, mueren estos caricaturistas y se hace una enorme manifestación de cuatro millones de personas protestando por este asesinato horrible. Sin embargo, nadie hizo una manifestación así por la muerte de más de 500 niños en Gaza, una cosa monstruosa, horrible. Y jamás se le ocurrió a nadie hacer una marcha de millones de personas diciendo: ‘no puede ser’. Entonces: ¿cómo entiendes eso? ¿Qué hay detrás de todo eso? No se lee las cosas con el mismo criterio.

 

“A Humala siempre lo retrato disminuido como persona. Es un hombre que al traicionar a su gente se traiciona a sí mismo”.

 

-¿Hasta dónde puede un caricaturista dar un juicio de valor sobre un personaje de otra cultura?

-Uno no se puede burlar de las creencias de nadie.

-Pero un caricaturista tiene un poco más de libertad para decir lo que quiere.

-Sí, claro, porque es ficción. Estás en un espacio en que puedes usar otros recursos para tocar un tema. No estás haciendo un texto serio, sino que estás tomando un tema con alegorías, símbolos, metáforas. Es siempre ficción pero basado en datos reales. Todo lo que es arte es una interpretación, todo lo que hace el artista en realidad es una caricatura.

-¿Cómo han reaccionado las personas aludidas en tus caricaturas?

-Cuando saqué una caricatura para la revocatoria, donde coloqué “Qué tal mancha” junto a todos los personajes que intervinieron en la revocatoria a Susana Villarán. Entre ellos estaba Patricia Juárez recibiendo dinero. Ella protestó, me mandó una carta, le contesté y quedé bien felizmente. También cuando estaba trabajando en la revista Cambio, hice una caricatura de Remigio Morales Bermúdez con la carne podrida que traía de Uruguay con su socio. Hice una caricatura que se llamaba “Arroz con Choros”, que era un arroz muy lindo y dos ‘chorazos’. Me llamaron a las dos de la mañana para amenazarme: “Así que arroz con choros, concha tu madre, ya sé dónde vives”. No sé quién sería pero seguramente fue el Apra, los apristas no son un partido, son una banda de delincuentes.

-¿Por qué trabaja el lenguaje gestual?

-Porque a medida que pasan los años, eso que tienes dentro va construyendo un gesto en tu cara y, por ejemplo, mira lo que es Martha Chávez. Cuando la ves miras a un monstruo, porque es el alma lo que la ha ido construyendo. Cuando habla con tanto cinismo te preguntas ¿cómo puede mentir de esta manera?

-Es algo que está velado a la gente común y que solo el artista puede sacar.

-Ese es justamente el papel del artista. El artista tiene una manera de ver el mundo tan especial, que puede revelar esto a los ojos de los demás. Esto es otra función del arte, ayudar a las personas a ver lo que hay alrededor suyo.