Es bailarina profesional, profesora y coreógrafa. Comenzó a bailar luego de aprender a leer y escribir. El lenguaje corporal es para ella una de las formas más elocuentes de comunicación. Adriana adquirió fama y experiencia cuando solo tenía 16 años. A esa edad se convirtió en campeona mundial de salsa en el World Latin Dance Cup 2012, realizado en Miami. No ha parado desde entonces. Ahora es maestra de salsa y también de bachata. Esta es su historia. 

“Cuando en la radio yo escucho salsa, yo me emociono y hasta me erizo. Y  para encender la fiesta, yo espero el punto preciso. Qué Dios bendiga la salsa porque sin salsa no hay paraíso”. Esta es la letra de una de las canciones de El Gran Combo de Puerto Rico y bien podría describir a cabalidad a Adriana Reyna, una menuda bailarina, de 21 años, que ama la danza, la bachata y,  sobre todo, la salsa.

Pese a su juventud ya tiene una vasta experiencia en el baile. En 2012, cuando apenas tenía 16 años y estaba en quinto de secundaria, se le presentó una oportunidad que ella supo aprovechar. Adriana asistía a DK, la escuela de baile del reconocido coreógrafo Deklan Guzmán. Fue Deklan quien vio un enorme potencial artístico en ella y le propuso ser su pareja de baile para competir en el World Latin Dance Cup 2012, un concurso mundial que se realizaba en Miami, el más importante de esa época. Adriana se sorprendió, sentía que no contaba con la experiencia necesaria, pero igual aceptó el desafío.

Debía competir con parejas de baile de cincuenta países. Cien rivales a los cuales superar en la pista. Solo cinco parejas pasaron a la ronda final. Adriana y  Deklan figuraban entre los afortunados. Competían en la categoría de salsa  pro am (profesional y amateur). Adrianita, como la llamaba el presentador del concurso, fascinó a los espectadores y al jurado con sus movimientos corporales. Su baile final estuvo cargado de sensualidad; no era una profesional pero, con sus pasos bien marcados y sus vueltas limpias, demostró estar a la altura de cualquier campeona.

Las presentaciones terminaron y llegó el momento de anunciar a los triunfadores. Cuando Adriana escuchó su nombre quedó en shock. Deklan tuvo que decirle: “¡Sí, hemos ganado!”, para que ella por fin reaccione.

Adriana y Deklan no solo lograron el primer puesto en la categoría salsa; también en la de bachata, pero en esta última fueron descalificados. Para competir en bachata ambos debían ser profesionales y no haber concursado antes en la categoría pro am de salsa; Adriana lo había hecho. Los organizadores se dieron cuenta y les retiraron el premio. De todas formas la joven bailarina ya había ganado un campeonato mundial y se sentía satisfecha. Cuando bajó del avión que la trajo de vuelta, pensó encontrar solo a sus padres y a la familia de Deklan. Pero el aeropuerto Jorge Chávez estaba repleto de seguidores. Había mucha gente y cámaras esperándolos. No imaginaba un recibimiento tan grande.

Ganar el campeonato le abrió las puertas del mundo de la danza. Hizo giras internacionales: visitó ciudades de Estados Unidos, México y Argentina; se presentó en congresos mundiales de baile, donde solo las mejores parejas del planeta ponen en escena sus  coreografías. “Para mí era algo nuevo porque yo era una niña. Todos eran adultos y todo el mundo quería tomarse fotos conmigo. Yo decía: ‘¡wow!’. En el Perú, lamentablemente, el trabajo de un artista no es valorado como en el extranjero. Quedé asombrada por la forma cómo me trataron”, recuerda Adriana. En Argentina, incluso, los diarios publicaron fotos y reseñas de su actuación. Hasta ahora se arrepiente no haber comprado un ejemplar. Pero quién la puede culpar: era una chica de dieciséis años sorprendida por el relumbrón de la fama.

Ganar el World Latin Dance Cup en 2012 también implicó algunos sacrificios. Todavía estaba en el colegio y debía repartir su tiempo entre los estudios y los extenuantes ensayos de su coreografía. Se quedaba practicando salsa y bachata hasta tarde y luego debía trasnochar haciendo las tareas escolares, tal como le exigían en casa. “Si solamente me dedicaba a ensayar, mis padres me quitaban el baile”. Recuerda que no estuvo en la fiesta de promoción de su colegio. No aparece en esa foto del recuerdo que se vuelve ‘histórica’ en la vida de muchos: mientras  sus amigos estaban festejando en Lima, ella concursaba en Miami. Tampoco se arrepiente de aquella decisión: “Esa competencia en Miami me abrió muchas puertas. Bailar es la pasión más grande de mi vida”. Esta es una frase que repetirá a lo largo de esta entrevista.

A lo largo de su carrera como bailarina profesional, Adriana ha participado en tres concursos internacionales y seis nacionales, en categorías como bachata, salsa, solista profesional, grupal bachata y salsa ladys.  En 2013 volvió a concursar en el Word Latin Dance Cup en la categoría bachata.  A Lima regresó como subcampeona. Este año viajó a México para participar en el Eurosón Latino 2017. Y otra vez logró el subcampeonato.

Pero, ¿cómo llegó Adriana al mundo del baile? Fue Fiorella, su madre,  quien la motivó. Ella quería que su hija practique un deporte. Empezó a buscar una opción y en el camino se encontró con la escuela de Deklan. “Si no fuera por mi mami, mi vida sería diferente, no sería tan divertida”, reflexiona Adriana. Por unos segundos se queda pensando y luego agrega: “Cada vez que yo tenía ensayo, ella hacía todo lo posible para que mi papá me compre ropa nueva. Quería que yo vaya linda. Cuando iba a bailar a los canales de televisión, ella siempre estaba conmigo”.

Fiorella, su mamá, falleció de cáncer en 2015. Fue un golpe emocional muy duro.  Adriana continuó con el baile, aunque de forma esporádica,  no con la misma intensidad de antes. “No era fácil saber que el motivo y la razón que me incitaban a bailar ya no estaba conmigo, fue súper difícil enfrentar ese momento”. Volver a los ensayos tardó un tiempo, no lo hubiese logrado sin el apoyo de su enamorado y de su familia.

Fue en febrero de este año cuando por fin se animó a retomar el baile. Empezó con un proyecto que le “devolvió la luz”: una miniescuela en la discoteca Bachata Club. Allí dicta clases de salsa y bachata los lunes, miércoles y viernes, de ocho a diez de la noche. Los jueves se abren las puertas solo para que alumnos y profesores disfruten de atractivas coreografías.

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Adriana empezó a dictar clases a los quince años, cuando estaba en DK, bajo la supervisión de Deklan. Luego de ganar el campeonato mundial de baile ya no necesitaba de un guía para compartir lo que más le gusta hacer en la vida.  En Bachata Club instruye a personas mayores que ella. Pero la edad no es obstáculo para reír con ellos y disfrutar mientras enseña los pasos característicos de la salsa. “Enseñar es algo lindo, aprendo muchos valores. A mí encanta”, confiesa. Ahora ella también es maestra de bailarines profesionales en la escuela de Deklan. Y nunca llega tarde. Incluso puede molestarse si sus alumnos no están a la hora pactada. Es que Adriana odia la impuntualidad. Si le dicen que debe estar a las seis para que dicte clases, ella llega media hora antes para preparar su sesión.

Adriana Reyna. FOTO: EnfocArte Studio por Carlos Paz Ruiz.

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Otro de los momentos emotivos de su carrera fue ser jurado de baile, pero no de cualquier campeonato; se trataba de las eliminatorias del World Salsa Summit 2017. Su experiencia y sus logros le permitieron compartir la mesa de jueces con Deklan Guzmán y Natalia Villanueva, ambos campeones mundiales de salsa. Para Adriana fue  un privilegio trabajar con ellos.

Resulta paradójico que a esta bailarina profesional no le guste bailar mucho en las fiestas; es un poco tímida. Le gusta pasar desapercibida. Pero si de pronto suena la canción ‘Sin salsa no hay paraíso’, no hay quien la detenga. Se adueña del escenario. Se convierte en el centro de la reunión. Es su tema favorito y canta la letra a todo pulmón, como si fuera un himno o una oración sagrada.  “Señores, yo soy salsero”, arranca; y sigue: “Para salsero mi Dios me quiso”. Y es verdad. Dios quiso que Adriana sea salsera. “En todos lados estoy con esa canción. A mí me encanta, te juro que me encanta. A todos mis amigos ya los tengo hartos porque a cada rato se las hago escuchar”, dice Adriana con esa sonrisa que le ilumina el rostro.

Aunque está enamorada del baile, el próximo año desea estudiar derecho. También quiere seguir con su proyecto de Bachata Club. Espera que se matriculen más alumnos, que la discoteca se haga conocida, que se amplíen los salones para que más gente practique y todos disfruten bailando bachata. Va a seguir enseñando y lo más seguro es que concurse en campeonatos internacionales. Y es que si algo quiere hacer por el resto de la vida es bailar y nunca dejar de hacerlo porque… sin salsa no hay paraíso.

Sobre El Autor

Sebastián Velásquez

Interesado en la política peruana y en temas internacionales. Mariachi en proceso y amante del wrestling.

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